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| 3/2/1987 12:00:00 AM

VICTORIA SIN TRIUNFO

A pesar de perder votos, Kohl logra permanecer en el poder

Ganar, a pesar de perder, es también ganar, podría ser la moraleja tras las elecciones parlamentarias en Alemania Occidental. Tal y como permitían aseverarlo todas las predicciones, la coalición de gobierno integrada por la Democracia Cristiana (CDU) y los liberales, se mantuvo en el poder y con ello su líder, el canciller Helmut Kohl. No obstante, para la CDU los resultados electorales del domingo, en los que obtuvo un 44.2% de los votos comparados con un 48.9% en los comicios de 1983, representan la votación más baja desde 1949; mientras partidos como el Verde de los ecologistas pasó del 5.6% al 8.3% y los liberales lograron un repunte de 7% a 9.1% después de sus serios reveses desde que rompieron la alianza con los socialdemócratas.
Si bien no son muchos los cambios que se pueden esperar a la luz de los resultados, las cifras sí reflejan claramente las tendencias políticas de la Alemania Occidental de hoy.
Por un lado, confirma la preponderancia de la línea conservadora representada por la Democracia Cristiana. Aunque Kohl está aún muy lejos de ser un líder carismático y es visto en general más bien como un hombre bonachón sobre el cual es frecuente escuchar los chistes más mordaces, es claro que la reactivación económica lograda durante su gobierno, atribuida más a la coyuntura que a su propia gestión, contribuyó a fortalecerlo, particularmente dentro de la clase media alemana. Es un hecho que para el germano corriente la estabilidad económica constituye, hoy por hoy, su máxima preocupación y que por consiguiente está dispuesto a votar por quien se la garantice, independientemente de las condiciones individuales que posea.
Pero también resulta claro que, a pesar de su aparente apatía, hay temas frente a los cuales tiene aún una alta sensibilidad. Entre ellos, cualquier signo de retorno a lo que pudiera ser visto como un extremado nacionalismo que recordara las aciagas épocas de la Segunda Guerra Mundial. Una prueba de ello son las reacciones adversas que provocaron durante la campaña, las alusiones un tanto infortunadas de Kohl a los campos de concentración en Alemania del este y sus críticas a la Unión Soviética. Otra prueba es la decisión de muchos demócratas cristianos de depositar su segundo voto (consignado no por el candidato de su distrito sino para definir la fuerza de cada grupo dentro del Parlamento) por los liberales, con tal de detener las aspiraciones al Ministerio de Relaciones Exteriores de Franz Josef Strauss. Strauss, líder de la Unión Social Cristiana, una especie de vertiente de la Democracia Cristiana presente sólo en Baviera, es identificado con el ala más derechista del partido y sus ataques a la política exterior de distensión Este-Oeste que adelanta el actual ministro de Relaciones, el liberal Hans Dietrich Genscher, contribuyeron sin duda a que las facciones más progresistas de la CDU prefirieran mantener su alianza con los liberales y con ello a Genscher al frente de la política exterior.
El repunte de los "verdes", contra las previsiones de algunos analistas que consideraban que su ingreso al Parlamento era sólo transitorio, es también una muestra de la creciente preocupación de los alemanes por temas que hasta hace pocos años no eran dignos de la más mínima consideración en las campañas electorales.
Es indudable que la amenaza nuclear, la contaminación de los ríos -incluído el Rin- y los desechos industriales han pasado a ser tópicos obligados de todo político, en gran medida gracias a la presencia de los ecologistas en el Parlamento.
La Social Democracia (SPD), por su parte, no tuvo el revés que muchos le auguraban. Pero consiguió también uno de sus peores resultados en decenios. Bajo el liderazgo de Johannes Rau, la SPD aspiraba a lograr nuevamente las mayorías y retornar a la época de oro de Willy Brandt. Sin la alianza de los liberales, sin embargo, su meta era desde un principio utópica. Si algo quedó claramente demostrado en estas elecciones es que en el cuadro político de Alemania Occidental resulta prácticamente imposible para una agrupación obtener la mayoría absoluta, lograda solamente por la Democracia Cristiana de Konrad Adenauer en 1957.
El hecho de que ante esta perspectiva partidos como el Verde y los liberales, a pesar de ser las agrupaciones más pequeñas, puedan volverse en últimas los dueños del balón, los convierte en ganadores indiscutibles de unas elecciones en las que, como lo expresara el profesor y filósofo Carlos B. Gutiérrez, profundo conocedor de la Alemania de hoy, "el triunfo fue ante todo para el sentido común".
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