Martes, 24 de enero de 2017

| 1984/04/16 00:00

VOTOS Y BALAS

En medio de general escepticismo y con la guerrilla tácticamente fortalecida, El Salvador eligira nuevo Presidente el 25 de marzo.

VOTOS Y BALAS

Se ha iniciado ya el conteo regresivo para las elecciones presidenciales que El Salvador, el país más pequeño de Centroamérica con más de 5 millones de habitantes, realizará el próximo 25 de marzo. La campaña electoral se ha intensificado en los últimos días pero, como lo señalan algunos observadores internacionales, se asemeja más a una guerra entre bandas que a una consulta política y existe la impresión generalizada de que a pesar del "bombo", las elecciones van a servir de muy poco. Estas sólo servirán para cambiar el Presidente y el Vicepresidente que tendrán que gobernar hasta marzo de 1985 con la actual Cámara Legislativa, convertida a sí misma de Asamblea Constituyente en Congreso por un año más.
De los seis partidos que han presentado candidatos -básicamente los mismos que hace dos años-, sólo tres tienen serias posibilidades de ganar: el Partido Demócrata Cristiano, el Partido de Conciliación Nacional y ARENA. Las elecciones están programadas en dos vueltas. Si en la primera ningún candidato supera el 50% de la votación, se realiza una segunda, un mes después, en la que los dos candidatos con mayor cantidad de votos se disputan la presidencia.
Las elecciones van a coincidir en un momento en el cual la guerrilla se muestra tácticamente más fuerte que nunca y cuando han hecho su reaparición los temibles Escuadrones de la Muerte que, sin hacer distinción alguna, asesinan a miembros del PDC o de la izquierda, integrada en el Frente Democrático Revolucionario (FDR) y su brazo armado el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). En medio del clima de caos y de desconfianza, diputados de todos los partidos, excepto del ultraderechista ARENA, han recibido avisos de muerte e inclusive coronas de flores encargadas por desconocidos a funerarias de la capital.A esto se suma un general desconcierto institucional y un escepticismo que se extiende a todas y cada una de las figuras de los candidatos, bien conocidos por todos y que, según afirman, tienen muy poco que ofrecer.

EL SEPULTURERO DE LOS OJOS
Anteojos oscuros y fusiles M-16 (arma reglamentaria del Ejército) tras ventanas de casas y edificios, consignas como "patria sí, comunismo no" y un himno que vaticina que El Salvador "será la tumba de los rojos" caracterizan las concentraciones electorales de los seguidores del mayor Roberto D'Aubuisson.
D'Aubuisson el candidato de la ultraderechista ARENA, representa a quienes piensan que el fin de la guerra civil que ha asolado al país durante 4 años, sólo es posible mediante "el triunfo militar sobre la subversión". El concepto de "guerra total" contra la guerrilla, el ultraliberalismo económico y el rescate de una autoridad fuerte, son algunos de los principios que defiende ARENA, el movimiento "contrarrevolucionario, anticomunista y antireformista" que surgió en 1981 y que ha sido liderado por el mayor D'Aubuisson.
Respaldado por sectores militares y empresarios radicales de derecha, cuenta, sin embargo, con una fuerte oposición dirigida a descalificarlo del proceso de votación. El militar, quien hasta 1979 estuvo ligado a los cuerpos de inteligencia del Ejército, ha sido vinculado a la organización de los Escuadrones de la Muerte y al asesinato de importantes figuras como el arzobispo Arnulfo Romero. Entre sus principales acusadores no sólo figura el Partido Demócrata Cristiano, que pidió al Consejo Central de Elecciones que lo descalificara como candidato, alegando razones morales, sino también el ex-embajador de los Estados Unidos en El Salvador, Robert White. Por otra parte, sectores militares estiman que una de las grandes dificultades que enfrenta la candidatura de D'Aubuisson es el rechazo de sectores oficiales de los Estados Unidos que, en el Congreso, se habían negado a tramitar toda solicitud de ayuda militar adicional a ese país hasta después de las elecciones. Hacendados, caficultores, algodoneros y ganaderos, lo mismo que la llamada "cúpula de empresarios", son el principal sostén de ARENA, así como personas adineradas que huyeron en 1980 para refugiarse en Miami, otras ciudades de Estados Unidos y Europa.
"Progreso, paz y trabajo " promete D'Aubuisson y afirma que "como Presidente de la República voy a ser también el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y en esa calidad vamos a ganar la guerra".

