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| 4/30/1984 12:00:00 AM

VOTOS Y CAOS

Las recientes elecciones salvadoreñas no pasarán a la historia como las más ordenadas

El Presidente salvadoreño Alvaro Magaña no expresó tanto entusiasmo, al hablar de las elecciones del 25 de marzo, como el Presidente norteamericano Ronald Reagan. Este, un día después de los comicios--cuando aún no se conocían los resultados de los mismos--dijo que dicho evento "fue un triunfo de la democracia sobre el totalitarismo", aludiendo a los rebeldes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de quienes se dijo sabotearían las elecciones. Magaña, más prudente,tuvo que concretarse a dar explicaciones acerca de porqué tanta gente se quedó sin votar. "Reconozco que no hubo una información suficiente y adecuada con anticipación para los votantes", señaló al respecto.
La cautela del mandatario salvadoreño reflejaba de algún modo lo que sucedía, dos días después de los comicios, en la calle. Agotada la primera fase post-electoral, marcada por el optimismo en los círculos oficiales, surgieron las primeras dudas sobre la legitimidad del proceso. "Los guerrilleros no tenían que obstaculizar estos comicios: el gobierno se encargó de hacerlo por ellos", declará Juan Ratlzs Rosales, dirigente del derechista Movimiento Estable Republicano Centrista (MERECEN), una de las ocho fuerzas que participaron en la contienda electoral. Dicho esto, este partido y otros dos de centroderecha,Acción Democrática (AD) y el Partido Auténtico Institucional Salvadoreño (PAISA), anunciaron que impugnarían las elecciones. ¿El motivo? Según Luis Lenson Segovia, de AD, ellos habían reunido pruebas de "cien casos diferentes de irregularidades" en las votaciones. Incluso la Democracia Cristiana, que se autoproclamó ganadora al otro día de los comicios, acusó al Consejo Central Electoral (CCE) por "el caos total" durante la votacion. Para ellos, según señaló el secretario general de la DC, Julio Adolfo Rey Prendes, las elecciones del 25 de marzo "no pasarán como las más organizadas del país".
Pero estas muestras de disgusto no fueron sólo de los partidos. Anónimos ciudadanos dejaron constancias parecidas ante la prensa. "Esto es una farsa, una completa farsa", dijo por teléfono una mujer a la UPI. "Me enviaron a tres casillas diferentes y mi nombre no apareció en ninguna lista. Finalmente me dí por vencida y me fui a casa", agregó. Ni el ejército se calló: "Estas fallas pueden ser lamentables para los resultados", expresó el jefe del estado mayor del ejército, coronel Adolfo Blandón, aumentando la expectativa sobre el significado real de tales elecciones.
El cálculo que algunos observadores hicieron sobre la ciudadanía que no pudo votar por las anomalías en los padrones electorales, fue de un 30%. Respondiendo a esto, una funcionaria de la CCE, Virginia Melgar, tuvo que admitir que "hubo incidentes por cuestiones técnicas". Sin embargo, ésta no fue la única falla. El jefe del sistema de cómputos del CCA, Morgan Bohorquez, renunció después de protagonizar un incidente con el apoderado de la DC, Roberto Meza Delgado, quien acusó a Bohorquez de favorecer en los escrutinios a ARENA, el partido de extrema derecha de Roberto D'Aubuisson.
A estos hechos se sumó uno más: tres días después de los comicios, el CCE no había dado razón chica ni grande sobre los resultados electorales. Sólo pudo explicar el miércoles que habían contabilizado el 15% del total calculado y que hasta el viernes 30 tendrían los resultados finales. Pese a esta ausencia oficial de datos, la DC se apresuró, el lunes, a proclamar su victoria, aunque reconoció que la elección presidencial deberá definirse en la segunda vuelta, a realizarse el 6 de mayo próximo. Julio Adolfo Rey Prendes, uno de los dirigentes de la DC, aseguró que su partido había obtenido el 48% de los votos, mientras que ARENA sólo había logrado el 23%. Francisco Guerrero, del derechista Partido de Conciliación Nacional (PCN) había obtenido el 17%, según la misma fuente.
Otras de las cosas que no se pudieron conocer, debido a las irregularidades en el CCE, fue el índice de abstención, dato clave para establecel el impacto que pudo tener la actitud adoptada por el FMLN y su brazo político, el Frente Democrático Revolucionario (FDR) ante estas elecciones.
