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| 9/27/1982 12:00:00 AM

VIRAJE DE LA IGLESIA

Monseñor Glemp, anteriormente apoyo principal del sindicato "Solidaridad", guarda ahora un significativo silencio.

Solidaridad ha preparado "grupos de combate" y centros de asistencia médica "para las manifestaciones del 31 de agosto" señaló el general Kiszczak, ministro polaco del interior.
Después de calificar a los organizadores de tales actos de "terroristas" y "aventureros", y afirmar que " la tranquilidad, la seguridad y la patria, valores inestimables serán salvaguardados" el general agregó: "nadie en Polonia o en el extranjero debe forjarse ilusiones y creer que se podrán organizar espectáculos en las calles para las televisiones extranjeras"
Estas advertencias hacen parte de una campaña lanzada por las autoridades polacas para responder a las actividades pacíficas decretadas por la dirección clandestina de solidaridad durante el mes de agosto, para protestar contra el estado de guerra, reclamar la liberación de los prisioneros políticos y exigir la apertura de negociaciones.
Iniciadas el 13 de agosto con la conmemoración de las primeras huelgas del astillero Lenin, las manifestaciones espectaculares continuaron, tres días después, con motivo del segundo aniversario de la creación del comité de huelga, que dio origen al sindicato, y deberían culminar el 31 de agosto, fecha del segundo aniversario de los acuerdos de Gdansk.
El general Jaruzelski anunció, por su lado, que las manifestaciones serán "hechas añicos" y ordenó a los comités de defensa, tomar medidas para "reforzar el orden público". Paralelamente, el viceministro Rakowski confirmó, en una entrevista del 21 de agosto, que el gobierno continuará su lucha contra el sindicato y descartó todo diálogo con sus dirigentes.
El viceministro insistió, en cambio, en la importancia que el gobierno otorga a sus discusiones con la jerarquía católica, "elemento indispensable de las relaciones socio-políticas en el país "
El señor Rakowski confesó que había escuchado con "atención y satisfacción" el sermón del prelado de Polonia, Monseñor Glemp, el 15 de agosto pasado, en el que el dirigente de la iglesia se había abstenido de hacer referencia a solidaridad y evitado hablar del Estado de Guerra y de la situación de los prisioneros políticos.
Esta línea moderada de la Iglesia ha suscitado serias controversias entre los militantes de solidaridad.
Según el corresponsal de "Los Angeles Times", monseñor Glemp habría sido acusado por varios dirigentes del sindicato, de debilitar "la luc ha por la restauración de las libertades elementales"
Dividida de hecho entre la fidelidad a su pueblo y sus obligaciones frente al Estado, la iglesia polaca ha escogido una línea mediana. Así fue interpretado el sermón de monseñor Glemp, el 26 de agosto, frente a centenares de miles de personas reunidas en Czestochova, para celebrar el sexto centenario de la Virgen Negra.
Interrumpido por los aplausos, monseñor Glemp declaró: "Exigimos la liberación de Lech Walesa (...)" pedimos que sea autorizado a expresarse como cualquier hombre libre"
Recordando las reivindicaciones de la iglesia (restablecimiento de las actividades sindicales, liberación de los prisioneros políticos y amnistía total de los condenados), el prelado polaco manifestó su oposición a las manifestaciones del 31 de agosto: "La cólera es mala consejera y la calle no debe ser el terreno de diálogo. Es alrededor de una mesa donde se debe entablar el diálogo" Es claro que la iglesia exige que cada campo renuncie a la estrategia de la fuerza.
Ocho meses después del golpe, el general Jaruzelski parece encontrarse pues en la misma situación. Ni las amenazas ni sus muestras de "buena voluntad" (1.221 prisioneros liberados en julio) le han permitido instalar la "normalización" en Polonia.-
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