Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/03/12 00:00

"VIDELA NO PUEDE DECIR QUE NO SABIA"

Días antes de llegar a Colombia, Ernesto Sábato habla con SEMANA sobre las actividades y hallazgos de la Comisión sobre Desaparecidos.

"VIDELA NO PUEDE DECIR QUE NO SABIA"

En una soleada mañana dominguera, pocos días antes de su viaje a Colombia, María Teresa Ronderos, de SEMANA, entrevistó al escritor argentino Ernesto Sábato en su casa de Santos Lugares en el Gran Buenos Aires. A los 72 años, Sábato se ha convertido en las últimas semanas, en uno de los personajes centrales de la vida política argentina, como presidente de la Comisión sobre la Desaparición de las Personas creada por el nuevo gobierno.
A pesar de la ardua labor que ha tenido en la Comisión y de que él mismo confesó hallarse bastante cansado, la fuerza de sus palabras y la firmeza de sus gestos indicaban la enorme vitalidad del escritor.
SEMANA: ¿Por qué viaja usted a Colombia?
ERNESTO SABATO: Porque me han invitado desde hace muchos años y siempre había postergado el viaje por una razón u otra. Sin embargo, cuando vino el Presidente Betancur en diciembre, me dijo que tenía que ir, que era una cuestión de honor que yo fuera. Así que ésto me decidió.
S.: ¿Cuándo fue la última vez que visitó Colombia?
E.S.: En el año 66 y casi me muero. Me comí algo y me intoxiqué. Sin embargo, fueron todos tan cariñosos conmigo y me trataron tan bien. Yo guardo un entrañable recuerdo de Colombia.
S.: Tengo entendido que la Comisión sobre los Desaparecidos fue creada por el doctor Alfonsín para que ésta investigue todo lo referente a tas personas desaparecidas durante los años de gobierno militar. ¿ Qué poderes tiene esta Comisión?
E.S.: Podemos requerir toda clase de informes, datos y documentos e inclusive funcionarios del poder ejecutivo, de los organismos de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Tenemos autoridad para acceder a todos los lugares que la Comisión juzgue de importancia para el esclarecimiento de los delitos cometidos. Esos organismos y funcionarios están obligados a darnos toda la información requerida. De esta manera y mediante las denuncias que recibimos todos los días en enormes cantidades, trataremos de averiguar el paradero de las personas desaparecidas y determinar la ubicación de los niños que también desaparecieron cuando sus padres fueron secuestrados.
S.: ¿Son muchos?
E.S.: Quizá algunos centenares. La Comisión de las Abuelas de la Plaza de Mayo ha documentado el secuestro de más de cien, pero se calcula que el total es superior.
S.: ¿Han encontrado algunos?
E.S.: Hasta ahora once.
S.: ¿En dónde los hallaron?
E.S.: Con familias a las cuales las Fuerzas Armadas los habían entregado, incluyendo casos de familiares de miembros de esas mismas Fuerzas Armadas o policiales. El destino es muy incierto y como usted puede comprender, producirá problemas psicológicos de terribles consecuencias. Imagine, por ejemplo, que un pequeño que en el momento del secuestro tenía un año y que durante estos ocho años haya sido retenido o adoptado por hombres que intervinieron en el secuestro y tortura de sus padres. ¿Qué va a pasar cuando estos niños tengan edad suficiente para conocer su drama?
S.: Me imagino que todas estas tragedias las habrán conocido ustedes a través de testimonios. Tengo entendido que reciben muchos, ¿cuántos?
E.S.: Estamos recibiendo entre 50 y 60 por día. En el lapso de poco más de un mes que llevamos de actividad, ya los testimonios han sobrepasado los 1.500.
S.: ¿Cómo son estos testimonios?
E.S.: En general son horrendos. Las chicas dactilógrafas que nombramos al comienzo no pudieron aguantar su tarea más de dos días. Hemos tenido que reemplazarlas por hombres y mujeres que nos proporcionan los organismos de derechos humanos.
S.: ¿ Y cúal va a ser el resultado final de la labor de la Comisión?
