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| 3/31/2007 12:00:00 AM

Vientos del sur

Al cumplirse 25 años de la guerra de las Malvinas, SEMANA entrevistó al ex combatiente Edgardo Esteban, autor del libro 'Iluminados por el fuego'.

Tenía 18 años y contaba los días para terminar el servicio militar. Pero el 2 de abril de 1982 el Ejército argentino ocupó las islas Malvinas, usurpadas en 1833 por los ingleses. Él no lo tenía claro, pero comenzaba un capítulo heroico y trágico en la historia de su país.

Al saber que su regimiento marchaba al frente, Edgardo Esteban pensó que iba a luchar por la patria y, por qué no, volver como un héroe. El joven creyó lo que les dijo su jefe: que los ingleses "no tienen ni idea de dónde se están metiendo. Ni siquiera están adaptados al frío. No, soldados, estos tipos están muertos de entrada". Pasaron 73 días y las fuerzas argentinas se rindieron a las tropas enviadas desde Londres con el apoyo de la Otan. Quedaron allí 650 muertos, miles de heridos y el orgullo nacional pisoteado como nunca.

El general Leopoldo Fortunato Galtieri, jefe de la Junta Militar, había tratado de recuperar las islas para desviar el descontento popular, creyendo que con plantar la bandera forzaría una negociación apoyado por Estados Unidos. Pero en realidad sus tropas, pésimamente equipadas y peor preparadas, marcharon a una derrota segura ante un adversario que las sobrepasaba en todo. A los dos días de rendirse, Galtieri renunció para sellar la suerte de la dictadura que desde 1976 había sembrado una noche de terror y muerte.

SEMANA entrevistó en Buenos Aires a Esteban, ahora periodista y escritor, cuyo desgarrador libro Iluminados por el fuego sirvió de guión a la película del mismo nombre, ganadora de múltiples premios internacionales. La misma que será presentada en la Feria de Libro de Bogotá.

SEMANA: ¿Qué destaca, al cumplirse 25 años de la ocupación de las Malvinas?
EDGARDO ESTEBAN: Los 25 años son un momento para los que murieron y fueron olvidados, marginados por ese silencio que se impuso, que llevó a la gran problemática de los ex combatientes, los suicidios. Se hizo mucho daño a los jóvenes que de un día para otro, pasamos a ser los loquitos de la guerra. En las islas recibíamos cartas que nos decían que éramos héroes, que toda la Argentina iba a estar esperándonos, y cuando llegué a mi casa de rodillas, lo único que había era un perro, una luz blanca y mi mamá. No hubo fiesta. Nadie quería hablar de la guerra, me daban una palmada y me decían ya pasó.

SEMANA: Cuando iban hacia las islas, ¿ustedes creían que las cosas iban a ser fáciles?
E.E.: Había mucha euforia, uno tenía esa dualidad: miedo a morirse, y al mismo tiempo querer pasar a la historia, pero nadie creía que iba a haber combate. Nunca se pensó que el primero de mayo iban a aparecer esos aviones, con su vuelo rasante, que íbamos a sentir por primera vez las bombas que caían alrededor. Te querías hacer cucaracha, yo me acordaba que las cucarachas sobrevivieron a las bombas atómicas.

SEMANA: ¿Cómo se comportó la oficialidad?
E.E.: Es malo generalizar. Hubo demasiados que no se comportaron como correspondía, se olvidaron que no éramos enemigos, que éramos soldados, que no éramos civiles bajo la dictadura, que estábamos luchando por la misma causa. Ese abuso de autoridad se sintió, y si hoy hay rencor, es porque algo mal hicieron. 'Estaquear' a un soldado de pies y manos por robar comida con temperaturas de 15 grados bajo cero, es de una crueldad que no se justifica. Yo no tuve miedo, si tuve miedo fue a la muerte, pero las humillaciones no tienen nada que ver con el miedo a la muerte. Nadie pidió perdón, salvo Martín Balza (hoy embajador en Colombia), que escribió un libro autocrítico muy profundo y muy sincero, uno de los pocos oficiales que se atrevió a hablar.

SEMANA: ¿Qué pasó después?
E.E.: Hicimos una declaración jurada para no hablar, porque decían que era secreto de Estado. No recibimos ninguna compensación económica, ni ayuda sicológica. Después, en los años 90, nos dieron una pensión mínima. Durante el actual gobierno la pensión mejoró, hay un centro de atención para los suicidios, un teléfono permanente.

SEMANA: ¿Cuántos suicidios hubo después entre los veteranos?
E.E.: Murieron 267 soldados en ese combate tan desigual, a los que se suman los muertos en el hundimiento del crucero General Belgrano, en total 649. Los suicidios son más de 350, es decir, más que los caídos en combate. Cuando los oficiales volvieron, tuvieron su tratamiento sicológico, pero nosotros no, a nuestros padres nadie les explicó cómo contener a un chico expuesto a un grado de violencia tan grande.

SEMANA: Ahora que se han reabierto los juicios a los militares por los crímenes de la dictadura, ¿no es hora de juzgar los abusos en las Malvinas?
E.E.: Durante mucho tiempo, los militares se negaron a reconocerlos, hasta que vieron que no podían seguir tapando el sol con las manos. Un informe del general Ratenberg pidió fusilar a Galtieri y destituir a los altos mandos e hizo una autocrítica sobre los errores de estrategia, pero eso fue ocultado por los militares. Luego el presidente Menem expidió un indulto y no dejó actuar a la justicia. Varios de los hoy procesados por crímenes participaron en la guerra, como Alfredo Astiz, (el célebre ángel de la muerte) que estuvo en las islas Georgias y se rindió sin disparar un tiro. Él cobra pensión de combatiente y cuando se jubile cobrará pensión de privilegio, porque no ha sido destituido.

SEMANA: ¿Volvió a las Malvinas?
E.E.: Fui el primer ex combatiente que volvió en 1999, luego fui dos veces para filmar la película y la última fue hace un par de semanas. Después de la guerra pusieron una base militar de la Otan que asusta. Uno siente que está pisando una colonia militar, un gueto para negocios, para la pesca y el turismo, que hoy es uno de los lugares del mundo con mayor ingreso per cápita, donde viven apenas 2.000 personas de 62 países.

SEMANA: ¿Cómo se volvió periodista?
E.E.: En la guerra, la primera derrotada es la verdad. Después de la rendición, cuando los ingleses nos traían al continente, subí en un barco fantasma, el Camberra. En los diarios decían que lo habíamos hundido. Entonces me decidí por el periodismo. Mi intención era contar mi historia. Estaba muy solo cuando escribí mi libro, porque había un discurso oficial, había que hablar de los héroes, de la gesta, y el que dijera lo contrario era un traidor a la patria, pero yo dije mi verdad.

SEMANA: Hable de la película...
E.E.: Ha sido un éxito, tuvo muchos premios internacionales -Goya, San Sebastián, Tribeca, de Robert de Niro-, ganó cuatro premios en La Habana con Gabriel García Márquez emocionado, y se va a presentar en la Feria del Libro en Bogotá. El filme abrió un debate con su mirada humana, ese paralelo de estar pensando en tus hijos, tu mamá, tus sueños, y saber que por ahí nunca más los vas a ver, o que volvés de la guerra y después de ser iluminado por el fuego pasás a ser el loco, el marginal, para terminar en el alcohol, la droga. Malvinas fue un gran fracaso. Pero hay que hablarlo con crudeza, no meterlo debajo de una alfombra.
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