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| 3/3/2012 12:00:00 AM

Vladimir Putin, un zar que ve grietas en su imperio

Puede que el rostro de Vladimir Putin no esté impreso en el rublo, pero los ciudadanos rusos saben que muchos de los billetes que hay en sus bolsillos fueron producidos mayormente durante su mandato.

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BBC
La estabilidad y desarrollo económicos junto a su impronta de hombre fuerte, lo han sostenido en el poder. Sin embargo, las críticas ganaron la calle en los últimos meses, mostrando las primeras grietas de una autoridad que parecía inquebrantable.
 
Después de ocho años como presidente y cuatro como primer ministro, Putin va a las urnas intentando suceder a su sucesor en la presidencia, Dmitri Medvedev.
 
Después de los caóticos años de Boris Yeltsin, su llegada al poder quedó asociada con una prosperidad que pocos se podrían cuestionar.
 
Sus detractores creen que por esa bonanza económica y estabilidad se pagó un precio en libertades democráticas poscomunistas. Se lo acusa de asfixiar la democracia y de introducir prácticas de censura, se gún se ha publicado en la prensa.
 
Desde su llegada al poder se ha preocupado por mostrar una imagen de hombre fuerte y de acción, y no ha fracasado en ello. La televisión rusa se ha esforzado en mostrarlo disparándole a un tigre, conduciendo una Harley Davidson o volando un avión de combate.

Sin embargo, en los últimos tiempos esa fortaleza empezó a mostrar grietas. De hecho, el pasado mes de noviembre fue abucheado durante una competencia de artes marciales. Semanas más tarde, surgieron protestas en las calles de Moscú y otras ciudades. Los manifestantes pedían su renuncia en medio de denuncias de supuesto fraude en las elecciones para la Duma.

La magnitud de esas manifestaciones quedó reflejada en su propia actitud. Primero, quiso restarles importancia aduciendo que eran fomentadas por Estados Unidos. Pero después acusó recibo de las mismas anunciando que estaba dispuesto a mantener conversaciones con la oposición.

Su llegada al poder
 
Vladimir Vladimirovovich Putin era un agente del servicio de inteligencia ruso en tiempos del comunismo. Estuvo destinado por la KGB en Alemania del Este en los '80.

A principios de los '90 pasó a ser asesor del alcalde de San Petersburgo, ciudad en la que nació hace 59 años, cuando se llamaba Leningrado.

De allí se trasladó a Moscú para formar parte de la administración Yeltsin. En 1998 se hizo cargo del FSB (sucesor de la KGB). Y un año después fue designado primer ministro y, tras la renuncia del líder, ocupó la presidencia en forma interina.

Las elecciones de 2000 lo catapultaron definitivamente al poder. Allí inició sus 12 años ininterrumpidos en el centro de la vida política rusa.

Su gestión
 
Desde su llegada al poder quedó claro que no se andaría con medias tintas. Su mano dura contra el separatismo checheno le valió gran popularidad.

Mantuvo un férreo control militar sobre Grozny, ya sea en forma directa o no. Jamás abrió a negociaciones con los rebeldes. El precio fue una serie de ataques cada vez más violentos que llegaron al horror de la toma de la escuela de Beslan.

En lo económico no le podía ir mejor al país. La confianza de los inversores no paró de crecer. Los precios favorables para la exportación de petróleo y gas le ayudaron a dar una estabilidad que no se percibía desde los tiempos comunistas.

Mayor resultaba esa sensación si se comparaba con la crisis de la devaluación del rublo a fines de los '90.

La aprobación de su gestión presidencial quedó evidenciada en las cifras de los comicios. En sus primeras elecciones ganó en primera vuelta con el 51% de los votos. En 2004 aplastó a sus oponentes con un abrumador 71%.

Sin embargo, el partido que lidera aunque sin estar afiliado -Rusia Unida-, retrocedió hasta el 49,5% de los sufragios en los comicios que precedieron a las protestas del año pasado.
 
Aliados y enemigos
 
A lo largo de sus años al frente de la Federación se fue deshaciendo de los más reformistas en el gobierno. Los fue reemplazando por aliados más conservadores o neutrales que no ponían oposición a sus iniciativas.

Muchos de los que de alguna manera fueron su nexo con Boris Yeltsin, y por ende tuvieron algo que ver en su llegada al poder, acabaron tras las rejas o en el extranjero.

Antiguos "oligarcas" de la era Yeltsin como Boris Berezovsky y Vladimir Gusinsky -empresarios que se hicieron ricos en medio del caos de las primeras privatizaciones- acabaron como fugitivos viviendo en el extranjero.

Por su parte, Mikhail Khodorovsky, alguna vez director de la gigante empresa petrolera Yukos y hombre más rico de Rusia, está preso por evasión de impuestos. Este hecho generó muchas críticas desde el extranjero.

Vida privada

La vida privada de Vladimir Putin está a buen a resguardo. Nunca ha hecho de su vida familiar una cuestión pública.

Su esposa Lyudmila se ha mantenido fuera de los focos de los medios durante los últimos años. Y él se ha ocupado de proteger a sus dos hijas de quedar inmersas en el debate público.

Ya sea para cuidar a su familia, para proteger su poder político o para actuar contra sus opositores, Putin nunca duda en actuar. Evita a toda costa mostrar debilidad, aun cuando su apoyo popular haya caído.

"Te morderá si te acercas demasiado, y ese es el tipo de país que intentó construir", opinó la periodista Masha Gessen en una entrevista concedida a la revista del Daily Telegraph. La autora de la biografía sobre Putin que llegó a las librerías en los últimos días eligió un título sugestivo para alguien que lleva tanto tiempo en el poder: A man without a face (Un hombre sin rostro).
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