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| 1/28/2017 11:19:00 AM

Yahya Jammeh, el expresidente degradado por el poder

El dictador actuó casi desapercibido durante mucho tiempo para Occidente, como pasa con muchas dictaduras en África. Gambia ahora espera, de la mano de su nuevo presidente, el restablecimiento de la democracia.

Esta semana Yahya Jammeh saltó a las primeras páginas de los medios internacionales por cuenta no de sus excesos, sino de su protagónica fuga. El sanguinario líder de Gambia había perdido la presidencia el pasado 1 de diciembre en una polémica jornada electoral. Pero decidió no irse y desató una tormenta en la región.

La crisis había llegado a tal punto que los analistas anticipaban una posible guerra civil. Más de 1.500 soldados de Senegal amenazaban con entrar a poner orden si él no soltaba el poder. Finalmente, el pasado 21 de enero, después de una gran presión internacional, así lo hizo.

Jammeh creía que podía gobernar Gambia durante mil millones de años si Alá así lo quería, y no lo decía bromeando. Su mandato comenzó el 22 de julio de 1994 gracias a un golpe de Estado que hizo contra Dawda Jawara, entonces primer presidente de la recién independizada república.

Los miembros del gobierno saliente que no lograron escapar fueron arrestados y el Consejo de Gobierno Provisional de las Fuerzas Armadas (AFPRC, por su sigla en inglés) se tomó el poder y derogó la Constitución de 1970.

El dictador anunció en un evento público que les daba a los homosexuales un ultimátum para dejar el país antes de la persecución que derivó en hostigamiento y amenazas a líderes. El argumento de Jammeh fue que Gambia es un país de creyentes que ven como pecaminosa e inmoral la homosexualidad. “Cortaré sus cabezas”, dijo Jammeh en la televisión nacional, que enmendó un artículo del código penal de Gambia que sancionaba con cadena perpetua cualquier comportamiento homosexual.

En el 2014, durante un discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas, Jammeh lamentó que los gobiernos occidentales estuvieran presionando para que se “legalizara la homosexualidad”.

Durante ese mismo año un intento de golpe de Estado en su contra resultó fallido. Siete militares disidentes de las fuerzas oficiales abrieron fuego contra la guardia presidencial, aprovechando que Jammeh no se encontraba en el país. El dictador después de este episodio se caracterizó por ser un líder de mano dura que atentó contra la libertad de pensamiento y expresión.

Para Reporteros Sin Fronteras (RSF) el exdictador figura en la lista de “depredadores de la libertad de prensa” establecida por esa organización en el 2013. RSF criticó en un comunicado su preocupación por las enmiendas a la legislación de Gambia que establecía límites a la libertad de información. Las penas se establecieron en 15 años de prisión o tres millones de dalasis gambianos (64.000 euros) a quien difunda noticias falsas del Gobierno o sus funcionarios. En el comunicado RSF afirma: “Esta legislación represiva se dirige de forma especial a los internautas gambianos que satirizan a los representantes del Estado”.

Según Rafael Díaz, director del departamento de Historia de la Universidad Javeriana, el golpe de Estado contra Jawara obedecía a que el país estaba en un quietismo económico, y por eso se creó un movimiento político de civiles y militares que proponían una “reconstrucción del país”.

“Quizá en los primeros años Yahya Jammeh imprimió un notable desarrollo en diferentes aspectos a Gambia, y por eso lo posicionó como un destino turístico”, dice Díaz, quien también cree que el abuso de poder terminó por degradar proyectos políticos interesantes.

Jammeh nació en 1964, nueve meses antes de que Gambia se independizara del Reino Unido, y a los 29 años llegó a ser el líder de esa nación. En las fotografías aparece siempre con su bastón y traje blanco, intentando mostrar una imagen agradable a quien lo ve. Detrás de esa jovial mirada, se encuentra uno de los líderes más excéntricos y temibles de la historia reciente de África.

Desde hace décadas, Jammeh había generado rechazo en diferentes latitudes. Obligó a funcionarias (cristianas también) a llevar velo; le deseó el infierno a quien no creyera en Alá, aunque él cree en la magia negra; afirmó que hierbas pueden curar el sida y la infertilidad, y obligó a un militar a consumir un brebaje alucinógeno porque creía que practicaba brujería. Son algunas de las excentricidades (y contradicciones) que ha expresado sin pudor.

Ibrahima Sané, ciudadano de Gambia, recuerda cómo la gente empezó a sentirse oprimida y perseguida. “Él literalmente cambió el comportamiento de los gambianos, Jammeh hizo lo que quiso y se instaló en el poder, y para maquillar que no era dictador organizaba elecciones, pero ya sabemos que después los países vecinos nos dieron la razón”, cuenta.

“Jammeh había aceptado su derrota y después quería seguir en el poder, fue muy decepcionante,”, recuerda Sané. Adama Barrow ganó las elecciones presidenciales del 2016, pero Jammeh después de haber reconocido los resultados dejó ver su lado más autoritario: no quería abandonar el cargo.

La gente estaba cansada. Ibrahima recuerda a sus vecinos con maletas al hombro huyendo hacia la frontera con Senegal, que estaba siendo custodiada por militares de ese país que esperaban intimidar a Jammeh para que entregue el poder.

Sheriffo Ceesay, gambiano residente en Europa, recuerda las desapariciones de personas inocentes que se anunciaban en los noticieros. “Hizo que muchas vidas se perdieran, no dejó ningún rastro”, dijo. Pero la presión internacional hizo que Jammeh aceptara dejar el cargo, los gambianos salieron a las calles a celebrar, a cantar y a bailar. En un video que un familiar le envió a Ceesay muestran al líder Imam Sawaneh abrazando a sus seres queridos en su primer día en libertad, que coincide con el primer día en Gambia sin Jammeh, quien se exilió en Guinea Ecuatorial, otra repudiable dictadura africana.

Ahora el país espera que su nuevo líder Adama Barrow restablezca la democracia que perdió con Jammeh. El nuevo presidente llegó esta semana al aeropuerto de Banjul donde fue recibido con ovaciones y cánticos por parte de los ciudadanos. Los gambianos que huyeron a Senegal están regresando, se espera que Gambia empiece a sentir los cambios pronto y que las persecuciones se conviertan en asunto del pasado.

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