Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/03/18 00:00

YELTSIN AL RUEDO

EL PRESIDENTE DE RUSIA TENDRA QUE IR CUESTA ARRIBA PARA SUPERAR NO SOLO AL CANDIDATO COMUNISTA SINO A SUS PROPIAS DEBILIDADES.

YELTSIN AL RUEDO

El panorama electoral del país más grande del mundo comienza a definirse de cara a las elecciones de junio próximo. La razón es que el presidente de Rusia, Boris Yeltsin, anunció el 15 de febrero su decisión de postularse para ser reelegido. "Ha sido una difícil decisión", dijo a su auditorio en su ciudad natal de Yekaterinburgo. Pero para la mayoría de los observadores, Yeltsin no tenía muchas opciones ante el resultado de las elecciones parlamentarias de diciembre, cuando el Partido Comunista obtuvo el primer lugar. "No hay camino de retorno, hay que terminar las cosas que uno comienza", añadió. Aparentemente hablaba de las reformas económicas, políticas y sociales iniciadas en 1991.Y efectivamente el mismo día, los comunistas proclamaron la candidatura de su dirigente Guennadi Ziuganov, el más fuerte contendor hasta el momento. Ziuganov no sólo cuenta con su propia fuerza electoral (23 por ciento de los votos en diciembre), sino que ha logrado unificar tras su figura al enjambre de grupos comunistas que surgieron después de que se liquidara al antiguo Partido Comunista de la Unión Soviética. Además de Yeltsin y Ziuganov, los candidatos más populares son Vladimir Zhirinovski, el ultranacionalista cuya votación cayó a la mitad en diciembre por su apoyo al gobierno, y Grigori Yavlinski, el joven economista que puso en marcha las reformas y promete continuarlas. El general Alexandr Lebed, quien aparecía como gran favorito en las elecciones de diciembre, obtuvo muy pocos votos y su continuidad en la carrera presidencial es dudosa. Pero el Yeltsin modelo 96 es muy distinto al Yeltsin 91, aquel paladín de la democracia que se enfrentó con valor a los tanques de los golpistas y que fue apoyado por la juventud y la intelectualidad rusa. No han pasado más de cinco años, y el mismo mandatario ha sido capaz de enviar sus tanques para aplastar el movimiento de independencia checheno, en una guerra impopular que sólo satisface al nacionalismo. Esa es la razón para que una fuerza 'democrática', Opción de Rusia, dirigida por su ex primer ministro Yigor Gaidar, le haya retirado el apoyo al presidente. Gaidar, según dicen, no pudo soportar la masacre perpetrada por el ataque del ejército a la aldea de Piervomaiskoe en enero, donde un comando checheno se refugiaba con 100 rehenes rusos. Eso hace que de las fuerzas 'democráticas' sólo le quede a Yelstin el apoyo de su primer ministro, Viktor Chernomirdyn, con su movimiento 'Nuestra casa es Rusia'. Pero es que a Yeltsin ya no le interesa el apoyo de ese sector. El nuevo Boris incluso coquetea con Zhirinovski, a quien las malas lenguas atribuyen haberle ofrecido ya sus votantes al presidente. Yelstin se presenta ante Occidente como el bastión de las reformas económicas de mercado, como el salvador frente al peligro de que los comunistas den marcha atrás y nacionalicen las fábricas privatizadas, otorguen millonarios subsidios a empresas en quiebra e impongan de nuevo el proteccionismo. Pero al mismo tiempo el propio presidente, en una actitud demagógica y populista, suelta dinero a manos llenas para aplacar a los mineros en huelga, a los científicos en huelga, a los maestros en huelga y a los chechenos, que se debaten en la desesperación.El Partido Comunista, por su parte, intenta convencer a Occidente de que ya no es el mismo discípulo de Lenin y Stalin, sino una nueva versión mucho más que aguada, una especie de eurocomunismo como el europeo de los años 70. Ziuganov fue la figura del foro económico de Davos (Suiza) donde se reunió con la flor y nata de los economistas y los dirigentes políticos mundiales. Allí declaró que "el retorno al monopolio estatal es imposible". Lo cierto es que el presidente arranca en subida, porque tiene apenas un 7 por ciento de preferencias electorales contra 20 de Ziuganov. Falta ver si el sexagenario Yeltsin puede superar sus problemas cardíacos mediante una vida sana y, prometiendo mucha austeridad por un lado y repartiendo rublos por el otro, logra remontar esa difícil cuesta.

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