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El estupor de la esclava mexicana

Zunduri, la mujer esclavizada durante más de dos años en una tintorería en Ciudad de México, retornó a la casa en la que estuvo encadenada y obligada al trabajo forzado.

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El acto no podría requerir de más valentía. Luego de pasar dos de sus veintidós años de edad encadenada y obligada al trabajo forzado, Zunduri regresó a la habitación en la que recibió maltratos, golpes y quemaduras.

Se trata de una tintorería en la que Zunduri trabajaba, y cuya dueña abusó sistemáticamente de la joven hasta que un día la encadenó a la pared y la esclavizó por completo.

Por fortuna, esta vez la mujer no se encontraba sola: estaba acompañada por oficiales mexicanos, que buscaban recrear junto a ella las atroces escenas de las que fue víctima.

Si bien está cercana a los 23 años de edad, en el video Zunduri se ve ínfima junto a los agentes. A pesar de tener la apariencia de una mujer de 14 años, su cuerpo muestra el desgaste de una de 81, según recientes exámenes médicos.

Zunduri, quien escapó de sus captores días atrás, parece no haber salido del estupor. No llora, responde con brevedad y con voz baja y monótona. Inclusive, entre las indagaciones sobre las cadenas con las que era retenida, se extrañó por la ausencia del 'burro' en el que era obligada a trabajar. “No veo el burro en donde yo planchaba”, dice.

Los agentes preguntan por los candados con los que era retenida, sometimientos cuyas heridas son evidentes en el cuerpo de la mujer, pero Zunduri parece no dimensionar los abusos de los que fue víctima. “Ese es el candado de la plancha”, se le escucha decir, mientras la cámara muestra las lasceraciones de su cuello y espalda, brutales heridas producidas por el roce de las cadenas que la retenían.

Mientras avanzan las investigaciones de su caso, por el que han sido detenidas cinco personas, Zunduri -nombre que adoptó luego de su escape- permanece en un albergue de la fiscalía de la capital mexicana. Con el reciente recorrido por la casa en la que estuvo secuestrada, a la joven se le hará difícil olvidar las torturas de las que fue objeto. Pero, habiéndose salvado de una peor suerte, esta será la última vez que Zunduri entre a la casa que la encadenó durante dos años.

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