E.S.: Primero, entregar todo a la justicia para que allí se juzgue a los culpables. Además, daremos el nombre de todos los desaparecidos, de las fechas y circunstancias en que fueron secuestrados; transcribiremos literalmente un número significativo de testimonios recogidos sobre las torturas a que fueron sometidos y de la forma en que fueron arrojados a fosas comunes, al río de La Plata o al mar, o quemados. Finalmente, haremos una declaración que sea una condena moral de la terrible tragedia, para que sirva de recordatorio para las generaciones venideras.
S.: ¿Cuándo calculan terminar esta triste tarea?
E.S.: El poder ejecutivo ha fijado un lapso de seis meses, pero si las circunstancias lo requieren, podremos alargar o acortar este término.
S.: ¿Y entonces se sabrá el total de los desaparecidos? Porque las cifras que se mencionan en la prensa mundial son muy distintas. Unos hablan de ocho mil y otros de treinta mil...
E.S.: Hasta ahora es imposible computarlos. La cifra de ocho mil es la más fehaciente, pues se basa en nombres precisos. Pero esta cifra puede elevarse mucho más, probablemente hasta esos treinta mil de que se ha hablado. Porque muchas familias en las que se produjo un secuestro tenían terror de denunciarlo para preservar al resto de la familia.
S.: En estos últimos días ha tenido una enorme repercusión periodística lo actuado por usted y los otros miembros de la Comisión en la ciudad de Córdoba, donde se habla de una gigantesca fosa común que aún no ha sido abierta y en la que habría centenares de desaparecidos. ¿Cómo se descubrió ésta?
E.S.: La Comisión recibió una denuncia traída por diputados radicales de la legislatura cordobesa sobre la posible existencia de una gran fosa común en el cementerio de San Vicente de la ciudad de Córdoba. Enviamos a uno de nuestros miembros para hacer investigaciones en la morgue judicial de aquella ciudad. Allí nos encontramos con dos personajes inverosímiles, dos empleados de la morgue y también nos dieron un libro enorme donde estaban anotadas las entradas y salidas de cadáveres. En el mismo libro había muertos registrados como "subversivo".
S.: ¿ Y decía así, "subversivo "?
E.S.: Sí, y a veces decía NN o tenía tachado NN y encima decía un nombre y el lugar de procedencia. Cuando averiguamos, había habido personas desaparecidas en estos lugares.
S.: ¿Por qué cree usted que los registraban si todo esto era secreto e ilegal?
E.S.: En parte por esa obsesión burocrática de los militares y también porque ellos creyeron que esto nunca se destaparía. Esto demuestra la impunidad en que vivían.
S.: ¿Y qué dijeron los de la morgue?
E. S.: Bueno, por ellos y por el libro de registro pudimos concluir que entre los años 1976 y 1977 ingresaron a esa morgue centenares de cadáveres traídos por las fuerzas del Tercer Cuerpo del Ejército, con sede en Córdoba y comandado por el general Benjamín Menéndez. Los cuerpos eran arrojados en las horas de la noche, generalmente desnudos, como venían, en una fosa de casi 30 metros de largo, 6 o 7 de profundidad y otro tanto de ancho. La enorme fosa fue llenandose en sucesivas jornadas, con capa de tierra y cadáveres. Por el libro pudimos inferir que hay allí no menos de 300 cadáveres, aunque los morgueros dicen que hay más. Según ellos, los cuerpos venían con muestras de torturas y violaciones. Lo más asombroso es que éstos empleados enviaron una nota en junio de 1980 al Presidente de la nación, por entonces el general Videla, no por el horror en el que participaban sino para pedir aumento de sueldo por ser su trabajo insalubre.
S.: ¿ Y qué repercusiones tiene este hallazgo en Córdoba?
E. S.: Tendrá enormes consecuencias, ya que ahora tendrá que destaparse la fosa y otras que también se han establecido, podrán identificarse quizá muchos cadáveres y surgirán nuevas responsabilidades, incluyendo al general Videla, que siempre ha declarado que él ignoraba lo que sucedía. Tenemos la nota que los morgueros mandaron a Videla y con sellos correspondientes demostrando que sí le llegó. Así que él no puede decir más que no sabía.
S: Con respecto al juicio de Videla y de los otros integrantes de las Juntas Militares que llevaron a cabo la siniestra lucha contra la subversión, existe mucha controversia, ya que muchos dicen que como van a ser juzgados por el Tribunal Superior Militar no se va a hacer justicia.
