Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1991/04/22 00:00

VICTORIA PIRRICA

A pesar de que el referéndum fue positivo a Gorbachov, lo único claro es que el país está al borde del caos.

VICTORIA PIRRICA

Los resultados del referéndum parecieron impresionantes, aun sin que se hubieran terminado los escrutinios. El gobierno sovietico no tardó en anunciar que, con una participación del 75 por ciento de los ciudadanos aptos, 105 millones de personas se inclinaron en favor de la propuesta del presidente Mijail Gorbachov, o sea el 77 por ciento de los votantes.
El Kremlin aprovechó inmediatamente la ventaja para anunciar la puesta en práctica de medidas tendientes a la transición hacia el libre mercado. De esta manera, el gobierno de Gorbachov comenzó la lucha por la reconquista de la confianza de la gran mayoría de los sovieticos.
Esa confianza estaba en entredicho desde mediados del año pasado. En ese entonces, Gorbachov parecía incontenible en su camino reformista y acababa de adoptar un ambicioso plan hacia una economia de mercado. Pero de un momento a otro, el presidente dio pie atrás, su política regresa la vieja economía centralizada y su equipo de asesores económicos fue desabandado. A cambio de grandes reformas estructurales, el Kremlin optó por adoplar medidas policivas contra la especulación y lanzar a calles a los organismos de seguridad del estado para reprimirla.
Ese momento pareci marcar la derivación de Gorbachov hacia un comunismo más ortodoxo, y significó, a los ojos de muchos observadores, un estímulo para los movimientos independentistas de varias repúblicas, que querían un camino acelerado hacia la economía de mercado.
Eso explica que los funcionarios del Kremlin trataran de aprovechar al máximo el exito electoral de Gorbachov. Según ellos, la victoria en el referéndum fue en realidad un mandato al Presidente para resolver, según su criterio, los problemas más acuciantes del país: la recuperación de la economía y los movimientos independentistas de varias repúblicas.
Pero esa visión oficial resulta demasiado hermosa como para ser verdad. La historia de Gorbachov fue cuestionada por la mayoría de los observadores, para quienes lo único que quedó claro, es que el país se debate en la confusión más absoluta.
En primer lugar, esos críticos señalan que las cifras no incluyen las seis repúblicas separatistas que, con 10 millones de votantes en total, se abstuvieron de participar en el referendum. Se afirma que si esos abstencionstas se tuvieran en cuenta, el porcentaje global de votos favorables se reducirra hasta llegar a ser una mayoría muy estrecha.
Por otro lado, se dice que el texto de la pregunta que se hacía a los votantes, no era idóneo para medir su voluntad real.

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