Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1985/07/15 00:00

¿VIVO O MUERTO?

La exhumación de los supuestos restos de un austriaco en el Brasil puede dar por teminada la presecución de 40 años a Josef Mengele, el medico exterminador del campo de Auschwitz.

¿VIVO O MUERTO?


Rodeado por un aura de misterio durante los últimos 40 años de su vida, el médico nazi Josef Mengele se fue de este mundo en condiciones no menos míticas: protegido por la clandestinidad que le otorgaba un nombre ajeno. Wolfgang Gerhard era el que al parecer empleaba desde 1978 este hombre que fue buscado en los cuatro continentes bajo el aterrador cargo de ser uno de los mayores criminales del siglo XX. No en vano se le hacía responsable del exterminio de 400 mil judíos en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

Mengele, conocido también como el "Angel de la Muerte", podrá pues descanzar en paz, si se confirma, claro está, que ciertos restos humanos exhumados en un suburbio de Sao Paulo este 6 de junio, corresponden al hombre que, por el placer de matar, destruyó "de manera sádica y bestial" como dice el Tribunal de Francfurt, a miles de judíos, polacos, gitanos y otros grupos étnicos que él consideraba inferiores.

La confirmación sobre la verdadera identidad del cadáver desenterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Rosario, del pueblito de Embú, depende de una copia de la estructura dental de Mengele que data de 1938 y de la verificación de una fractura de cadera que el criminal de guerra sufriera en 1944 durante un accidente de tráfico en Auschwitz. El 25 de junio próximo es la fecha que los médicos legistas se han fijado para concluir su difícil labor y para dar a conocer los resultados de la misma. Hasta entonces las suposiciones que se tejen, en especial la que afirma que lo hallado por la policía brasileña es simplemente un "cadáver oportuno", cuyo papel sería aliviar las presiones sobre al astuto fugitivo, seguirán alimentando las páginas de los periódicos, a pesar de que el cazador de nazis más veterano, Simón Wiesenthal, ha declarado que se inclina a creer --después de unos días de escepticismo-- que los restos de Embú corresponden a Mengele.

Cartas en el guardarropa
Esta fúnebre saga comenzó el miércoles 5 de la semana antepasada cuando Adheu Tuma, Jefe de la Policía de Sao Paulo, reveló a la prensa el contenido general de unas declaraciones hechas por Wolfram y Liselotte Bossert, un matrimonio austriaco de 59 y 57 años respectivamente, que afirma haber hospedado a Josef Mengele en su finca desde 1975 hasta el 7 de febrero de 1979, fecha en la que el buscado anciano se habría ahogado en Bertioga, una pequeña playa del litoral paulista.

Un mes antes, la Policía de Alemania Federal había encontrado unas extrañas cartas en el guardarropa de una casa en Ney Ulm, cerca de Stuttgart. En tales papeles hallaron referencias que los condujeron a la tumba de Embú. Hans Klein, el funcionario de Francfurt a cargo del caso Mengele desde 1974, contó que el allanamiento a esa morada se efectuó después de que un profesor universitario informó haber conocido a alguien que se ufanaba de haber participado en arreglos para ayudar a un fugitivo nazi. El locuaz interlocutor del profesor había trabajado, cuando esa operación, en una finca en Gunzburg, propiedad de la familia del "Angel de la Muerte". En los documentos que así hallaron --que contienen siete cartas que podrían haber sido enviadas por el mismo Mengele-- hay una firmada por los Bossert en la que aluden a la muerte de éste.

Los Bossert no fueron los únicos que ampararon a Mengele. Antes de ellos una pareja húngara, Gitta y Geza Tannus Stammer, tuvieron su encontrón con el viejo en no menos emocionantes condiciones. Gitta, de 65 años y nacionalizada en Brasil por haber vivido allí desde 1948, contó a las autoridades que en 1959 ellos adquirieron una propiedad en la comunidad de Nova Europa, cerca del pueblito de Araraquara, a 300 kilómetros de Sao Paulo. Llevaban viviendo ahí dos años cuando un tal Wolfgang Gerhard (el verdadero), a quien habían conocido en una fiesta de alemanes en Sao Paulo, les hizo una sugerencia que les pareció interesante: dar empleo a un hombre de origen suizo llamado Peter Hochbichlet. Los Stammer aceptaron y pronto hubo en su finca un nuevo administrador.

Pero el hombre tenía un comportamiento nada usual en un empleado:
no aceptaba que se le pagara un salario, sino que, por el contrario, estaba dispuesto a pagar su alimentación y el lavado de sus ropas. El tal señor Hochbichlet, que de por si casi nunca salía del fundo, era en verdad autoritario e irascible, y pronto terminó arrinconando a los demás empleados de la casa e interviniendo en la vida privada de la familia, lo que hizo que las relaciones personales con él se deterioraran rápidamente. Pero los Stammer no lograban deshacerse del incómodo administrador. Cuando amenazaban con echarlo, recibían la visita de un alemán que sólo se identificaba como Hans, quien lograba aplazar la expulsión del empleado.

