Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1990/04/16 00:00

YO, EL SUPREMO

Con las riendas de una presidencia poderosa, Gorbachov enfrenta el reto de cinco años más de perestroika.

YO, EL SUPREMO

La semana pasada Mijail Gorbachov cumplió cinco años al frente de los destinos del país más grande del planeta. Y su celebración seguramente resulto agridulce. Por un lado, Lituania, la primera de las repúblicas bálticas en expresar sus deseos de independencia, finalmente decidió la secesión cuando su Parlamento opto unánimemente recobrar la libertad que gozo el pequeño país durante el período entre las dos guerras mundiales.
Pero por el otro, el Parlamento no sólo aprobó la creación del cargo de Presidente de la Unión Soviética, sino que, un día más tarde, eligió al propio Gorbachov como primer magistrado del país.
La extraña coincidencia resulta una típica muestra de las contradicciones implícitas en la gestión de Gorbachov, quien parece tener dos imágenes claramente diferenciadas. El héroe de occidente, el único hombre capaz de terminar la guerra fría y dar libertad al otrora "ignominioso" imperio comunista de Europa oriental, es el mismo hombre a quienes sus paisanos acusan por dos caminos diferentes. Unos, por ser el hombre que destapó la caja de Pandora del comunismo y llevó a la doctrina de Marx y Lenin al desastre, y otros, por su timidez en conducir al país hacia la democracia plena.
Resulta sorprendente que se trate del mismo hombre. Los historiadores del futuro tendrán seguramente mejores elementos de juicio para determinar cuál de esas facetas será la predominante. Pero sin esa ventaja, los observadores occidentales y soviéticos tratan de desentrañar el verdadero papel del hombre del momento.

AGUAS TURBULENTAS

Si la sesión del Congreso de los Diputados del Pueblo se hubiera televisado para occidente, es probable que la imagen del dirigente hubiera perdido muchos puntos. Desde la semana pasada el líder desplegó una actitud poco acorde con su imagen apacible, al insistir en la necesidad imperiosa de que el Congreso considerara inmediatamente el asunto de la presidencia. "Realmente me molestó la forma como Gorbachov forzó el asunto ante los diputados", comentó Vasily Shaknovsky, un joven activista de los cambios en el Partido Comunista de Moscú. "No puedo creer que alguien que lleva la democracia por dentro como Gorbachov pudiera comportarse de esa forma. En realidad, me nacieron dudas".
Y es que en un proceso como el que se está viviendo en la URSS, las dudas son necesariamente el común denominador. Paradójicamente, la presidencia fue propuesta en octubre pasado por grupos de oposición que afirmaban que la única manera de democratizar el país era con una autoridad central fuerte que no dependiera del Partido Comunista. Aunque inicialmente la rechazó por contradictoria con la descentralización, luego de grandes dudas, Gorbachov terminó por abrazar la idea. Pero parece que la abrazó con tal impetu, que el turno de las dudas le correspondió a los mismos diputados. Estos, tras un debate intenso, lograron por fin una solución intermedia; presidencia fuerte sí, pero con restricciones.
Por fin el Parlamento votó el nuevo cargo por 1.817 votos a favor y 133 en contra, con 61 abstenciones. "Esta decisión es la más significativa en la historia de nuestro gobierno y un paso importante en el camino hacia la democracia", dijo Gorbachov.

BAJANDO EL TONO

Aunque no bajó el tono de sus procedimientos poco ortodoxos para manejar el debate, Gorbachov tuvo que hacer concesiones importantes. Tal como se modificó, el nuevo artículo constitucional le da a la presidencia el poder de declarar el estado de emergencia marcial y civil, si bien la región afectada debe ser previamente notificada y el Soviet Supremo--escogido entre los diputados--vigila su legalidad.
El poder de veto del presidente también fue reducido de tal manera que, una vez el Soviet Supremo vote por dos tercios de sus miembros por insistir en un proyecto vetado, el presidente no pueda acudir al Congreso de Diputados. Además, el Comité de Control Constitucional, cuyos poderes le permitirán hasta censurar al presidente, será nombrado por el presidente del Congreso y no por el presidente ejecutivo.
Pero aun así, al presidente le quedaron atribuciones suficientes, por ejemplo, para disolver el Soviet Supremo cuando considere que no esta cumpliendo eficientemente y ordenar al Parlamento la elección de un nuevo cuerpo. El Soviet Supremo, a su turno, puede quitarle su apoyo al gabinete y pedir su renuncia, pero esa medida no afectaría al presidente.
Tal como se esperaba, el Parlamento aprobo también la decisión de eliminar el privilegio constitucional del Partido Comunista, tomada semanas atras por el Soviet Supremo a instancias de Gorbachov. Pero el interés se centro en la nueva presidencia, tema que ganó en importancia a raíz de la declaración de independencia de Lituania. A pesar de que los nuevos poderes harían pensar que Gorbachov planea ejercerlos contra ese movimiento, muchos piensan que la trascendencia de ser presidente va mucho más allá.

EL GRAN TIMONEL

Sus críticos de ambos extremos del espectro político afirman que Gorbachov desencadeno un proceso cuyas consecuencias estaba lejos de prever. Pero sus defensores piensan que el joven dirigente de 54 años que asumio el poder en 1985, sabía desde entonces cual era la ruta a seguir, y que en ella ya estaba la idea de una presidencia fuerte. La desbandada de una órbita de países que ya no podía contener, la creación de un híbrido de comunismo y capitalismo para salvar al país del desastre económico, y hasta la separación de algunas repúblicas, podrían haber sido fríamente calculadas, en una suerte de gran estrategia que por razones tácticas--para mantener a la vieja guardia a distancia- no se había puesto en evidencia. Si todo eso es cierto, sólo lo sabe el propio Gorbachov, quien, elegido por fin presidente de la URSS, tendrá un período de cinco años para demostrar, por lo menos, que no se ha convertido en víctima de su propio invento.
Sus críticos, en cambio, apuntan que nunca ha tenido que enfrentar un mandato popular, y que en esas condiciones es muy difícil hablar de democracia. Pero por lo pronto parece que Gorbachov esta convencido de que sin un período de "autoridad benigna" no sería posible hacer entrar a un país autocrático en la senda del pluralismo y la democracia. Pero eso, sin embargo, todavía está por verse.
Y para acentuar las contradicciones, un feo escándalo amenazó con empañar aún más el quinto aniversario de Gorbachov. Al final de la sesión en que fue elegido presidente (contra quienes querían que la escogencia fuera por voto directo popular, como les corresponderá a sus sucesores), un parlamentario de Leningrado, Anatoli Sobchak, hizo graves acusaciones contra el gobierno en general y contra el presidente del Consejo de Ministros, Nikolai Rizhkov por la operación ilegal de una cooperativa denominada ANT, y que intentó exportar como chatarra un número considerable de tanques de combate y comercializar materiales estratégicos como titanio y diamantes. Aunque el asunto en principio no paso, por ahora, de una rabieta general, Gorbachov ciertamente salio perjudicado precisamente un día antes de anunciar el establecimiento de relaciones con el Vaticano. Como diría un observador italiano, "paradoja tras paradoja".

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