Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1989/02/20 00:00

Yo no fui

Sigue el debate sobre la conexión libia.

Yo no fui

Fue más pronto cae un mentiroso que un cojo, podría ser una frase aplicable al primer ministro oestealemán Helmut Kohl, quien en el corto lapso de dos semanas paso de la indignación al bochorno, en un asunto que ha tenido resonancia mundial: la construcción de una planta de armas químicas en la Libia del coronel Muammar Gadafi.

El affaire se remonta a los últimos meses de 1988, cuando en Washington se empezó a hablar de que esa planta se hallaba en construcción y de fuertes indicios de que al menos una empresa de Alemania occidental prestaba su asesoría, e incluso exportaba materias primas con ese fin. El presidente norteamericano le tocó el tema a Kohl en una reunión llevada a cabo el 15 de noviembre, ante lo cual éste ordenó la realización de su propia investigación y la revisión inmediata de las leyes que regulan las exportaciones alemanas. Pero cuando semanas más tarde los norteamericanos hicieron públicos los cargos, Kohl los rechazó con indignación.

Sin embargo, Sal como se reveló en un debate parlamentario la semana pasada, el servicio secreto alemán (la BND) tenía indicios sobre la consrucción de la planta desde agosto de 1987, e informó a Kohl el 20 de octubre del año siguiente (que había pruebas de que firmas alemanas estaban involucradas en el proyecto.

El gobierno ha afirmado repetidamente que no había tomado acción legal contra los responsables de la operación por cuanto ninguna de las pruebas era suficiente como para iniciar procedimientos.

Eso no explica, sin. embargo, la indignación que mostró el primer ministro al negar la presencia alemana en el proyecto libio. Según algunos observadores, Kohl simplemente se salió de sus casillas, pues pensó, como muchos conciudadanos lo hacen ahora, que ya había hecho todo lo que estaba a su alcance y que la actitud norteamericana de acusar públicamente a su país ponía una presión indebida e injusta sobre su gobierno.

En medio del escándalo político, el Parlamento le ha exigido un informe completo, que deberá presentar hacia el 15 de febrero. Pero sea cual fuere la salida de esta crisis, muchos comentaristas piensan que ella se presentó en un momento histórico de reflexión para los alemanes. Emocionalmente, les resulta extremadamente doloroso verse involucrados en armas químicas, de cuyo uso fueron pioneras sus generaciones anteriores. Pero además del creciente resentimiento ante la presencia continuada de la OTAN en su territorió, se afirma que la actitud del gobierno de Bonn reflejó las complejas ansiedades de una nación cuyo poder económico y militar ha renovado su confianza en sí misma, pero con la carga de un pasado que la condena.--

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