Al año de estar allí el misterioso señor Hochbichlet reveló a los Stammer su "verdadera" identidad. Los tres se habían cambiado en esos días a otra hacienda en la región de Sierra Negra, a 150 kilómetros de Sao Paulo. Allí un día encontraron un periódico olvidado en el que había un artículo sobre Josef Mengele. El parecido entre el empleado "suizo" y la foto que ilustraba el reportaje obligó al administrador a confesarles que él era el "Angel de la Muerte".

No se habían acabado de reponer los esposos del susto cuando Hochbichlet les advirtió en tono sereno que la vida de sus hijos correría peligro si ellos rehusaban continuar acogiéndolo, o si lo denunciaban a la Policía. Convenido que ellos nada harían en vista de la amenaza, vino la compensación: Hans hizo varias apariciones en la casa trayendo buena cantidad de dólares con los cuales pudo el trío cambiar una vez más de vivienda, yendo a instalarse en una finca mejor en Cairiras, en las afueras de Sao Paulo. A la postre, este mensajero resultó ser Hans Sedl Meire, un ex empleado de la familia Mengele en Gunzburg, Alemania.

Mozart y libros de medicina
Fue en Cairiras donde los Stammer conocieron a los Bossert. Mengele (o Hochbichlet) llevó un día a Wolfram Bossert a casa y desde ese día tales visitas se hicieron asiduas y la amistad entre las dos familias se consolidó. Cierto día de febrero de 1975, los Stammer cedieron su mansión en el dorado paulista a los Bossert y con ella al mandón y vigoroso anciano. Pocas veces volvieron a verse todos ellos desde entonces.

Tres años más tarde el protector de Hochbichlet, el austriaco Wolfgang Gerhard, a quien los Bossert describen como un veterano y meticuloso nazi, regresó a su patria no sin antes donar sus papeles de identidad brasileños a su protegido. Poco después, en Graz, Austria, Gerhard (el verdadero) moría en extrañas circunstancias: asesinado a golpes de palo en la cabeza. Desde este momento Hochbichlet (o Mengele) asumió la identidad de Gerhard. El fiel Wolfgang (el verdadero) era quien había buscado esconder al médico nazi con los Bossert después de comprobar que ellos nunca denunciarían el hecho.

¿Cómo era Mengele durante esos años? Según él mismo reveló a los Stammer cuando cayó Hitler él volvió a Italia y de allí se trasladó, en un barco francés a Buenos Aires. Después de vivir en las afueras de Asunción, Paraguay, y algún tiempo en Uruguay, llegó a Brasil a mediados de 1961. En Paraguay había contraído una enfermedad tropical que le causaba de vez en cuando calambres e hinchazones en una pierna. También sufría de artritis y de dolores de cabeza, lo que no le impedía trabajar enérgicamente en la reparación de las casas donde vivía. Sus únicos placeres consistían en escuchar música de Mozart y leer libros de medicina y biología que de vez en cuando le llegaban de Alemania. "El era un hombre inteligente y cultivado", asegura la señora Stammer. Se interesaba en todo libro o reportaje sobre el Affaire Mengele y duraba horas reflexionando sobre el origen de tales textos, y si ponían en peligro su clandestinidad. "El tenía tremendas ganas de seguir viviendo --dijo el señor Bossert-- por eso sobrevivió tanto tiempo".

Obviamente el siniestro médico era cauteloso hasta la paranoia. Nunca salía, por ejemplo, a la calle sin haberse calado un sombrero pues decía que tenía una frente inconfundible. "Creía que toda la gente, en la calle, lo miraba", anota la señora Stammer.

"El no era estúpido para arriesgar su vida", dicen los Bossert. "De todas formas era el hombre más buscado del mundo". ¿Por qué nunca sus enemigos le encontraron? Los Bossert creen que lo salvó el hecho de no haber tenido vínculos directos con casi nadie. "Si el círculo hubiera sido más amplio, lo habrían podido hallar" afirmaron al momento de comentar que ellos jamás habían tenido contacto con ninguna red internacional de protectores de criminales nazis. "Si existe una organización de nazis, ellos entonces deberían de estar avergonzados de no haber encontrado otra protección para Mengele que una pareja de húngaros. A nosotros mismos que no teníamos nada que ver en el asunto. Cuando la guerra terminó, yo tenía 19 años", explicó Wolfram Bossert, quien no ocultó haber pertenecido a la Juventud Hitleriana, hecho al que no le dio ninguna importancia.

