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| 5/23/1988 12:00:00 AM

VENGANZA EN TUNEZ

El asesinato de Abu Jihad empaña la celebración de los 40 años de Israel

El aniversario se celebró con todas las de la ley: fuegos artificiales, izadas de bandera y desfiles militares. Sin embargo, a pesar del ambiente festivo, lo cierto es que el ánimo no fue el mismo de siempre. Por eso, nadie se sintió realmente a gusto la semana pasada cuando con ocasión del aniversario número 40 de la creación del Estado judío, varios millones de israelíes conmemoraron una fecha que en otra epocá unía firmemente a los habitantes de la tierra prometida.
El problema en esta ocasión fue la insurrección palestina que comenzara el pasado mes de diciembre y que ya ha cobrado más de 160 vidas. El conflicto constante entre el ejército israelí y los moradores de los territorios ocupados por Tel Aviv después de la guerra de 1967, está dividiendo a la nación judía. El pasado jueves, día del aniversario, cerca de un millón y medio de árabes fueron confinados a sus casas para que no entorpecieran las ceremonias oficiales de celebración de aquel día de 1948 en que David Ben Gurión proclamó el nacimiento del Estado de Israel.
Y es que a pesar de la buena cara y los infaltables discursos y desfiles, para muchos fue imposible disimular la tensión que se ha creado desde que comenzaran los problemas en los territorios ocupados. Todo el mundo está convencido que tarde o temprano Israel tendrá que decidir si anexa definitivamente las bandas de Gaza y Cisjordania, o si permite la eventual creación de una patria palestina.
Por el momento, está ganando la línea dura. Aparte de los actos de represión en las zonas ocupadas, el gobierno del primer ministro Yitzakh Sahmir está demostrando que todavía no está dispuesto a mostrar la rama de olivo.
Esa actitud quedó demostrada el pasado 16 de abril cuando un comando de 30 hombres asesinó en Túnez a Khalil Wazir -alias Abu Jihad- el número dos de la Organización para la Liberación de Palestina, OLP. Aunque el asesinato no fue reivindicado por nadie, la operación tuvo el sello inconfundible del Mossad, el servicio secreto israelí.
Según diferentes fuentes, el gobierno de Tel Aviv decidió acabar con Abu Jihad por su supuesta intervención en una operación terrorista en el desierto de Negev en el mes de marzo, cuando un bus de pasajeros fue secuestrado dejando un saldo de tres terroristas y tres civiles muertos. Para los palestinos, sin embargo, todo fue una venganza israelí debido a que Abu Jihad había apoyado a los jóvenes que participan en la intifada, la revuelta que tiene lugar en los territorios ocupados.
Sea como sea, lo cierto es que el atentado no le ayudó a la causa de la paz. El mismo día del asesinato se escenificaron marchas de protesta en Israel, las cuales dejaron un saldo de por lo menos 15 palestinos muertos más de 100 heridos. Adicionalmente, el golpe contra la OLP aleja todavía más las posibilidades de un arreglo diplomático en la zona y especialmente debilita las bases del plan de paz propuesto por el Secretario de estado norteamericano George Shultz. Para alcanzar una solución negociada es necesaria al menos una buena disposición de ánimo y con la muerte de Abu Jihad el odio mutuo entre árabes e israelíes no ha echo sino aumentar.
Irónicamente, el atentado acabó ayudándole a la OLP y particularnente a su líder Yaser Arafat. Una vez sucedido el hecho, las manifestaciones de simpatía de las diferentes naciones del mundo árabe se multipliaron. Como resultado, Arafat se reunió con el líder libio Mohamar Kadaffi, con quien las relaciones se habían enfriado hace unos años.
De la misma manera, el sepelio de Abu Jihad le permitió a la OLP acercarse a Siria -un aliado clave en el Medio Oriente- país con el cual había roto en 1983. Como se recordará, la OLP y el gobierno de Damasco se distanciaron hace seis años cuando con ocasión de la invasión israelí al Líbano, Siria comenzó a apoyar a las facciones palestinas enemigas de Arafat. La crisis llegó a su punto culminante cuando Arafat y Abu Jihad fueron expulsados de Damasco, debiendo salir para Túnez.
La distensión empezó a notarse la semana pasada con la llegada del féretro con los restos de Jihad, el cual fue enterrado en el cementerio Yar muk en Damasco, en una emotiva ceremonia en la cual participaron medio millón de personas. Junto al cadáver iban algunos miembros de la OLP que comenzaron el proceso de volver a atar los lazos que la Organización tenía con Siria. Aunque todavía falta que se realice una cumbre entre el presidente Hafez el Assad y Yaser Arafat, ya nadie pone en duda que las acciones de la OLP están subiendo de nuevo.
Esa circunstancia, unida a la intransigencia de los países árabes y la línea dura adoptada por Israel, fue lo que explicó por qué el jueves pasado algunas personas no disfrutaron el aniversario de la creación del estado judío. A pesar de completar 15 años sin pelearse con sus vecinos, lo cierto es que -según las encuestas- siete de cada diez judíos piensan que su país se va a ver envuelto en otra guerra antes de 10 años. Si las cosa continúan al ritmo de la semana pasada, es evidente por qué en estos días son pocos los ciudadanos judios que se muestran realmente optimistas cuando miran al futuro.
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