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| 11/1/2008 12:00:00 AM

Yo Obama

Hace 13 años el candidato demócrata escribió su autobiografía. Estas son algunas de sus reflexiones.

Barack Hussein Obama empezó a hacer historia en 1990, cuando fue elegido presidente del Harvard Law Review, revista dirigida por los estudiantes de esa universidad. Era el primer negro en ocupar ese prestigioso cargo. Gracias a la publicidad que generó esa noticia, una editorial le ofreció a Obama contar su historia. De allí nació Los sueños de mi padre, que, según la revista Time, es la mejor autobiografía jamás escrita por un político. El libro, publicado en 1995 cuando Obama era apenas un abogado en Chicago, logró encabezar el listado de best sellers del New York Times, y fue aclamado por la crítica. Nadie en ese momento, ni el mismo Obama, pensaba que 13 años después estaría compitiendo por la Casa Blanca como el candidato oficial de los demócratas.

Precisamente por eso -que fue un libro escrito con honestidad y no como una herramienta política (como su segundo libro La audacia de la esperanza)- Los sueños de mi padre es muy revelador de quién es Obama. Para empezar, dice haber consumido drogas ilícitas en sus años universitarios -una confesión poco habitual en un político norteamericano-. Bill Clinton, por ejemplo, dijo que había fumado marihuana una vez, pero sin aspirarla. Pero más significativo que los hechos anecdóticos, la autobiografía de Obama desnuda su lucha por encontrar su identidad y cuenta qué piensa un hombre que ya rompió barreras históricas.

Sobre su infancia

Obama es hijo de un estudiante negro de Kenya y una mujer blanca de Kansas. Sobre el matrimonio de sus papás, destaca lo increíble de esa unión:

"En 1960, el año que mis papás se casaron, el 'mestizaje' era todavía descrito como un delito en más de la mitad de los estados de la Unión. En muchas partes del sur, a mi papá lo podrían colgar de un árbol por meramente haber mirado a mi mamá de manera indebida; en las más sofisticadas ciudades del norte, las miradas hostiles y los murmullos podrían haber llevado a una mujer con el predicamento de mi mamá a un aborto en el callejón -o en lo mínimo a un convento distante para organizar la adopción-. La imagen de ellos juntos hubiera sido considerada espeluznante y perversa… Sin embargo, no sería hasta 1967 -año que celebré mi sexto cumpleaños y en el que Jimmy Hendrix actuó en Monterrey, y tres años después de que el doctor King recibiera el Premio Nobel de la Paz- cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos finalmente declaró que la prohibición de los matrimonios mixtos violaba la Constitución".

El candidato demócrata conoció muy poco a su papá, llamado también Barack Obama, quien se fue cuando su hijo era muy pequeño y regresó por apenas dos semanas cuando éste había cumplido 10 años. Esa falta de padre afectaría su vida y es punto central de su autobiografía.

"Que mis padres no se parecían en nada a las personas a mi alrededor -mi padre era negro como la noche, mi mamá blanca como la leche- apenas registraba en mi mente.

"Aprendería que (mi papá) era un africano. Un kenyano de la tribu Luo, nacido en las orillas del Lago Victoria en un lugar llamado Alego. La aldea era pobre, pero su papá -mi otro abuelo, Hussein Onyango Obama- había sido un granjero prominente, un hechicero con poderes de curación. Mi papá creció cuidando las cabras de su padre… Eventualmente ganó una beca para estudiar en Nairobi; y entonces, en las vísperas de la independencia keniana, fue seleccionado por los líderes kenianos y sus patrocinadores americanos para asistir a una universidad en Estados Unidos, uniéndose a la primera gran ola de africanos enviados para aprender de la tecnología occidental y traerla de regreso para forjar una nueva, moderna África".

Indonesia

A la edad de 6 años, Obama se fue con su madre a Indonesia a vivir con su padrastro, Lolo. Esa experiencia en el país con el mayor número de musulmanes en el mundo le dejaría una huella imborrable.

