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| 2/14/1994 12:00:00 AM

VIAJE AZAROSO

En su primera gira europea, el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se enfrenta a una avalancha de problemas.

EL ESTRENO INTERNACIONAL del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, por tierras europeas, había creado grandes expectativas. Pero desde su llegada a Bruselas (Bélgica) hasta su despedida en Minsk (Rusia), el mandatario sólo encontró problemas: una Europa Occidental en recesión económica, una Europa del Este sacudida por las guerras, una Ucrania nuclear que rehusaba desarmarse, y una Rusia donde el nacionalista de derecha Vladimir Zhirinovski asustó al mundo con su triunfo electoral.
La cumbre de la OTAN aprobó el 10 de enero en Bruselas la propuesta estadounidense de "asociación para la paz ", un llamado a las naciones del Este y de la exs URSS para cooperar militarmente con la Alianza a cambio de ciertas condiciones: transparencia de los presupuestos de defensa, adhesión a una declaración de principios políticos y control civil de las Fuerzas Armadas.
Pero al mismo tiempo esa propuesta es una negativa a Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia, que deseaban ser miembros plenos de la Alianza. Pobre y maltrecha, en crisis e inestable, Rusia sigue dictando condiciones a sus viejos aliados. Hizo saber con toda claridad que no aceptaría el ingreso de sus ex súbditos a la OTAN.
Clinton trató de hacerles saborear este trago amargo a los presidentes de las cuatro repúblicas, reunidos en Praga. A pesar de que llegó a tocar el saxofón, los presidentes se retiraron con caras largas y sus peticiones insatisfechas.
El anuncio central de la gira fue la firma de un acuerdo trilateral entre los presidentes Leonid Kravchuk, de Ucrania; Boris Yeltsin, de Rusia, y Bill Clinton, de Estados Unidos, mediante el cual Ucrania se compromete a entregar a Rusia 176 misíles intercontinentales y 1.500 ojivas nucleares en un plazo de 10 meses. Rusia los destruirá y venderá el uranio enriquecido a Estados Unidos, que a su vez se compromete a comprar 500 toneladas por valor de 12.000 millones de dólares en un lapso de 20 años.
Ucrania recibirá en compensación fondos ya votados por el Congreso estadounidense para ayudar al desmantelamiento de las armas nucleares, combustible nuclear gratis de Rusia para sus estaciones eléctricas, dinero de la venta de uranio y una garantía de inviolabilidad de sus fronteras.
Con todo y eso, no hay nada resuelto. El Parlamento de Kiev se muestra cada vez más remiso a aceptar tal acuerdo. Una población descontenta con un 80 por ciento de inflación mensual, atemorizada por el renacimiento del chauvinismo ruso en la figura de Zhirinovski, puede responder negativamente a lo que es visto como una capitulación de Kiev. Cuando Clinton paró por una hora en el aeropuerto de esta ciudad, lo esperaban carteles que decían: "Mr. Clinton: no ponga las armas nucleares ucranianas en las manos de Zhirinovski".
En Rusia, Clinton no tuvo nada que ofrecer. Caminando por Moscú, con un tradicional gorro de piel ruso o shapka, el presidente hizo fila y compró pan. Pero las babushkas no abandonaron su lugar en la cola para demostrar los tiempos duros que se viven. Yeltsin afirmó categóricamente la continuidad de las reformas. Sin embargo, después de la derrota de los partidos de gobierno, se espera un cambio ministerial que frene aún más la reforma rusa.
Aunque en los diarios estadounidenses se habla con mayor frecuencia de una "terapia sin choque", funcionarios de la administración dejaron saber que no habrá "línea blanda". "La ayuda dependerá del progreso de las reformas", declaró el secretario del Tesoro, Lloyd Bentsen. Paralelamente se conocía que en el presupuesto de EE.UU. para 1995 la ayuda a Rusia y otras naciones de la ex URSS bajará de 2.500 a 900 millones de dólares. En conclusión, la gira de Clinton por Europa no sólo no produjo grandes resultados tangibles, sino que dejó una sensación de desatino en la política exterior de Washington.
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