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| 12/20/2008 12:00:00 AM

A zapatazo limpio

El periodista que le lanzó sus zapatos a George W. Bush se convirtió instantáneamente en el héroe del mundo musulmán.

AMountazer al Zaidi le bastaron 10 segundos para convertirse en una celebridad. Ese fue el tiempo que le tomó al ahora mundialmente famoso periodista iraquí arrojar sus dos zapatos al presidente estadounidense, George W. Bush, durante una rueda de prensa en Bagdad. "Este es un beso de despedida, perro", le gritó al texano. "Esto es por las viudas, los huérfanos y aquellos que han sido asesinados en Irak", alcanzó a agregar antes de ser sometido por los agentes de seguridad.

Pocas cosas despiertan tanta simpatía como convertirse en antagonista de un personaje tan impopular. El episodio convirtió al reportero en un ídolo de todos aquellos que odian a Bush y causó sensación en Internet. El video, que le ha dado la vuelta al mundo, es uno de los más consultados en You Tube; los grupos de apoyo en Facebook se multiplicaron en minutos, las parodias abundan y decenas de juegos se dedicaron al tema. El más popular, www.sockandawe.com, contaba al cierre de esta edición casi 50 millones de zapatos que "han golpeado exitosamente al presidente Bush en la cara".

En el mundo árabe, se convirtió en un héroe, y sus zapatos, en un ícono. Un centenar de abogados ofrecieron sus servicios. La página web de Al Jazeera, una de las más populares en esa región, recibió una abrumadora cantidad de mensajes en apoyo del reportero, que permanece detenido desde el domingo y podría enfrentar varios años de cárcel. Las protestas se multiplicaron. Hubo marchas en Irak, quema de banderas estadounidenses en Pakistán y manifestaciones en Turquía. Una sesión del Parlamento iraquí terminó en el caos por cuenta del debate sobre su liberación. Los activistas hicieron su agosto y se concentraron frente a la Casa Blanca, donde colocaron hileras de zapatos para solidarizarse con al Zaidi.

Hasta el famoso calzado se convirtió en objeto de culto. Fabricantes en distintos países de Oriente Medio reclamaban el crédito por su manufactura. Incluso un diario libanés uso en su portada una foto de al-Zaidi entrando a una tienda con un sugestivo titular: "¿Compró sus zapatos en Beirut?". Su hermano se vio obligado a aclarar que se había asegurado de que fueran "100 por ciento" fabricados en Irak. El frenesí llegó al punto de que hubo quien propuso exhibirlos en un museo, y un millonario saudita ofreció 10 millones de dólares por ellos, aunque, según los últimos reportes, las autoridades iraquíes aseguran que fueron destruidos.

Hubo interpretaciones para todos los gustos. Los blogs árabes tuvieron una actividad inusitada y algún comentarista calificó la acción como una "una despedida apropiada para un criminal de guerra". Otros, en Estados Unidos, apuntaron que el incidente demostraba los avances democráticos en Irak, señalaron que en tiempos de Saddam Hussein una acción semejante habría significado ser torturado y recordaron que en pocos países del mundo árabe se permite ese tipo de libertades. Pero esos argumentos se fueron cayendo a medida que surgieron versiones sobre los maltratos que habría sufrido al Zaidi en custodia. Según su hermano, tendría un brazo fracturado, y Reporteros sin Fronteras declaró que "claramente fue lesionado durante su arresto", al tiempo que instó a las autoridades iraquíes a "mostrar indulgencia".

"Hay muchas ironías. Con libertad y democracia, los iraquíes no sentirían la necesidad de arrojar zapatos", dijo a SEMANA el activista y blogger iraquí Raed Jarrar, quien escribió una petición para la libertad de su compatriota que han firmado figuras como Noam Chomsky. "Muchos observadores de Irak, incluido yo, consideran esto como un hito. Un evento de alto valor. Una evaluación de todas las políticas de Bush, que pretendía mostrar un giro positivo".

El incidente no pudo llegar en un peor momento para el norteamericano. Bush se encuentra en el crepúsculo de su desprestigiada administración y durante su último viaje al país que decidió invadir contra viento y marea quería reivindicar los aparentes progresos en seguridad que muchos analistas reconocen. Pero el incidente del zapato se robó el 'show' y se convirtió en una imagen catártica para muchos iraquíes que lo culpan por los miles de muertos desde el comienzo de la guerra, que algunas fuentes elevan hasta un millón.

Según los reportes de prensa, la familia de al Zaidi fue víctima de la represión en tiempos de la dictadura de Saddam Hussein. Pero eso no impidió su rechazo visceral a la presencia de las tropas norteamericanas en su país. El reportero del canal Al-Baghdadia, que transmite desde el Cairo, cierra sus notas desde "el ocupado Bagdad". El año pasado, al Zaidi había adquirido cierta notoriedad después de ser secuestrado en el barrio Azamiyah, en Bagdad, y liberado a los pocos días. El miércoles, en ese mismo barrio, se manifestaron unas 1 .500 personas que pedían su liberación inmediata.

Es obvio que arrojarle un zapato a alguien es un insulto. Pero para los árabes, es un agravio de marca mayor. Para ellos, los zapatos son sucios, se deben quitar antes de entrar a una mezquita e incluso mostrarle la suela a alguien es considerado una ofensa. Hace más de cinco años, cuando llegaron las tropas estadounidenses hasta Bagdad, los rabiosos zapatazos de los iraquíes se dirigían a las estatuas del depuesto Saddam Hussein. Reflejaban su furia contra el dictador que los había mantenido oprimidos por tantos años. Sin embargo, muchos lo habían advertido. Los norteamericanos no serían recibidos como liberadores. Los iraquíes no estarían satisfechos con la ocupación. Con su agresivo gesto, un reportero se lo recordó a Bush.
 
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