E.S.: En primer lugar, los miembros de ese Consejo Supremo son militares retirados desde antes de empezar el proceso de la dictadura. En segundo lugar, con la ley de reforma del Código Militar recientemente aprobada en el Congreso, lo dictado por ese Tribunal Superior pasará luego a la justicia federal y en última instancia a la Suprema Corte, quienes darán en definitiva las penas que se estimen justas. Como sucedió en España con la sublevación militar, los jueces militares dieron condenas de tres o cuatro años, pero los tribunales civiles las aumentaron hasta 30 años en algunos casos.
S.: Sí, pero hay algunos que dicen que la cárcel no es suficiente...
E. S.: Hay gente que quiere los famosos "tribunales populares" pero eso ya sabemos a qué lleva: a campos de concentración, policía secreta, en fin, a otra dictadura espantosa y ya no queremos más. Yo quiero la democracia y de ahí no me mueve nadie.
S.: ¿Por qué cree usted que se llegó a tal grado de barbarie? ¿Había algo en la sociedad argentina que gestó esta tragedia?
E.S.: Los acontecimientos históricos son el resultado de múltiples y a veces oscuras motivaciones, pero lo que si puede decirse sin lugar a dudas es que si se repiten ciertas circunstancias, en cualquier país puede suceder lo mismo. Porque así es la condición humana, propensa al mal. Hace poco tuve que responderle a un periodista alemán -que se preguntaba asombrado cómo en un país civilizado pudieron suceder tales cosas- que uno de los países más civilizados y cultos de la historia había producido atrocidades. Ese país se llama Alemania, la misma que dio filósofos como Kant y Hegel, músicos como Bach, poetas como Holderling y Goethe. No hay nada esencial en el pueblo alemán que explique estos hechos. No hay mal específico. Ese mal es genérico y es la maldad del hombre en todos los tiempos.
S.: ¿ Y cómo puede la democracia controlar esa maldad?
E. S.: Porque la democracia no parte de la bondad del hombre sino de la maldad. Por eso inventó los tres poderes: uno para hacer la ley, sin la cual todo se vuelve un infierno atroz, otro para hacer las cosas y otro para vigilar el cumplimiento de la ley. No hay nada más sabio que se haya inventado, porque las dictaduras aún aquellas que se iniciaron por hermosos ideales -piense solamente en la Revolución Rusa- terminan en campos de concentración, tortura y asesinato. Si queremos verdadera justicia social, como siempre la he querido yo, pensemos que la única manera de lograrla sin dañar a la criatura humana es unida a la libertad. No libertad sin justicia social, porque entonces es una libertad apócrifa para la inmensa mayoría. Tampoco justicia social sin libertad porque entonces se reemplaza la esclavitud de la riqueza por la esclavitud del partido único.
S.: ¿Podríá explicar a los colombianos, ya que ellos lo conocen más como un gran escritor, por qué Sábato, el escritor, está en esta investigación sobre los desaparecidos?
E.S.: No participo como escritor sino como simple ciudadano. En cuanto ciudadano, el escritor tiene deberes de cualquier ciudadano, aunque con mayor responsabilidad por ser una especie de testigo. Pero en su creación artística no tiene ningún límite ni tiene por qué hacer literatura "constructiva" en el sentido en que lo esperan ciertas iglesias y ciertos partidos. No, el escritor debe disponer de absoluta libertad para expresar las pasiones humanas. Querer imponerle normas es más o menos como querer imponerle normas patrióticas a los sueños. Cuando uno se acuesta, y suponiendo que uno es un buen colombiano o un buen argentino no se propone tener sueños "nacionales o populares". El sueño es salvador porque es libre, porque expresa la mayor verdad de la existencia. Y las ficciones son como los sueños de la comunidad: sus delirios, sus símbolos, sus mitos expresan verdades profundísimas que salvan al hombre de la locura.

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