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Entre los finalistas para ser una de las Nuevas Siete Maravillas de la Naturaleza, el publicitado concurso que aspira escogerlas en una votación planetaria por Internet a lo largo de varios años, destaca una aspirante latinoamericana. La Amazonía es la única candidatura compartida por nueve países y, por sus dimensiones, sobresale entre las demás aspirantes.
Por supuesto, el "pulmón del mundo" es mucho más que una maravilla de la naturaleza, pues se trata de una región de interés estratégico para el planeta entero. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva parece tenerlo claro, por lo que aspira a llevar una posición regional en las negociaciones de Copenhague sobre la reducción de gases de efecto invernadero, que buscarán el mes entrante un nuevo acuerdo que reemplace al protocolo de Kyoto. Para ello invitó a los mandatarios de los países amazónicos a una reunión en Manaos el 26 de noviembre
La Amazonía es clave por varias razones. Para empezar, desempeña un papel importante en el comportamiento del clima, pues la vegetación absorbe el carbono que producen, entre otros, los automóviles y las fabricas. Se calcula que los árboles amazónicos absorben al menos un 10 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono, y la mitad de los bosques tropicales están en esta región. Pero por el lado negativo, la deforestación y quema de bosques produce cerca de un 20 por ciento de los gases de efecto invernadero.
Pero además del tema climático, la Amazonía es fundamental por su biodiversidad, que la convierte en la mayor reserva del mundo (ver infografía). Esa riqueza le da un enorme potencial, por ejemplo, para el desarrollo de medicinas, pues es mínima la cantidad de plantas y animales que han sido estudiados. Adicionalmente, posee un quinto de las reservas de agua dulce del planeta.
Por todo lo anterior, muchas miradas se dirigen al Amazonas y, particularmente, al gigante suramericano, que alberga el 65 por ciento del territorio amazónico. "Ningún país tiene una papel más grande en el proceso de reversar el impacto del calentamiento global que Brasil", ha declarado Lula.
Pero el tema tiene tanto una dimensión ambientalista como una político-económica. De hecho, Lula ha sido acusado por los ecologistas de hacer poco por preservar el medio ambiente. Es muy recordada la renuncia en 2007 de la carismática Marina Silva, amiga de Lula y entonces ministra del ramo, después de haber perdido varias batallas políticas. En el seno del gobierno brasileño, aseguran varios observadores, se da un choque entre los sectores que apoyan el desarrollo económico y la defensa de la soberanía en primer lugar y los que dan prioridad al medio ambiente.
En cuanto a lo primero, desde hace muchos años en sectores brasileños existe el temor de que manos extranjeras se apoderen de sus riquezas en su vasta y en gran medida despoblada Amazonía. Por eso desde los años 60 Brasilia llamó a colonizar el territorio, sin pensar en los efectos de la llegada de miles de campesinos que ahora son responsables de la destrucción del medio ambiente.
Los temores de quienes siguen esa tendencia se reavivaron el año pasado, cuando apareció un artículo de The New York Times titulado '¿De quién es este bosque
'. El texto informaba que algunos líderes internacionales estaban declarando cada vez más abiertamente que la Amazonía es parte de un patrimonio de la humanidad más que de las naciones que la comparten geográficamente. A los pocos días, Lula respondió para reafirmar la soberanía brasileña, y dijo que "el mundo tiene que entender que la Amazonía brasileña tiene dueño, y ese dueño es el pueblo brasileño: los indios, los caucheros y los pescadores -dijo-. Somos conscientes de que se necesita disminuir la deforestación, los incendios, pero también lo somos de que es necesario desarrollar la Amazonía". Y dijo que le hacía gracia que los países que más contaminan fueran los que ponían sus ojos en el territorio.
La responsabilidad para Brasil es grande, pues según los expertos, ese país es de los que más contaminan, y más de la mitad de sus emisiones de CO2 provienen de la destrucción de la Amazonía. Lula anunció recientemente que reducirá fuertemente en esta tendencia, cuando prometió bajar en un 80 por ciento el ritmo actual de deforestación antes de 2020. Debe hacerlo, ya que además la deforestación y quema de bosques son la mayor amenaza para las aspiraciones de liderazgo global de Brasil.
El mandatario brasileño quiere oficializar un esfuerzo serio en Copenhague y ha tratado de elevar el perfil de Brasil en las negociaciones. De ahí su interés en sacar adelante la reunión de países amazónicos a la que incluso, según se especulaba al cierre de esta edición, podría invitar al mandatario francés Nicolas Sarkozy por cuenta de su departamento de ultramar, la Guyana francesa. Todos están de acuerdo en mitigar sus emisiones, pero no en los mecanismos. Pero si no logran un consenso capaz de convencer al mundo de que son capaces de manejar por sí solos el pulmón del planeta, podrían darles alas a quienes, desde otras regiones del mismo, piensan que sí podrían hacerlo.
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