Rolf si cree
La señora Bossert, quien perdió su empleo de maestra tan pronto la Policía la interrogó sobre estos aspectos, dijo que el doctor Mengele vivía en forma tan sencilla que algunas veces lo vio con ropas deshilachadas y que ella solía coserle las camisas. "Es muy difícil creer que una persona que ama la naturaleza, los niños, los animales y se interesa por la literatura y la filosofía pudo haber cometido crímenes tan crueles", considera Bossert. "La policía me dice que muchos criminales parecen ángeles, pero yo aún lo dudo", concluye.

De todas formas, la acumulación de pistas en menos de dos días puso contra las cuerdas a los cazadores de nazis. La Policía de Sao Paulo no sólo encontró la foto de Rolf Mengele, hijo del criminal de guerra nazi, en la casa de los Bossert, sino también un texto que, afirman, es un diario del médico de Auschwitz. Rolf, que es un abogado de 41 años radicado en Friburgo, terció en el asunto al señalar en una nota que entregó a la prensa que el no tenía duda de que el cuerpo descubierto el 6 de junio pasado fuera el de su padre. "Estoy seguro que las pruebas forenses confirmarán esto muy pronto". También explicó que él había viajado al funeral de 1979 para constatar en qué circunstancias había fallecido su padre y que guardó silencio hasta la fecha dado el tipo de gente que rodeó a Mengele en los últimos 30 años.

Según reveló Jens Mackenjos, un arquitecto de Munich que es pariente de Rolf, éste y su esposa habían recibido amenazas de muerte de anónimos nazis cuando los rumores de la muerte de Mengele aparecieron en los periódicos. "Todas las víctimas y sus parientes tienen mi y nuestra más profunda simpatía", declararon Rolf y su esposa queriendo decir con ello que no compartían la actuación de su padre en Auschwitz.

¿Podrán los legistas brasileños, alemanes e israelitas constatar plenamente si los restos de Embú son los de Mengele? ¿Hasta qué punto un viejo esqueleto de seis años puede aportar pruebas definitivas? La polémica hasta ahora comienza pues los más incrédulos recuerdan que un cadáver identificado oficialmente en 1975 como perteneciente a Martin Bormann, otra codiciada pieza de caza de los señores Wiesenthal y Karsfeld, no ha logrado poner fin a las especulaciones. ¿Habrá sido esta historia del ahogado en las remotas playas de Bertioga la "jugada maestra" de los amigos del doctor Mengele para permitirle a éste disfrutar sus últimos años de vida bajo un cálido refugio en algún lugar del Cono Sur latinoamericano? Todo puede ser. Con la clase de sujeto que fue siempre el "Angel de la Muerte" todo puede ser.--
Eduardo Mackenzie, corresponsal de SEMANA en París

ASI MATABA
Hace pocos meses, en Jerusalén se llevó a cabo una audiencia de tres días sobre los crímenes del doctor Mengele en los campos de concentración. Treinta sobrevivientes de los crueles experimentos de "El angel de la muerte" dieron su testimonio ante un panel. Algunos de ellos eran mellizos idénticos que habían sido sometidos a brutales pruebas médicas. La primera en hablar fue Simone Veil, ex presidenta del Parlamento Europeo, quien a los 16 años fue deportada de Francia a Auschwitz. "Decidí dar mi testimonio por el bien del futuro, para ayudar a otros a entender, si eso es posible", dijo ella. Describió su llegada al campo de concentración con sus padres y hermana, y contó el proceso sistemático de despersonalización y de total humillación que sufrieron.

Otros testigos fueron Vera Kriegel y su hermana gemela Olga, quienes fueron sometidas a tests que incluían inyecciones, gotas en los ojos y punciones lumbares. También habló un hombre de 72 años, Azriel Ne'eman, quien fue empleado como enfermero en una sección del bloque que servía de hospital, donde un polaco judío de mediana edad con seis dedos en cada mano, fue aislado por Mengele para dedicarle atención especial. Un día que Mengele hacía sus rondas encontró que el hombre había muerto. "Le dio un ataque de ira, porque su interés científico se había frustrado.
Poco después, hizo una selección sobre la base de que quien no se podía parar firme sobre su cama debería ir a la cámara de gas".

