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| 7/2/2001 12:00:00 AM

Vuelta al mundo

Mientras Chávez visita a los adversarios de Estados Unidos, los rumores de golpe siguen su marcha.

Ni siquiera estando fuera del país, a miles de kilómetros de distancia durante los últimos 21 días, el presidente Hugo Chávez ha dejado dormir tranquilos a los venezolanos por sus amenazas de imponer un estado de excepción, sus abrazos con los osos rusos y los pandas chinos y los rumores de golpes de Estado que todavía no se sabe si provienen del mismo gobierno o de sus enemigos.

Tampoco está claro lo que busca el presidente con toda la parafernalia del mundo multipolar montada en su gira por Rusia, Irán, India, China, Malasia e Indonesia. Es el viaje número 60 que realiza en los dos años y medio en el poder, los que suman casi cinco meses de ausencia, muchas críticas y millones de dólares gastados.

Para la internacionalista Maruja Tarre las alianzas que ha hecho Chávez en su segunda gira mundial con el presidente ruso Vladimir Putin, el chino Jiang Zemin y la revolución islámica de los ayatolas de Irán son, por decir lo menos, “contradictorias. Le quitan seriedad al presidente. Decir que van contra el imperialismo es una provocación contra Estados Unidos”. Tarre comentó a SEMANA que Chávez tiene “una inconsistencia ideológica. Su problema es que Estados Unidos no cae en la provocación y no lo va a convertir en víctima ni héroe de América Latina. Espera que se desgaste y se desprestigie él solo”.

Pero la sorpresa es que Chávez firmó un acuerdo técnico militar con Moscú para el suministro de armamento a Venezuela. Como dijo a SEMANA el analista Aníbal Romero, ese convenio tiene un “fundamento ideológico contra Estados Unidos. Chávez está jugando con fuego y estoy convencido de que a nuestra fuerza armada no le cae en gracia para nada la idea de una alianza militar estratégica con Rusia. Aparte de que su ejército está en la ‘carraplana’ y es el país más corrupto y en manos de mafias”.

Sin embargo el ministro de Defensa, José Vicente Rangel, defiende el convenio con Rusia. También el diputado del gubernamental Movimiento V República, Francisco Ameliach, para quien el acuerdo “evitará la dependencia del norte. Estamos en un mundo multipolar”.

Con Chávez en el exterior empezaron a circular rumores golpistas acompañados de un aviso de una página publicado en The Washington Times, en el que una organización desconocida pedía la renuncia del presidente, y el anuncio del ex diputado Gonzalo Pérez de que está preparando un juicio contra Chávez por corrupción en los fondos del programa Bolívar 2000, el cual manejan los militares como ayuda a los pobres. Rangel desmintió los rumores golpistas, “aquí no habrá golpe ni contragolpe ni autogolpe ni posgolpe”, dijo. Sin embargo Chávez admitió esta semana desde China que “hubo un intento de golpe” durante su ausencia.

El ex canciller Fernando Ochoa Antich, miembro del opositor Frente Institucional Militar, dijo a SEMANA que “los rumores surgen como consecuencia del creciente descontento que produce esta política en las fuerzas armadas. Cada día se observa una mayor división entre los sectores sociales, provocada por un equivocado ejercicio del gobierno y una irresponsable incitación del presidente al uso de la violencia que podría conducir a un enfrentamiento nacional. Su deshonesta gestión ha despilfarrado los ingresos petroleros y su absurda política exterior ha comprometido a Venezuela”.

Mucha gente comenta que los rumores provienen del mismo gobierno para crear las condiciones para que Chávez declare el estado de excepción a su regreso. El secretario general del Movimiento al Socialismo (MAS) y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Leopoldo Puchi, dijo a SEMANA que el rechazo del MAS impidió que el Parlamento aprobara la ley de estados de excepción porque “no hay condiciones. Si hubiéramos aceptado se reforzarían las tensiones, la incertidumbre y la polarización de la sociedad”.
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