Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/07/01 00:00

VOLVER A EMPEZAR

LA CONDENA DE CARLOS ANDRES PEREZ, EXTEMPORANEA Y POCO CONVINCENTE, LE PERMITE RESURGIR EN EL PANORAMA POLITICO VENEZOLANO COMO UN AVE FENIX

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Hace tres años, y como vaticinando su futuro, Carlos Andrés Pérez dijo que "hubiera preferido otra muerte y no ésta". Era mayo de 1993 y acababa de ser destituido de la Presidencia, casi un año antes de concluir su mandato, para someterlo a un juicio por peculado y malversación. Ese juicio apenas concluyó la semana pasada con una sentencia condenatoria por "malversación genérica agravada" que dividió las opiniones de los venezolanos. Pero Pérez está vivo y coleando, ha pasado los últimos dos años con su casa por cárcel y espera salir en septiembre para devolver golpe por golpe. Para los observadores extranjeros, la decisión de la Corte Suprema de Justicia estuvo inspirada en el término medio, en la solución salomónica de estar bien con Dios y con el diablo, pero jamás en la idea de asumir una posición clara, definida y comprometida. Los 15 magistrados del máximo tribunal pasaron mes y medio pensando qué hacer con una papa tan caliente como el proyecto condenatorio de cuatro años de presidio presentado por el ponente Luis Manuel Palís. Y se transaron por condenarlo efectivamente, para complacer a los que pedían públicamente una condena, pero sólo a dos años y cuatro meses, para suavizarla ante la evidente falta de pruebas, con la secreta esperanza de aplacar la ira de una figura como Pérez, que ahora, en medio del desencanto por el presidente Rafael Caldera, aparece con su imagen política rejuvenecida y un aura de mártir de la democracia. De esa forma Pérez podrá salir prontamente en libertad a la calle en su tradicional afán político, sin que le queden castrados sus derechos adquiridos constitucionalmente por haber sido dos veces presidente de la República, la primera en 1974-1979 y la segunda en 1989-1993. Y es que los cálculos numéricos determinaron la condena salomónica de la Corte a pesar de la arrechera (la rabieta venezolana) del acusado y de sus alegatos de víctima. En el voluminoso expediente nunca se pudo demostrar realmente dónde malversó los 250 millones de bolívares (17 millones de dólares a la paridad cambiaria de 1989) de los fondos secretos, amparados por el secreto de la ley, ni quién se benefició con ellos. Porque aunque hay testimonios de los 60 policías venezolanos que fueron enviados a Managua en 1991 para proteger a la presidenta electa de Nicaragua Violeta de Chamorro, cuya vigencia democrática era vital para la seguridad externa de Venezuela, Pérez siempre se negó a traicionar la obligación de mantener el secreto de la destinación de los fondos y declarar que habían sido aplicados al cumplimiento de esa misión. Varios presidentes venezolanos ayudaron a la democratización de los países centroamericanos en el pasado reciente pero, como Pérez, ninguno reveló cómo se manejaron los fondos reservados porque, como su nombre lo indica, se trata de partidas de destinación secreta. Igual ocurrió con Pérez pero, en su caso, un país traumatizado por su empobrecimiento acelerado pedía a voz en cuello un chivo expiatorio. Después de tener el caso en sus manos durante tres años, suficiente tiempo para estudiar bien si tenía o no las pruebas para sentenciar de la manera como lo hizo, la Corte se vio en la obligación de condenarle. Porque hacer lo contrario significaba reconocer una equivocación y asumir ante el país las consecuencias de un trauma político y económico que desestabilizó todo y que todavía se está pagando. Por ello era preferible cortar por el medio para que todos salieran ganando de cara al futuro. Por supuesto, los magistrados de la Corte no están dispuestos a asumir sus errores, como nadie en los tres poderes de Venezuela, donde si bien existe una importante parte de la opinión que cree que Pérez es culpable, hoy son muchos los que han llegado a creer que el juicio fue una gran injusticia. Pero como el ex presidente ya ha cumplido dos años de arresto domiciliario en su casa llamada 'La Ahumada', bien puede pagar cuatro meses más de encierro, y la Corte queda bien con todos. Pérez se siente indignado por la condena pero dice que la vaga malversación imputada no le afecta su reputación."Si me hubieran condenado por el delito de peculado, eso sí podría mancillar mi nombre y reputación", dice. A pesar de que el fallo judicial le salva de quedar inhabilitado políticamente y le permite seguir cobrando su pensión de 500.000 bolívares mensuales (cerca de 1.000 dólares) como senador vitalicio y ex presidente, que es "mi único ingreso", su pronta libertad ha puesto a temblar a los políticos venezolanos. Pérez declaró que regresará a la arena política "lo que quiero es salir a la calle a luchar por el rescate de Acción Democrática, por la democracia y por el bienestar del pueblo" para convertirse en el principal opositor del gobierno actual, promete cambiar el panorama político nacional, y quién sabe si el internacional también, pues su condena no ha hecho otra cosa que cimentar aún más su imagen de estadista de ideas integracionistas de América Latina. Como un ave fénix, saldrá el 19 de septiembre próximo a iniciar "mis giras por toda Venezuela, empezando por mi tierra natal del Táchira". Y si no es capaz de rescatar a su partido, AD, del "postramiento" en que se encuentra, entonces no descarta que "habrá que formar otra fuerza política".

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