Luego vino el relato de las mellizas enanas Perla y Elizabeth, ambas en sillas de ruedas. Las hermanas son miembros de la familia O'Victh, una familia de teatreros originaria de Hungría, que incluye 7 enanos y tres hijos de estatura normal. Eran 19 cuando llegaron al campo de concentración. Elizabeth estaba entonces casada con un hombre de estatura normal. Contó que al comienzo Mengele no creía que eran judíos, pero que después de convencerse "se sintió muy excitado con su descubrimiento", y había dicho que "ahora tengo trabajo para 20 años". Las mellizas enanas presentaban para él un doble interés, razón por la cual las sometió a muchas pruebas que incluían inyecciones en el útero, muestras de sangre e inclusive extracción de dientes sanos. Un día fueron conducidas al hospital de la SS donde fueron exhibidas frente a una audiencia de más de 2 mil oficiales y guardias que habían venido de otros campos. Himmler estaba en la primera fila. A los tres hijos normales de la familia les fue permitido vivir, pero para cuidar de sus hermanos enanos. Todos sobrevivieron.

Al final de las sesiones, el psiquiatra Shammai Davidson, quien ha trabajado intensamente con sobrevivientes de los campos de exterminio nazis, dijo que la sobrevivencia de muchos de los mellizos de los experimentos de Mengele era rara. Aproximadamente 1.250.000 niños judíos fueron exterminados. "Cada vez que un mellizo encuentra un compañero que sobrevivió, es como si encontrara la otra parte de sí mismo", dijo el psiquiatra.

Simon Wiessenthal, el más conocido cazador de nazis, sobreviviente él mismo, suplicó en nombre de los gitanos que fueron perseguidos junto con los judios, porque "ellos no tienen una voz internacional que defienda su caso ".

LOS NAZIS DEL BRASIL
¿Odessa está en Brasil? Los hallazgos recientes en Brasil respecto del doctor Mengele han sacado a flote cifras impresionantes sobre la presencia en ese país de ex nazis. Según la Federación Israelí de Sao Paulo, en ese país viven más de 5 mil ex nazis bajo la protección de una organización llamada Kahrradenwerk, que recuerda a la legendaria Odessa, creada al finalizar la Segunda Guerra Mundial para repatriar y ocultar a los dirigentes nazis que no cayeron en manos de los aliados. El sigilo, la precisión y la audacia caracterizaron a los miembros de organizaciones tipo Odessa, quienes siempre contaron con grandes sumas de dinero para financiar sus proyectos.

De llegar a ser cierta la "pista brasileña" en el caso de Mengele, quedaría también confirmada la existencia en Latinoamérica de un grupo dedicado a ocultar ese tipo de refugiados. Esto ha puesto sobre aviso a Israel y a sus aparatos secretos. Se afirma que de los 200 mil judios que viven en Brasil, unos 1.500 están trabajando tiempo completo en la localización de ex nazis. Según el Instituto Yad Vashen de Jerusalén, en Brasil hay toda una variedad de criminales de guerra bajo nombres falsos, y que no son sólo de nacionalidad alemana, sino también lituanos, ucranianos y rusos. Brasil hasta la fecha no era tenido como país-refugio de nazis, como si lo han sido Argentina, Paraguay y Bolivia.

LAS MUERTES DE MENGELE
No es ésta la primera ocasión en que Mengele es declarado muerto. En la persecución que se le ha hecho durante más de 40 años, varias veces ha sido reportada la muerte del médico nazi. La primera fue aparentemente poco después de la Segunda Guerra, antes de que "El angel de la muerte" se convirtiera en un notorio fugitivo. En 1948, Telford Taylor, cabeza del grupo de investigadores americanos del juicio de Nuremberg, informó a Washington que tenía pruebas que parecían demostrar que el doctor Mengele estaba muerto desde octubre de 1946. Taylor dijo recientemente que hoy, 40 años después, no podía recordar qué lo había llevado a esa conclusión y que tampoco se acordaba de haber escrito ese memorando a Washington. Taylor dio esta respuesta cuando se le solicitó que se preparara para testificar contra el médico nazi sobre su papel en los experimentos científicos del campo de concentración de Auchwitz.

En 1968, un antiguo agente de policía del Brasil y un refugiado antinazi de Austria, Erich Erdstein, aseguraron haber rastreado al doctor Mengele hasta el río Paraná, entre Paraguay y Argentina, donde lo habrían abaleado en el cuello y en el pecho, en un tiroteo en el río. No queda claro si Mengele fue posteriormente rescatado por los paraguayos o si murió víctima de las balas.

En 1970, informes de la prensa suramericana señalaban que Mengele había muerto y que fue enterrado en las afueras de Asunción, bajo el apellido Flores.

A comienzos de este año hubo también informes de prensa de un hombre que se suponía era Mengele y que se había suicidado en Portugal. Hace pocos meses, el Instituto para las Relaciones Germano-Paraguayas reportó que el médico nazi había muerto y su cuerpo cremado en Bolivia en 1976.

Pero inevitablemente, después de cada uno de esos reportes de posible muerte de Mengele, aparecían indicios o pruebas de que el médico de Auchwitz continuaba con vida.

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