Martes, 17 de enero de 2017

| 2001/08/06 00:00

Vuelve y juega

Ante el desgaste del liberalismo, Daniel Ortega tiene opción para ser nuevamente presidente de Nicaragua. ¿Pero lo logrará?

Vuelve y juega

Nicaragua unida es grande, es profecía de paz, es… la tierra prometida”. Con esta frase el candidato a la presidencia de este país centroamericano por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), Daniel Ortega, busca convencer a los votantes para ocupar nuevamente el cargo en el cual se desempeñara durante la década de los 80. Sin embargo esa unión está ausente y, por el contrario, los 2,5 millones de nicaragüenses que pueden votar están polarizados en torno a las elecciones presidenciales del próximo domingo.

La razón es que faltando apenas siete días para los comicios los dos candidatos con opción de ganar se encuentran en una cerrada lucha, como lo muestran las últimas encuestas publicadas por el diario La Prensa: Enrique Bolaños, ex vicepresidente del actual gobierno, candidato oficialista del Partido Liberal Constitucionalista con un 38 por ciento, tiene literalmente un milímetro de ventaja sobre el candidato opositor, Daniel Ortega, que tiene un 37 por ciento de la intención de voto.

Esta situación era impensable hace unos pocos meses cuando Daniel Ortega cabalgaba literalmente las encuestas, cuando su partido se sentía fortalecido por haber triunfado en las elecciones regionales de hace un año, en las cuales obtuvieron las alcaldías del 60 por ciento del país, y cuando una de sus banderas, la lucha contra la corrupción, caía como anillo al dedo en un país donde se percibe a ésta como uno de los mayores problemas. Entonces, ¿qué pasó para que a Ortega se le complicara la disputa por la presidencia?

Una causa, y la más simple, es la que se comenta vagamente en los círculos políticos y periodísticos: los sandinistas arrancan bien y con gran ventaja pero en el tramo final su discurso pierde fuerza y los liberales, primero con Violeta Chamorro, y luego con Arnoldo Alemán, terminan llevándose la victoria. La segunda causa, aunque pocos lo creyeran, es Estados Unidos.

Desde que Washington empezó a ver cómo el sandinismo y Ortega ganaban fuerza se dio inicio a una política de injerencia en los asuntos electorales de Nicaragua. El embajador de Estados Unidos en Managua, Oliver Gaza, se fue en contra de Daniel Ortega al recordarle su pasado como violador de los principios democráticos y como activista de la izquierda nicaragüense. La situación se complicó aún más luego del 11 de septiembre, cuando un funcionario del Departamento de Estado anunció la preocupación del país del norte por los supuestos lazos de los sandinistas con países que patrocinan el terrorismo, como Libia e Irak y con organizaciones terroristas internacionales como las Farc.

Según Larry Birns, profesor de política internacional y director del Council of Hemispheric Affairs en Washington, “lo de Estados Unidos es un extraordinario acto de injerencia en un país con el que se manejan excelentes relaciones diplomáticas, y la posición asumida por el embajador estadounidense en Managua es totalmente reprochable”.

La tercera causa es el pasado como gobernante de Daniel Ortega desde 1979 hasta 1990—, que sigue pesando sobre sus espaldas. La expropiación de tierras, acusaciones de violación a los derechos humanos, la censura sobre la prensa y el haber liderado una supuesta campaña de asesinatos contra los indios miskitos han aparecido nuevamente en la memoria de las personas. Como lo manifestó a SEMANA el embajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Lombardo Martínez, “aunque el lobo se vista de piel de oveja, lobo se queda”.

Quedan apenas siete días para saber el nombre del nuevo presidente y lo cierto es que el sueño de una Nicaragua unida que sea la tierra prometida parece estar lejos, no sólo por las dificultades económicas y sociales que atraviesa esta nación sino por el descontento de la población ante los candidatos que se disputan la presidencia. Como escribe un columnista nicaragüense “estos son los bueyes, y con uno de ellos hay que arar”.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.