QUEMADO PERO CON OPCION
El Partido Demócrata Cristiano es, en teoría, el favorito para ganar las elecciones. En su cuarto intento por ganar la presidencia, el PDC presenta como candidato a su líder histórico José Napoleón Duarte. Encabeza un programa de gobierno de "amplia participación'', que acoge tesis formuladas por el FMNL, en procura de una solución política para la guerra civil, y se centra en la promulgación de lo que ha sido llamado un "pacto social" que le abre las puertas de la Unión Popular Democrática, la mayor central obrera legal y la única que se ha podido movilizar desde que se implantó el estado de sitio en 1981, y a sectores empresariales organizados en el Consejo Nacional de Empresarios Salvadoreños (contrarios a la cúpula que se alínea con ARENA), entre otros. Además de la apertura política, el programa del PDC postula como puntos principales la pacificación y democratización del país, apoyo a los esfuerzos latinoamericanos para lograr una solución política que alcance la paz, un adecuado ordenamiento que garantice la libertad y la seguridad ciudadanas y el combate sistemático a los Escuadrones de la Muerte.
Calificado por sus detractores de ultraderecha como "loco" el ridiculizado como "boy scout" (fue presidente de la organización y fundador de la misma en su país), Duarte tiene opositores aún dentro de su mismo partido que lo consideran "excesivamente quemado". Cuando Duarte fue candidato en 1973 y ganó la presidencia, Ouillermo Ungo -actualmente el máximo representante del FDR y portavoz de la guerrilla- iba como Vicepresidente. El Ejército encarceló a Duarte antes de que tomara posesión del cargo, lo torturó y lo envió al exilio. Regresó en 1980 para participar en la Junta cívico-militar y finalmente fue proclamado Presidente. Su dependencia de los militares en los primeros años de la guerra le han significado el rechazo de buena parte de los cuadros del PDC. Sin embargo, y a pesar de algunos slogans que rezan "Juntos Duarte y la corrupción hundieron la nación " o "Juntos Duarte y Ungo en la oposición", Duarte se presenta como el candidato con mayor opción. Pero los analistas políticos estiman que si no gana en la primera vuelta, es probable que la presidencia recaiga en alguno de los otros dos candidatos de ARENA y el PCN.

MALOS RECUERDOS
Empeñado en ganar un espacio político en el reducido espectro electoral, el Partido de Conciliación Nacional -base política de las dictaduras de las dos décadas anteriores- pretende convertirse en la alternativa de centro para las próximas elecciones. Partido de derecha moderada y partidario del anterior régimen provisional cívico-militar, aunque crítico de sus resultados, el PCN defiende la libre empresa y se ha ganado el apoyo de sectores económicos y militares fuertes. Creado en torno a los militares que gobernaron el país durante 18 años hasta el golpe que dieron los militares jóvenes en octubre del 79, el PCN es acusado por sus adversarios de representar "el continuismo militar oligárquico, característico del régimen prevaleciente". Pero la generación más joven -encabezada por Rafael Rodríguez hasta su asesinato antes de las elecciones de marzo del 82- tiene afinidad con corrientes socialdemócratas y ha intentado mostrarlo como un partido renovado con dirección política progresista.
A pesar de que el control del partido lo ejercen cuadros que se colocan más a la izquierda que sus fundadores, el candidato fue escogido por los sectores más tradicionales de la organización. Se trata de José Francisco "Chachi" Guerrero, ministro hasta hace poco del gobierno provisional de Magaña y hábil político que, según observadores políticos, ha sabido nadar entre dos aguas para mantenerse a flote y cuenta con el apoyo de la embajada de los Estados Unidos en El Salvador. Analistas políticos lo señalan como el punto de equilibrio en la actual contienda electoral, como el "centro" político entre la polarización provocada por el PDC y ARENA. Sin embargo, al parecer porque el candidato no se ha pronunciado muy específicamente sobre temas cruciales del país y se ha limitado a prometer que los estudiará para buscar soluciones justas en su futuro gobierno, hay quienes opinan que el PCN ha perdido considerable fuerza.
Las elecciones del próximo 25 de marzo tienen a la expectativa a la opinión. La guerrilla salvadoreña aunque ha tenido considerables avances tácticos y se encuentra militarmente más fuerte que nunca, ha perdido cierta popularidad en algunas zonas del país. El asesinato en Managua de la comandante Ana María y el posterior suicidio de Cayetano Carpio produjo una escisión dentro de las Fuerzas Populares de Liberación Nacional. Por su parte, el Ejército, no obstante pronunciamientos del comandante Guerra del FMLN en el sentido de que no boicotearían las elecciones, pero que tampoco permitirian una "Sarsa en nuestros territorios controlados", espera fuertes ofensivas, y altos oficiales han dicho que la estrategia de la guerrilla es "golpear fuerte hasta el día antes y lograr que el 25 de marzo no salga nadie a la calle, aunque ese día no disparen un sólo tiro". Tanto ARENA como el PDC enfrentan problemas internos y, como se ha dicho, el PCN ha perdido fuerza.
En estas condiciones, pocos creen que las elecciones puedan determinar un cambio significativo. Quien gane no las va a tener todas consigo, ya que estará obligado a gobernar con la Cámara Legislativa actual que prolongará su actividad legislativa hasta un año después de las elecciones.

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