Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/03/21 00:00

¿WHITEWATERGATE?

La familia presidencial de Estados Unidos se enreda cada vez más en un oscuro historial de autopréstamos.

¿WHITEWATERGATE?

TRADUCIDO LITERALMENTE, WHITEWATER quiere decir Aguablanca. Pero lo cierto es que estas son aguas turbias por donde se les mire. El escándalo Whitewater, que compromete al presidente Bill Clinton y a su esposa, cada semana se oscurece más. Desde que en noviembre pasado se dieron a conocer los primeros detalles, el presidente ha tenido que resistir a cuentagotas los nuevos hallazgos de la prensa y de la investigación oficial.
La última dosis se produjo la semana pasada cuando el investigador especial del caso, Robert Fiskie, anunció que reclutará un gran jurado para que se dedique de tiempo completo a examinar las toneladas de documentos que se van a producir en los próximos meses.
Fiskie se instalará en una oficina de Washington debido a que en esta ciudad se encuentran la mayoría de los testigos, y además porque quiere escarbar en las circunstancias que rodearon la muerte de Vincent Foster Jr., el consejero de la Casa Blanca y viejo amigo de Clinton, que se suicidó el pasado julio. Al momento de su muerte, Foster tenía en su escritorio documentos relacionados con Whitewater Development Company, la compañía del escándalo.
Los documentos, que no fueron incluidos en el inventario de la oficina de Foster, llegaron a manos del abogado personal de Clinton, David Kendall, que después de un tiempo los entregará al Departamento de Justicia.
En lenguaje penal-financiero colombiano podría decirse que Clinton recibió un presunto autopréstamo de una institución de ahorro intervenida por malos manejos. En 1979 Bill Clinton era el joven y entusiasta gobernador de Arkansas. Como casi todas las ciudades pequeñas del mundo, Little Rock, la capital de estado, está dominado por un grupo de gente adinerada cuya fuente de riqueza se deriva de negocios con el gobierno obtenidos mediante influencias políticas.
En lugar de licoreras y beneficencias, en Little Rock había bonos municipales y bancos estatales, y el règimen de incompatibilidades se observaba tanto como en cualquier ciudad tercermundista. Para la muestra, el presidente de la Comisión de asuntos agrícolas del Senado estatal de Arkansas es empleado de la Federación Avícola de la región.
Pues bien, Bill y su esposa, Hillary, abogada de la firma más prestigiosa de la ciudad, eran parte de la rosca y se habían aprovechado del mod us vivendi del pueblo. Una vez posesionado como gobernador, Clinton nombró como asesor de desarrollo económico a James McDougal, un socio y amigo con quien habìa comprado un año antes, 293 hectáreas de tierra que pretendían urbanizar para construir 44 casas de recreo.
El precio total de la compra, 203.000 dólares, había sido financiado por bancos estatales pese a que la costumbre en Estados Unidos es pagar la cuota inicial del bolsillo propio. Los Clinton, McDougal y su esposa, decidieron poner los terrenos a nombre de una sociedad que crearon bajo el nombre de Whitewater Development.
Pero el proyecto no funcionó y las ventas de casas iban a paso de tortuga. En 1982 McDougal compró una pequeña institución de ahorros y préstamo llamada Madison Guaranty con un patrimonio de tres millones de dòlares, que muy pronto fue puesta al servicio de sus amigos. Clinton obtuvo un préstamo de 30.000 dólares para pagar los gastos de decoración y arreglos a la casa modelo .
Un acelerado crecimiento de Madison Guaranty causó curiosidad al organismo equivalente a la Superintendencia Bancaria del Estado. En principio, el comisionado le advirtió a McDougal que suspendiera su práctica de otorgar créditos riesgosos e imprudentes y le comunicó al propio Clinton la irregularidad en que había incurrido su socio.
Pero el gobernador Clinton no tomó ninguna medida. Cuando los investigadores entraron a examinar los documentos de la financiera en 1984, descubrieron que miles de dólares de la institución eran canalizados hacia la cuenta de Whitewater. Los funcionarios sospechaban que McDougal estaba saqueando la institución, pero no encontraron pruebas de que los Clinton sabían qué estaba ocurriendo. ¿Era posible que a los Clinton no les causara curiosidad de saber cuál era el origen del aumento inusitado de la cuenta de su sociedad en la financiera? Esta es solo una de las miles de preguntas que tendrá que resolver el Jurado.

PAPELES PERDIDOS
La financiera no solo sirvió para financiar la casa modelo. Clinton había obtenido un préstamo personal de 80.000 dólares para costear su reelección como gobernador en 1984. Para tratar de pagarla Clinton le pidió a McDougal que organizara una fiesta de recaudación. En el evento se recolectaron supuestamente 35.000 dólares, pero los investigadores sospechan que parte del dinero salió de Madison Guaranty.
La abogada de la financiera no era otra que Hillary, quien propuso un acuerdo inusual a la jefa de Fondo de garantías del gobierno para arreglar el problema. La jefa, que también había representado a la financiera y había sido nombrada por Clinton a sabiendas de la incompatibilidad, aprobó el proyecto de Hillary.
Pero el plan no logró salvar a Madison Guaranty. A finales de 1986 McDougal fue removido de su cargo como jefe de la financiera bajo acusaciones de llevar una contabilidad deficiente, y desviar fondos hacia su familia. Tres años después la institución sería liquidada.
Previendo tal vez un fiasco que manchara su futuro político, el gobernador le pidió a McDougal que le enviara todos los documentos relacionados con Whitewater. Los papeles pasaron a manos de Foster, el asesor que se suicidó después de escribir una nota decepcionado de la política en Washington.
¿Por qué no estaban esos papeles en el inventario oficial de la oficina del asesor?, es otro de los interrogantes que tendrá que dilucidar el gran jurado. Pero a diferencia de otros escándalos, el de Whitewater ocurrió fuera de la Casa Blanca, de la CIA o el Pentágono, y los documentos que existen son tantos y están en tantas partes que sería de una candidez incomprensible pensar que hay alguien que está en capacidad de destruirlos todos de un tirón. Aún así los interrogantes son muchos, y el asunto se complica con cada día que pasa.

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