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| 7/28/2010 12:00:00 AM

La ley de Arizona se hace sentir en México

La gran mayoría de mexicanos que tiene sus familiares al otro lado de la frontera, solo les queda pedirle a Dios que proteja a sus familiares.

"He escuchado a la gente de aquí decir ‘nosotros no podemos hacer nada, más que con oraciones’. Y eso es lo que hacemos".

Cristina Mata, una líder comunitaria de Loma de Buenavista, parece compartir la resignación con la que los habitantes de este remoto pueblo del estado mexicano de Guanajuato esperan la entrada en vigor de la ley de Arizona SB 1070, que criminaliza a los inmigrantes indocumentados.

Y mientras BBC Mundo recorre las calles desiertas del pueblo, medio centenar de vecinos -en su mayoría mujeres y niños- se reúne en la capilla para rezar por los familiares y amigos que viven sin papeles al otro lado de la frontera norte.
No es poco lo que se juega este pueblo en sus oraciones.

El 60 por ciento de la población de Loma de Buenavista vive en Estados Unidos, la gran mayoría en ciudades como Tucson, Phoenix y Mesa, en el estado de Arizona.
 
Casi todos son "mojados" (migrantes ilegales). Y los escasos cientos de personas que todavía residen aquí viven casi exclusivamente de las remesas que ellos envían. Según cálculos del gobierno municipal, el 85 por ciento de la economía del pueblo depende de lo que mandan los migrantes.

Y, más allá de lo económico, los habitantes de Loma de Buenavista también están preocupados por las dificultades que puedan llegar a enfrentar sus seres queridos si la ley impulsada por la gobernadora republicana Jan Brewer entra finalmente en vigor.

"Que puedan llegar a estar ahí encerrados, como si fueran delincuentes, es una preocupación abrumante", le dice Cristina Mata a BBC Mundo.

Adelina Olvera, una estudiante de 26 años que tiene tres hermanos en Arizona, también teme "que si los encuentran en un centro comercial o en una empresa y no tienen papeles los vayan a encerrar".

Algunos afortunados
Entre las camionetas descuidadas que pululan por el pueblo, de vez en cuando, sobre todo en los meses de vacaciones, aparecen algunas con matrículas de Arizona. "El estado del Gran Cañón", dice en la placa.

Pertenecen a los escasos vecinos de Loma de Buenavista que sí tienen papeles para residir en Estados Unidos, y que por lo tanto pueden venir de visita y cruzar la frontera de regreso, sin problemas.

La familia Uribe, por ejemplo, recorre cada año más de 2.000 kilómetros para encontrar "paz y tranquilidad" en su lugar de origen.

"Sí, la verdad, somos afortunados", reconoce Francisco Uribe, quien pertenece a una generación migratoria que lleva más de una década viviendo en Arizona.

Y es que en Loma de Buenavista hace ya mucho tiempo que los jóvenes acostumbran marcharse a Estados Unidos. "Casi por tradición", explica Rubén Galván Parra, secretario de la alcaldía de Doctor Mora, el municipio al que pertenece el pueblo.

"Son conductas que ya van asumiendo de familia, porque hay jóvenes que desde que están en la primaria o en la secundaria ya van visualizando esta posibilidad", agrega.
Una importante motivación es el desempleo, que a nivel local tiene una tasa superior al 30 por ciento.

Y el gobierno local está preocupado ante una posible avalancha de retornados o de deportados desde Arizona, porque no tendría capacidad para ofrecerles trabajo.

Menos recursos
Aunque aún no ha entrado en vigor, los efectos de la SB 1070 ya se han empezado a sentir en Loma de Buenavista.

Los vecinos del pueblo dicen que sus parientes en Arizona les cuentan por teléfono que la cosa está cada vez más difícil, que no es fácil encontrar trabajo.

Algunos migrantes, aseguran aquí, incluso han empezado a vender sus pertenencias, ante la posibilidad de que los puedan arrestar y lo puedan perder todo.

Y del lado mexicano, el albañil Juan Cárdenas también ha notado una caída en el número de contratos.

"Como no trabajan allá - no les dan trabajo porque no pueden salir- por eso mismo aquí escasea la chamba (el trabajo)", explica.

Rosa Casas, quien tiene dos hijos en Arizona, de los que depende "para comer", también cuenta que antes, "cuando conseguían trabajo", estos le enviaban dinero cada ocho días.

"Ahorita ya no, se dilatan más para mandar", dice.

Ese cambio también ha sido percibido por María Hortensia Arbiz, que regenta una ferretería que hace las veces de oficina local de remesas.

"Cada vez mandan menos. Menos en cantidad de envíos y menos en cantidad de dinero", le dice a BBC Mundo.

Colgados de un sueño
"Después de que nos casamos estuvo aquí dos meses y no pudo encontrar trabajo. Por eso decidió irse", explica Evelia Cárdenas.

De eso hace ya dos años y, a pesar de las dificultades, esta joven de 29 años no deja de sonreír cuando piensa en su esposo.

Con el dinero que cada tanto le envía su marido Evelia ha amueblado el dormitorio que ahora comparte con su hija, en la casa de sus suegros.

"Cuando nos casamos no teníamos nada. Ahora es lo único que tenemos", cuenta.
Eso y un sueño: construir una casa propia. Fue con ese objetivo que su esposo, Guadalupe, se marchó de "mojado" a Estados Unidos.

Evelia va administrando el dinero que recibe de a poquitos, y así han ido levantando varias paredes de lo que algún día será su hogar.

Pero la nueva ley migratoria de Arizona ha ensombrecido ese sueño.

"Ahorita, por la ley que va a entrar, no sabemos qué va a pasar. Y más, como él ya ha estado deportado, pues si lo agarran corre el riesgo de que lo apresen mucho tiempo", se lamenta.

"Él también está preocupado, está pendiente de nosotras, porque si lo llegaran a apresar… ¿qué vamos a hacer?".

Cuando BBC Mundo se va de Loma de Buenavista, Evelia se queda preparando un regalo para su esposo: una caja de zapatos repleta de chocolates y paletas, sus dulces mexicanos favoritos.

Será la familia Uribe, la afortunada, la encargada de hacer la entrega en Arizona.

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