Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/01/15 00:00

Yo me confieso

Causa sensación en Italia un libro del periodista y escritor Marco Politi, en el que un sacerdote católico reconoce su homosexualidad.

Yo me confieso

La confesión es el titulo del libro recién publicado en Italia por Marco Politi, uno de los más conocidos y respetados vaticanistas italianos; su libro Su Santidad, la biografía de Juan Pablo II (escrito con el premio Pulitzer Carl Bernstein ), fue un best seller traducido a 10 idiomas. En esta oportunidad Politi recoge el doloroso camino que sigue un sacerdote italiano —quien para los lectores permanecerá en el anonimato— después de que a los 34 años cumplidos y a nueve de haber recibido las órdenes descubre que es homosexual.

En la larga confesión con Marco Politi, que tomó dos años, el sacerdote homosexual cuenta el extenso trabajo interior hecho de un interminable círculo en el que el pecado, la confesión y de nuevo el pecado le agotan el alma y el físico y lo llevan a frecuentar ambientes degradados, a correr riesgos que le hubieran podido costar la vida. SEMANA entrevistó en Roma al autor.

SEMANA: ¿Cómo hizo para encontrar a este sacerdote y, sobre todo, cómo hizo para convencerlo a ‘confesarse’?

MARCO POLITI: Me puse en la búsqueda de un sacerdote homosexual inmediatamente después de un pronunciamiento del Vaticano contra la homosexualidad. El método fue el de regar la voz hasta que alguien dio el paso y expresó su disposición a conceder una entrevista. Después de haberla realizado me di cuenta que era un tema muy importante para reducirlo sólo a un artículo y le propuse hacer juntos la reconstrucción de su proceso.

SEMANA: ¿Qué tan difundida es la homosexualidad en las instituciones vaticanas?

M.P.: Cualquiera que esté en Roma o en cualquier institución católica sabe que fenómenos como la homosexualidad o, por el contrario, las insinuaciones a mujeres por parte de los sacerdotes heterosexuales son una realidad. No tengo estadísticas y no me las invento pero puedo contar un testimonio directo y es el que me dio el cardenal Pericles Felice, el alto prelado que anunció la proclamación de Karol Wojtyla como Papa. Según Felice, la homosexualidad es un fenómeno con el cual un sacerdote se encuentra en su vida ministerial tarde o temprano. Después de su muerte se supo que el cardenal dedicaba su actividad pastoral a los sacerdotes ‘marginales’, muchos de los cuales eran homosexuales.

SEMANA: El protagonista de su libro encuentra ayuda en personas dentro de las instituciones eclesiásticas y revela la existencia clandestina de una red de sacerdotes ‘gay’ que se reúnen en Italia una o dos veces al año, ¿algo está cambiando?

M.P.: El sacerdote fue auxiliado por un obispo y una monja. Está naciendo una línea que si bien acepta el no doctrinal simultáneamente tiene un diálogo humano con estas personas y esto es una novedad. Hay un movimiento lento que está en evolución: en unas 20 ciudades italianas existen asociaciones de homosexuales católicos que han empezado a tener algún contacto con los obispos: el primer obispo que acepta participar en reuniones a puerta cerrada con gays cristianos y laicos fue el responsable de la cultura de la diócesis de Roma.

SEMANA: En lo que tiene que ver con el Vaticano en particular, ¿en qué punto está el proceso de apertura?

M.P.: Algunos obispos y sacerdotes prefieren no apoyar la posición represiva oficial porque muchos de ellos son confesores y se enfrentan con historias de sacerdotes que son homosexuales pero tienen una vida completamente normal, sin las exageraciones, sin el caricaturesco del homosexual ‘salvaje’.

SEMANA: ¿Espera alguna reacción oficial del cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

M.P.: En sus últimos documentos sobre el cuidado pastoral de las personas homosexuales revela su posición: comprensión por las personas homosexuales en su condición de individuos humanos que tienen derecho a una vida sin ningún tipo de persecuciones y sin ser marginados, pero rechaza la homosexualidad en cuanto tal. Es una barrera difícil de superar aun para una persona de la cultura y de la tradición del cardenal. Sin embargo se ha dado un gran paso hacia adelante desde los tiempos en que los homosexuales eran quemados y en los que la Iglesia contribuía en la demonizacion de los homosexuales. Considero a Ratzinger muy inteligente.

SEMANA: ¿Espera reacciones negativas de parte del Vaticano?

M.P.: L’Osservatore Romano hace cuatro años cometió el error de atacar la biografía que con Carl Bernstein escribimos de Juan Pablo II, fue una excelente publicidad para el libro. No creo que quieran repetirlo.

SEMANA: El celibato de los sacerdotes es un punto muy importante, el protagonista no siempre lo practica pero tampoco lo discute como precepto de la Iglesia católica.

M.P.: Preferiría que fuera voluntario, una opción de vida, una meta, y no una imposición. Existe un número grande de sacerdotes que viven una doble vida, sean estos homosexuales o heterosexuales el celibato es sólo una apariencia. Naturalmente esta doble vida se puede jugar de una manera falsa en la que de un lado se proclaman desde el púlpito las grandes prohibiciones que impone la Iglesia pero en la vida íntima se hace exactamente al contrario. O se puede jugar, como lo hace el protagonista del libro, quien vive en una lucha interior permanente y trata de llegar al momento de la aceptación de la sexualidad y del rol que tiene en la propia vida de sacerdote. Obviamente, en su caso es mucho más difícil porque un sacerdote gay es un triple traidor: traiciona el celibato, traiciona el carácter masculino de la institución eclesiástica y traiciona el icono de Cristo: los documentos vaticanos subrayan siempre que Cristo es hombre, es uno de los motivos para prohibir el sacerdocio de las mujeres.

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