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| 11/10/2003 12:00:00 AM

¿Verdadera democracia?

El arresto del hombre más rico de Rusia evidencia la pugna entre el gobierno de Vladimir Putin y los 'oligarcas' rusos.

Mijail Jodorkovsky no sólo es el hombre más rico de Rusia. Es también el principal rival de Vladimir Putin. Por eso, cuando decenas de soldados irrumpieron en el jet privado del magnate y lo detuvieron mientras hacía una parada de reabastecimiento en la ciudad siberiana de Novosibirsk, el sábado 25 de octubre, las sospechas de muchos se hicieron realidad. El arresto de Jodorkovsky y su posterior renuncia a la presidencia de Yukos, la mayor compañía petrolera rusa, confirman que el gobierno de Putin va en serio cuando se trata de mantenerse en el poder.

De inmediato se sintió la conmoción en la bolsa de Moscú, que el lunes siguiente tuvo su peor día desde la crisis de 1998. Y los problemas apenas empezaban. El jueves, mientras el gobierno congelaba 44 por ciento de las acciones de Yukos, Alexander Voloshin, jefe del gabinete, renunciaba a su cargo en protesta por la detención de Jodorkovsky. A esas alturas la incertidumbre se apoderó de Rusia y alcanzó las más altas esferas del Kremlin. Putin, entre tanto, llamaba a la calma y defendía la detención.

Jodorkovsky, en cambio, se vio obligado a renunciar a la presidencia de Yukos el pasado lunes. Hijo de una familia judía de clase media-baja, siempre se destacó por su astucia capitalista, aun en los tiempos de la cortina de hierro. En 1986, cuando la perestroika de Mijail Gorbachov apenas empezaba y Putin era un agente de la KGB, el sagaz Jodorkovsky ya era líder de una Liga Comunista (Komsomol) y comerciaba desde jeans hasta computadores..

Pero su fortuna comenzó con Menatep, uno de los primeros bancos privados de Rusia, que fundó en 1988. Beneficiándose de las arcas de la moribunda Unión Soviética, poco a poco compró pequeñas industrias que el Estado privatizaba, hasta que en 1995 logró adquirir la enorme petrolera Yukos. Así se convirtió en el más poderoso de los barones rusos que nacieron durante el gobierno de Boris Yeltsin.

Los barones, también llamados 'oligarcas', son la principal amenaza para Putin y sus hombres, quienes quieren una Rusia fuerte y ven con desconfianza cualquier oposición. Jodorkovsky no sólo estaba financiando a los partidos opositores para las elecciones parlamentarias de diciembre sino que también anunció que se postularía para las presidenciales de 2008. Arrestándolo, Putin quiere neutralizarlo. Pero podría estar cayendo en el error de convertirlo en una víctima alrededor de la cual se unifique la oposición.

De hecho, la comunidad internacional tampoco ve el caso con buenos ojos. El jueves Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, advirtió a Putin que cualquier cooperación económica con Rusia depende de que la ley no se aplique de manera discriminatoria, aludiendo al caso del magnate. Ante lo cual Putin respondió: "Nos movemos para implantar el orden, hacer respetar la ley y luchar contra la corrupción".

Pero muy distinto piensa Irina Yasina, una colaboradora de Rusia Abierta, la organización política y filantrópica creada por Jodorkovsky en 2001. Yasina se rehusó a hablar sobre la posibilidad de que Jodorkovsky iniciara una campaña desde prisión, precisamente porque "en Rusia, donde las agresiones de las autoridades no están reguladas, si nosotros hablamos de política él no saldrá de la cárcel".

El mensaje de Putin es claro: los empresarios no se oponen al gobierno. Jodorkovsky será juzgado por siete cargos, que incluyen fraude y evasión de impuestos. Y aunque su poder todavía es grande y en cualquier momento la situación puede reversarse, queda la duda de si Rusia es verdaderamente una democracia.
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