Aunque declaró que consideraban las elecciones del 25 de marzo como "ilegítimas" por no existir condiciones democráticas para ellas y "no significar una alternativa para la actual crisis" y ser, por el contrario, "un instrumento más de la estrategia del gobierno de Estados Unidos para impulsar la guerra de contrainsurgencia", el FMLN-FDR anunció que no la considerarían como un objetivo militar.
Hablando en Bogotá, Guillermo Ungo, presidente del FDR, dijo a SEMANA que el cargo formulado por algunas agencias noticiosas nor teamericanas según el cual el FMLN "boicotearía" las elecciones, era una "manipulación periodística" pues ellos no tenían una línea de boicot de esas elecciones. "El pueblo para salvar su vida tendrá que ir a esa farsa", dijo Ungo al explicar que la elecciones en El Salvador son obligatorias y que, en las actuales circunstancias--según las cuales Washington necesita de éstas para lograr que el Congreso apruebe 93 millónes de dólares de ayuda para el ejército salvadoreño--,quien no tenga en su cédula el sello de haber votado pueda convertirse en blanco de los escuadrones de la muerte y de represalias administrativas del gobierno.
"Aunque no habrá boicot no debe olvidarse que la guerra sí se está intensificando y que el FMLN no va a dejar de luchar el día de las elecciones", agregó Ungo. Esto explicaría el hecho de que durante las votaciones fueron asaltadas posiciones del ejército por los rebeldes pero la acción guerrillera esta vez no fue tan intensa como en las elecciones de 1982, cuando hubo disparos incluso en lugares cercanos a las mesas de votación, aunque los guerrilleros si destruyeron urnas en algunas localidades como San Rafael y obligaron a centenares de personas, en Jiquilisco, a devolverse a sus casas sin haber votado.
Lo que sí se hizo visible fue el temor de la ciudadanía a ser victimizada por no votar. Una agencia noticiosa trasncribió la anécdota de una mujer que intentaba votar en el pueblo de Aguilares. Le preguntaron: "¿Por quién va a votar?" Y respondió: "No me importa por quien, sólo tengo que votar". En muchos casos la afluencia tumultosa, desordenada y en algunos casos histérica de algunos por llegar a las urnas--como el mundo lo vio en las imágenes de TV --reflejaba, más que entusiasmo por los comicios, temor a que éstos se cerraran sin haber obtenido el sello del voto, especie de talismán para evitar futuros problemas.
¿Cuál será el destino de El Salvador--sacudido por una guerra civil que en cuatro años ha cobrado más de 40 mil muertos--tras estas elecciones? La mayoría de las respuestas que los observadores han recogido sobre el terreno indican que las perspectivas de cambios favorables son muy pocas y que la continuación de la violencia y la incertidumbre seguirán siendo el pan de cada día. Al respecto, el Vicario general de El Salvador, Monseñor Ricardo Urioste, indicó que "el verdadero partido político ha sido la estructura militar y ese factor va a seguir siendo determinante, y quien quiera que sea el Presidente llámese como se llame, no va a tener el poder". Por su parte, el arzobispo de San Salvador, monseñor Arturo Rivera y Damas declaró que "no habrá paz mientras no se busque una salida pacífica y política al conflicto", pues, "vivimos en un estado de violencia que no es producido solamente por la guerrilla", sino por "la injusticia social".
Los guerrilleros del FMLN-FDR piensan como los dos prelados. Ungo en Bogotá explicaba que "es ilusorio pensar que si el democristiano José Napoleón Duarte gana, auspiciará un diálogo con nosotros". "Eso no lo decide Duarte, sino el gobierno norteamericano y el ejército salvadoreño, quienes, con nosotros, son las tres fuerzas reales de poder en mi país".
Esta actitud que algunos podrían calificar de "pesimista" es igualmente compartida por algunos de los mismos aspirantes a la presidencia, como Francisco José Guerrero, candidato del PCN, quien no tuvo inconveniente en declarar: "No creo que podamos ser optimistas, la situación se viene deteriorando poco a poco y no le vamos a dar una solución fácil". -
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