"En Indonesia pasé dos años en una escuela musulmana y otros dos en una católica. En la escuela musulmana, el profesor le escribió a mi madre para decirle que hacía muecas cuando estudiábamos el Corán. Mi madre no se preocupó demasiado. 'Sé respetuoso', me dijo. En la escuela católica, cuando era hora de rezar, simulaba cerrar los ojos, pero luego atisbaba lo que ocurría en el aula. No pasaba nada. No descendían los ángeles. Sólo una monja vieja y enjuta y 30 niños morenos murmurando palabras. A veces me pillaba la monja, y su severa mirada hacía que mis párpados se cerrasen de nuevo. Pero eso no cambiaba lo que sentía por dentro.

"Aprendí que el mundo era violento, impredecible y frecuentemente cruel. Mis abuelos no sabían nada de ese mundo, decidí… Por eso acudí a Lolo (su padrastro indonesio) para guía e instrucción… Su conocimiento del mundo parecía inagotable... Sabía cosas elusivas, maneras de manejar las emociones que sentía, maneras de cómo explicar los misterios constantes del destino… . Tu mamá tiene un corazón tierno -me dijo Lolo-… Es una cosa buena para una mujer. Pero tú serás un hombre un día y un hombre necesita tener más juicio….

"Los hombres se aprovechan de la debilidad de otros hombres. En ese sentido son como los países. El hombre fuerte le quita la tierra al débil. Le hace trabajar sus campos. Si la mujer del débil es bonita, el fuerte la tomará -se detuvo para beber otro sorbo de agua, luego preguntó-. ¿Cuál te gustaría ser? No respondí, y Lolo miró hacia el cielo con los ojos entornados. -Mejor sé fuerte-, dijo, por último, al levantarse. Si no puedes ser fuerte, sé inteligente y firma la paz con el fuerte. Pero siempre es mejor que seas fuerte. Siempre.

"Con Lolo, aprendí cómo comer pequeños ajíes verdes (con abundante arroz) y lejos de la mesa del comedor, fui introducido a carne de perro (duro de mascar), carne de culebra (más duro) y saltamontes asado (crocante)"..

En Indonesia, Obama también presenció la diferencia de cultura, que se reflejó en la difícil relación que mantuvo su mamá con el indonesio.

"Mi madre se acordó de algo que Lolo le dijo en una ocasión cuando sus constantes preguntas tocaron su fibra sensible: 'La culpa es un lujo que sólo los extranjeros pueden permitirse. Al igual que decir lo primero que se te viene a la mente'. Ella no sabía lo que era haber perdido todo, despertarse y sentir el estómago comiéndose a sí mismo. Tampoco sabía lo peligroso que podía ser el camino de la seguridad. Sin una concentración absoluta era fácil resbalar, caerse de espaldas.

"Lolo tenía razón, por supuesto. Ella era una extranjera blanca de clase media, protegida por sus raíces familiares tanto si quería como si no. Siempre podía marcharse si las cosas se complicaban demasiado. Esa posibilidad anulaba cualquier cosa que pudiera decirle a Lolo, esa era la barrera infranqueable que había entre ellos".

El racismo

A los 10 años, Obama regresó a Hawaii para vivir con sus abuelos, Gramps y Toot: dos de las personas que más admira en su vida. Pasó toda su adolescencia con ellos, donde tuvo que confrontar su condición de birracial.

"Para mi abuelo, el racismo no era algo de lo que había preocuparse más; si la ignorancia aún se mantenía en algunas localidades, era de esperarse que el resto del mundo se pondría al día pronto.

"Dejé de publicitar la raza de mi mamá a la edad de 12 o 13, cuando empecé a sospechar que lo estaba haciendo para congraciarme con blancos".

En la universidad en California, y luego en Nueva York, Obama comenzó un debate profundo e interno sobre la posición de los negros en la sociedad norteamericana.

