Martes, 17 de enero de 2017

| 2006/04/08 00:00

“Veo la Tierra, es hermosa”

Esta semana se cumplen 45 años de la llegada del primer hombre al espacio. Con Yuri Gagarin, la Unión Soviética se anotó el primer triunfo en la carrera espacial.

El cosmonauta Yuri Gagarin llegó al espacio gracias a la carrera espacial impulsada por personajes como el líder ruso Nikita Khruzchev. Gagarin desató el patriotismo en la Unión Soviética

El primer viaje de un hom- bre al espacio duró 108 minutos. Aquella mañana del 12 de abril de 1961, en Baikonur, Kazajistán, fue una sorpresa para el resto del planeta que creía que Yuri Gagarin no sobreviviría al paseo espacial a bordo del Vostok 1.

El mundo recuerda al héroe, pero detrás del cosmonauta había un joven de 27 años, hijo de un carpintero y una granjera, que representaba el ideal soviético. Gagarin, padre de dos hijas, supo tres días antes que había sido elegido. No conocía el efecto de la falta de gravedad y de oxígeno y menos si sobreviviría al despegue y al aterrizaje.

Los riesgos eran altos, sobre todo si se tiene en cuenta que el líder Nikita Khruzchev había ordenado la construcción del Vostok1 en sólo seis meses. La Guerra Fría y la competencia por la conquista del espacio entre las potencias estaba en su punto más alto, cuando el Kremlin supo que Estados Unidos estaba cerca de orbitar una nave tripulada.

Cuando los radios en Baikonur recibieron la voz de 'Yura' diciendo "Poiejali" (que en ruso significa en marcha) se supo que había sobrevivido al despegue y a que el peso de su cuerpo hubiera aumentado cinco veces. Ya en el espacio, la falta de gravedad no lo volvió loco, ni tuvo algún otro de los efectos que los científicos temían. Lo primero que dijo fue "veo la Tierra, es hermosa". Aunque la leyenda agrega que Gagarin también dijo "aquí no veo a ningún Dios".

Después de orbitar la Tierra, sólo faltaba volver. En la entrada a la atmósfera la temperatura en el exterior de la nave llegó a los 1.000 grados centígrados, los mismos que experimentaron la famosísima perra Laika y otros perros con nombres impronunciables como Chaika, Lisichka, Belka, Strelka, que se encargaron de abrirle a Gagarin el camino hacia las estrellas.

Gagarin atravesó la atmósfera a 27.000 kilómetros por hora y en algún punto se eyectó de la nave. Una niña y su abuela fueron las primeras en verlo cuando aterrizó con su paracaídas. Este detalle estuvo en secreto por varios años. Según las normas internacionales, el piloto debía permanecer en la nave hasta cuando tocara tierra.

De haberlo hecho, posiblemente 'Yura' no habría sobrevivido para contar su hazaña y la Unión Soviética no habría logrado superar a la Nasa, creada por el entonces presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, en 1958. Gagarin se convirtió no sólo en el héroe de la Unión Soviética, sino en un icono del juego de la Guerra Fría. Llegó a la Plaza Roja de Moscú entre miles de personas que celebraron la proeza, recorrió el mundo contando su aventura y se erigió una estatua en su honor, a la que todavía los cosmonautas llevan una ofrenda al regresar a Tierra.

Si la gravedad no lo enloqueció, la fama sí. Se volvió alcohólico y tuvo un grave accidente de auto en octubre de 1961. En 1962 fue elegido en el Soviet Supremo (parlamento), pero su vocación de cosmonauta fue más fuerte. Trabajó como diseñador de las naves espaciales Soyuz, que aún van al espacio, y aunque nunca más salió de la Tierra, murió con sus alas de piloto.

El 27 de marzo de 1968 se estrelló en el Mig-15 a propulsión que piloteaba. Para mantener la leyenda, la versión oficial señaló que 'Yura' desvió el avión para no estrellarse contra una escuela, con lo que salvó a cientos de niños. En el lugar del siniestro se levantó un monolito rojo y sus restos reposan en el muro del Kremlin.

Después de 45 años, la Guerra Fría y la Unión Soviética ya desaparecieron, rusos y estadounidenses vuelan juntos al espacio y Yuri Gagarin tiene su lugar en la historia.

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