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| 2/10/1992 12:00:00 AM

VIAJE A LAS ESTRELLAS

LA ODISEA DE GEORGE BUSH POR ASIA, CON DESMAYO INCLUIDO, DEJA EN CLARO LA POSICION DESVENTAJOSA DE SU PAIS Y UNA NUEVA AMENAZA PARA SU REELECCION.

VIAJE A LAS ESTRELLAS, Sección Mundo, edición 506, Feb 10 1992 VIAJE A LAS ESTRELLAS
DESDE QUE SE PLANEO INICIALMENTE, LA gira del presidente George Bush por Australia y el Lejano Oriente pareció señalada por un signo negativo.
Elviaje había sido programado para el 5 de noviembre pasado, con el objetivo de consolidar las alianzas en la era postguerra fría. Pero el viaje fue cancelado sorpresivamente.

En ese momento la decisión parecía acertada, porque el ejecutivo estaba bajo una avalancha de ataques de parte de los precandidatos demócratas que criticaban su gusto por viajar al extranjero, y por los resultados de las encuestas, adversos a los viajes presidenciales. Como la última etapa se dirigía a Roma, para asistir a una cumbre de la OTAN, los demócratas hicieron circular una declaración, según la cual "los habitantes de Roma, Misisipi donde eI desempleo lIega al 11 por ciento,severían mejor servidos si su presidente permaneciera en casa consiguiéndoles trabajo, antes que correr por eI planeta a órdenes de sus asesores ".

La forma como se anunció la reorganización de la gira dejó la impresión de que Bush estaba a merced de sus críticos. Ahora la presentación fue distinta: se trataba de mejorar la balanza comercial y, por lo tanto, crear empleo. Eso hacía evidente que por encima de los demás países visitados (Australia, Singapur y Corea del Sur), el verdadero objetivo del viaje era el Imperio del Sol Naciente, Japón.

A los ojos de la mayoría de los observadores, ese viaje marcó un hito sicológico sin precedentes. Bush viajó a Tokio acompañado por los funcionarios más importantes de su gobierno y por 21 presidentes de las compañías más grandes de su país, con la esperanza de conseguir concesiones comerciales de un país que tiene un superávit con Estados Unidos de 45 mil millones de dólares en los cuales las tres cuartas partes corresponden al mercado automovilístico Cualquier semejanza con las comitivas de los presidentes tercermundistas en sus viajes a Washington, era más que una coincidencia. Quedó en el ambiente la sensación de un país en problemas buscando ayuda, y motivó comentarios que confirmaban que Estados Unidos ganó la guerra sobre Japón, pero éste resultó el verdadero triunfador de la paz.

Bush llegó precedido por una controversia doméstica sobre la responsabilidad japonesa en la recesión económica norteamericana, motivada por sus políticas restrictivas en materia comercial y su política de exportaciones hacia EE UU. Una polémica que ha sido respondida por los japoneses con el argumento de que las causas de la recesión hay que buscarlas en Detroit (sede de las fábricas de automóviles) y no en Tokio. Los comentarios del primer ministro Kiichi Miyazawa no ayudaron: "las compañías japonesas deben dar una mano compasiva a Estados Unidos."

Las concesiones estatales se concretaron en estímulos a la apertura de sucursales de compañías norteamericanas en Japón, la aplicación más laxa de las normas contra contaminación de automóviles, incentivos tributarios y préstamos subsidiados para los importadores y la ampliación de un programa para promover exportaciones gringas a países en desarrollo en los cuales Japón tiene proyectos. Pero en lo que toca a la empresa privada los japoneses insistieron en que los programas se limitan a una "campaña moral", porque la suya es una economía abierta. Por eso, las compañías exhibieron su compasión" con Estados Unidos al anunciar que incrementarán "voluntariamente" sus importaciones de autos y partes de EE.UU., para incrementar los nueve mil millones de dólares que compraron en 1991, hasta llegar a 17 mil millones.

Se trató, sobre todo de la ampliación de las cifras actuales pero no de una concesión de fondo. Eso era previsible, porque Miyazawa se encontraba bajo el ojo de su propia oposición. La "declaración de Tokio", un conjunto de buenas intenciones sobre la economía mundial, no logró disipar esa sensación de fracaso. Un editorial de The New York Times lo dijo claramente: eI desempleo no tiene relación directa con el déficit comercial: si de crear empleo se trata, no hay que tratar de reestructurar la sociedad japonesa sino, por ejemplo, bajar los intereses reducir impuestos e incrementar el gasto.

Pero Bush no sólo no obtuvo todo lo que quería. Aparte de dejar una sensación humillante, que podría serle adversa en las elecciones, también sufrió un quebranto de salud que, a pesar de haber sido demeritado por sus médicos, dejó la sensación de que él mismo podría perder su trabajo a finales de este año. Un desmayo sufrido en medio de la cena oficial despertó nuevas dudas sobre la capacidad física del Presidente para enfrentar un nuevo período a partir de noviembre. EI hecho se produjo con las cruciales primarias de New Hampshire a la vuelta de la esquina, e hizo que renacieran las dudas sobre la idoneidad de su presidente Dan Quayle para la fórmula republicana. EI hecho produjo especulaciones sobre eI posible cambio de Quayle por un peso pesado. En la lista aparecieron el general Colin Powell, el secretario de Estado Janles Baker y el de Defensa Dick Cheney. Bush, con su habitual buen humor, descartó la crisis cuando dijo en una rueda de prensa: "No hay por qué preocuparse, porque a los demócratas también les da "gripe intestinal ".

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