Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/10/06 00:00

'Wilsongate'

La filtración del nombre de una agente de la CIA casada con Joseph Wilson, el hombre que expuso la falsedad de la prueba del uranio contra Irak, podría acabar con toda la credibilidad de la Casa Blanca.

El ex embajador en Bagdad Joseph Wilson acusó a la Casa Blanca de exponer la identidad de su esposa, la agente Valerie Plame. Según él, funcionarios cercanos a Bush realizaron la filtración para vengarse de sus críticas a las pruebas falsas de que Hussein estaba comprando uranio de Níger.

Cuando en la mañana del 30 de septiembre los empleados de la Casa Blanca abrieron sus correos electrónicos encontraron un extraño memorando. Se les ordenaba que guardaran cualquier archivo o documentación relevante para una investigación penal sobre la filtración a la prensa de la identidad de la agenteValerie Plame, analista de armas de destrucción masiva de la CIA. La filtración había ocurrido en julio cuando el nombre de Plame apareció en una columna del periodista Robert Novak. Desde entonces la agencia de inteligencia inició trámites para pedir al Departamento de Justicia que investigara el crimen, pues según el acta de protección de identidades de 1981 está prohibido revelar los nombres de agentes encubiertos so pena de 10 años de prisión. Pero la filtración que ahora se investiga es el último eslabón de una cadena de mentiras, exageraciones y encubrimientos que cuestionan la veracidad de los informes de inteligencia que se utilizaron para justificar la guerra en Irak.

El escándalo inicial explotó el 6 de julio cuando el ex embajador en Bagdad Robert Wilson publicó un artículo en The New York Times, en el que desenmascaraba como falsa una afirmación del presidente George W. Bush en su discurso del Estado de la Unión, según la cual Irak estaba intentando comprar uranio enriquecido en Níger para alimentar su programa nuclear. Wilson contó cómo en febrero de 2002 la CIA le había encomendado que fuera a Níger a investigar unos documentos de la inteligencia italiana que atestiguaban del supuesto intento de compra del uranio. No obstante sus pesquisas lo llevaron a concluir que se trataba de informes falsos y que nunca había existido tal negocio. Esta investigación era conocida por los más altos mandos del gobierno, por lo que la inclusión de las famosas 16 palabras alusivas al uranio en el discurso del presidente ocasionó un sonado escándalo. Al final la declaración de Wilson llevó a que la Casa Blanca se retractara de haber incluido en el discurso la prueba del uranio y mandos medios como el jefe de Inteligencia, George Tenet, y el secretario general de Condoleezza Rice, se echaron la culpa del error. Sin embargo el descubrimiento, junto con la ausencia de depósitos de armas en Irak, llevó a que entre la opinión pública se fortaleciera la sensación de que Bush y su equipo habían amañado y exagerado los informes de inteligencia para convencer al mundo de la guerra contra Irak.

El contraataque

Fue una semana después de la revelación de Wilson cuando apareció el artículo de Novak en The Post. Se trataba de una columna de opinión en la que Novak, un conservador, defendía a la Casa Blanca contra las críticas motivadas por el descubrimiento del informe de Wilson. Novak dijo entonces que dos altos funcionarios de la administración Bush le habían contado que había sido la esposa de Wilson, Valerie Plame, quien en calidad de agente de la CIA había recomendado a su marido para la misión en Níger. Con ello Novak insinuaba que Wilson había logrado el trabajo no por mérito propio sino por la palanca de su esposa. Según Wilson, en la semana previa a la publicación de Novak varios periodistas lo llamaron a contarle que altos funcionarios de la Casa Blanca estaban tratando de llamar la atención pública sobre su esposa con la esperanza de dañar su credibilidad. En efecto, Washington Post habla de al menos dos funcionarios de la Casa Blanca que llamaron a por lo menos seis periodistas para tratar de filtrar la historia de Plame.

Aunque en ese momento nadie reparó en la revelación del nombre de Plame, la filtración no sólo implicaba la existencia de una sucia conspiración oficial para contrarrestar el efecto del informe Wilson sino que con ella se había cometido un grave crimen. El acta de 1982, que irónicamente impulsó George Bush senior, padre del actual presidente, busca proteger a los agentes y a sus fuentes de exposiciones que además pueden ser nefastas para la seguridad nacional estadounidense. La actual filtración es terriblemente dañina para Plame, quien ya no podrá trabajar encubierta en el futuro. También pone en peligro a un posible reemplazo en una misión en el extranjero y a sus antiguas fuentes, pues ahora las agencias de inteligencia extranjeras saben que cuando trabajó como diplomática en el exterior estaba espiando para el gobierno estadounidense y pueden monitorear a toda la gente que se reunió con ella.

Al cierre de esta edición el fiscal general, John Ashcroft, había anunciado el comienzo de las pesquisas, que inicialmente estarán a cargo de agentes del FBI y abogados de contraespionaje que de momento buscarán personas que se hayan contactado con Novak y los demás periodistas a los que se les filtró el nombre de Plame. El proceder, no obstante, no ha estado libre de controversia: varios senadores demócratas apuntaron a un posible conflicto de intereses, pues los funcionarios del Departamento de Justicia tendrían que investigar a sus superiores. Estos congresistas y los candidatos presidenciales Howard Dean y Weslley Clark pedían que se realizara una investigación independiente.

Pase lo que pase, es muy probable que nunca se sepa quién filtró la identidad de Plame. Los periodistas no están obligados a revelar sus fuentes y a los agentes de la CIA no les conviene delatar a sus colegas. Pero en todo caso el escándalo es un duro golpe para la credibilidad de la inteligencia estadounidense, y de Bush, quien sigue bajando en las encuestas de popularidad. La filtración continúa la misma línea de juego sucio para aplacar los cuestionamientos a la justificación de la guerra en Irak que en Gran Bretaña llevó al suicidio del científico británico David Kelly y que tiene al primer ministro, Tony Blair, contra la pared. El escándalo de Wilson podría tener consecuencias comparables para el presidente estadounidense.

Bush padre había llamado a Joseph Wilson un "líder inspirador" que como embajador en Irak desafió a Hussein y ayudó a liberar a miles de norteamericanos que fueron tomados rehenes antes de la primera Guerra del Golfo. Irónicamente, la actual conspiración contra ese hombre inspirador podría acabar con el futuro político de Bush hijo.

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