"Drogadicto. Esa era la meta a la que me dirigía: a desempeñar el papel definitivo y fatal de joven aspirante a negro. Excepto que mis fumadas no habían sido motivadas por mí, aun intentando demostrar lo 'hermano' que era. Al menos no por aquel entonces. Fumaba justo por lo contrario, porque así evitaba preguntarme quién era, porque suavizaba el relieve de mi corazón y difuminaba las esquinas de la memoria. Descubrí que no había diferencia alguna entre fumar porros en la nueva y reluciente furgoneta de un compañero blanco de clase, o en la habitación de la residencia universitaria de algún hermano que hubiera conocido en el gimnasio, o en la playa con una pareja de jóvenes hawaianos que habían abandonado la escuela y ahora pasaban la mayor parte del tiempo buscando una excusa para armar bronca. Nadie te hacía preguntas sobre si tu padre era un ejecutivo ricachón que engañaba a su esposa o un tipo en paro que te pegaba cada vez que se dignaba volver a casa. Podías estar aburrido, o solo. Todo el mundo era bien recibido en el club de los descontentos. Y si la fumada no podía resolver lo que te hacía sentir mal, al menos haría que te rieras de la locura en la que se había metido el mundo y ver la hipocresía, la mierda y la moralidad de pacotilla.

"La anciana del edificio de apartamentos de mis abuelos que se puso nerviosa cuando entré tras ella en el ascensor y fue corriendo a decirle al encargado que la estaba persiguiendo; su negativa a disculparse cuando supo que vivía en el edificio. El ayudante de nuestro entrenador de baloncesto, un joven enjuto y fuerte de Nueva York que vestía un bonito jersey, y que después de disputar un partido para seleccionar jugadores, contra unos negros muy habladores, empezó a comentar cerca de mí y de mis tres compañeros de equipo, que no deberíamos haber perdido ante un puñado de 'niggers'; cuando le dije -con tal cólera que me sorprendió incluso a mí- que cerrara la boca, me explicó tranquilamente el hecho aparentemente obvio de que 'hay niggers y gente de color, y aquellos chicos eran niggers'.

"Así es como te tratarán los blancos. No era simplemente la crueldad implícita; estaba aprendiendo que los negros podían ser mezquinos y algunos mucho más que eso. Era esa forma especial de arrogancia, esa estupidez de alguien, por lo demás cuerdo, lo que provocaba nuestra amarga risa. Era como si los blancos no supieran que estaban siendo crueles. A menos que pensaran que merecíamos su desprecio.

"Sí, había visto debilidades en otros hombres -Gramps (su abuelo) y sus frustraciones, Lolo (su padrastro indonesio) y sus compromisos-. Pero estos hombres se habían convertido en lecciones objetivas para mí, hombres que podría amar, mas nunca emular, hombres blancos y cafés cuyos destinos no hablaban del mí. Era en la imagen de mi papá, el hombre negro, hijo de África que había empaquetado todos esos atributos que anhelaba para mí, los atributos de Martin (Luther King), Malcom (X), W.E.B. Dubois (líder negro de principios del siglo XX) y (Nelson) Mandela.

"Y también me preguntaba que si el descubrimiento que Malcom (X, líder negro de la década los 60) hizo hacia el final de su vida -que algunos blancos podían vivir como sus hermanos en el seno de la fe islámica-, podía ofrecer la esperanza de una reconciliación final, si esa esperanza no se encontraba en un futuro lejano, en una tierra remota".

Su cuna política

Luego de haberse graduado de la Universidad de Columbia, Obama trabajó un año en una compañía financiera en Nueva York. Pero se aburrió y terminó como trabajador comunitario en Chicago. Eran los años 80 y la comunidad negra de esa ciudad estaba emocionada por la elección de Harold Washington, el primer alcalde afroamericano de esa ciudad.

"Las historias que había escuchado del grupo de líderes, todos los testimonios de coraje, sacrificio y superación de las grandes desigualdades, no habían surgido simplemente de la lucha contra la peste o la sequía, o ni siquiera de la mera pobreza. Habían surgido de una odiosa experiencia concreta. Y el odio no había desaparecido; dio forma a otra versión de la historia enterrada en lo más profundo de cada uno y en cuyo centro estaban los blancos (algunos crueles, otros ignorantes, a veces una simple cara, otras la imagen sin rostro de un sistema que exigía dominar nuestras vidas). Tuve que preguntarme si se podrían restaurar los vínculos de la comunidad sin el exorcismo colectivo de la figura fantasmagórica que perturbaba los sueños de los negros.

"Políticos negros menos dotados que Harold descubrieron lo que sus colegas blancos sabían desde hacía tiempo: que la incitación al odio racial podía compensar multitud de limitaciones. Líderes más jóvenes, ansiosos por darse a conocer, llegaron aun más lejos: fueron de puerta en puerta por toda la ciudad pregonando teorías conspiratorias (los coreanos estaban fundando un nuevo Ku Klux Klan, doctores judíos inyectaban a los niños negros el virus del sida). Era un atajo a la fama, aunque no siempre a la fortuna. Al igual que sucedía con el sexo y la violencia en la televisión, la ira negra siempre tenía gran audiencia.

"Ninguno de los vecinos del barrio con los que hablé se tomaba muy en serio tales teorías. La mayoría no esperaba que la política mejorase sus vidas, y mucho menos si se les pedía algo. Para ellos el voto, si es que lo utilizaban, equivalía a una entrada para un buen espectáculo. Los negros, me decían, no tenemos poder para influir en los ocasionales brotes del antisemitismo o en los ataques a los asiáticos.

"Esa era una de las lecciones que había aprendido en estos dos y medio años (en Chicago) -que la mayoría de la gente negra no era como el padre de mis sueños, el hombre de los cuentos de mi madre, repleto de ideales y rápido a juzgar a otros-. Eran más como mi padrastro Lolo, personas pragmáticas que sabían que la vida era demasiado difícil para juzgar las decisiones de otros".

Sus hermanos africanos

A finales de la década de los 80, Obama fue aceptado en la escuela de leyes de Harvard. Antes de iniciar sus clases, viajó a Kenia para conocer a sus parientes, incluidos varios medios hermanos, hijos de otros matrimonios de su papá. Fue impactante y, según relata, representó el fin de su viaje por encontrar una identidad.

"Por primera vez en mi vida, sentí el consuelo, la firmeza de identidad que un nombre puede proveer, como éste podría llevar consigo un historia entera en las memorias de otras personas… Nadie aquí en Kenya me preguntaría cómo se escribe mi nombre… Mi nombre pertenecía y entonces yo pertenecía, a una telaraña de relaciones, alianzas y rencores que yo aún no podría comprender.

"Aquí el mundo era negro y entonces usted era sí mismo; podría descubrir todas esas cosas que eran únicas de su vida sin vivir una mentira o sin cometer una traición.

"¿Qué es la familia? En África, la familia estaba en todas partes: en almacenes, en la oficina postal, en calles y en parques, todos preocupándose por el hijo perdido de Obama… Si un primo descubriera que Auma (su media hermana) me había dejado solo, podría caminar dos millas al apartamento de Auma por si acaso yo estaba allí y necesitaba compañía. 'Ah, Barry, ¿por qué no me llamaste? Ven, y te presento algunos de mis amigos.

"Me di cuenta de quién era, de que lo que me importaba no era ya un asunto de intelecto u obligación, ni una construcción de palabras. Vi que mi vida en América -la vida de negro, la vida de blanco, la sensación de abandono que sentí como niño, la frustración y la esperanza que presencié en Chicago-, todo estaba conectado con este pequeño lote de tierra a océano de distancia, conectado más que por el accidente de un nombre o el color de mi piel. El dolor que sentí era el dolor de mi padre. Las preguntas de mi hermano (keniano) eran mis preguntas. Su lucha, mi derecho de nacimiento".

* Publicado por cortesía de Editorial Almed, propietaria de los derechos en lengua española: Editorial Almed Divina Pastora, 7 local 18

18012 Granada (España) www. almed.net

almed@almed.net


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