Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/10/09 00:00

El niño que sobrevivió a los paras

Ocho años después del asesinato de sus padres y abuelo en un retén paramilitar, Carlos Fernando*, un niño de 10 años que fue entregado por los asesinos a una familia adoptiva en Bogotá, descubre su verdadero origen.

Foto de Carlos Fernando* cuando llegó a Bogotá. El nombre del niño es inventado para proteger su identidad. Foto: Foto: Archivo particular

El cinco de febrero del 2000 un grupo de paramilitares del bloque Meta y Vichada de las AUC, al mando de José Baldomero Linares, alias “Guillermo Torres”, interceptó un automóvil en la carretera rural de Puerto López. El vehículo fue sorprendido por el retén ilegal cuando se dirigía a la finca “El tesoro” en Castillo, Meta, donde la familia Ducuara Díaz pasaría el día pescando. Desde entonces, poco se supo de su paradero y de sus cuatro tripulantes.

En el automóvil iba Carlos Hernando Ducuara, un soldado profesional que se vio obligado a pensionarse en 1999 por una mina antipersonal. Viajaba con su hijo de 2 años de edad, su mujer, su suegro y un conductor.

Desde el momento de la desaparición de Carlos Fernando sus abuelos paternos hicieron todo lo posible para dar con el paradero de su hijo y su nieto. Incluso llegaron a ilusionarse con la noticia de la aparición del conductor del vehículo, 10 meses después de la desaparición en Puerto López.

La familia Ducuara intentó comunicarse con él para recibir información de sus seres queridos sin obtener ninguna respuesta. “Apenas nos veía se iba o se despedía de las personas con las que estaba hablando”, aseguran.

Finalmente el 16 de septiembre del 2008, 8 años después, durante la versión libre de “Guillermo Torres”, se logró revelar la verdad de los hechos. La buena nueva de la existencia de Carlos Fernando comenzó a escribirse cuando el ex jefe paramilitar del Meta y Vichada reconoció en versión libre que el niño no fue asesinado, sino que fue entregado para su crianza a una humilde familia bogotana.

Ese día se supo también que los padres y el abuelo de Carlos Fernando murieron a sangre fría por ordenes de “Guillermo Torres”. El ex jefe paramilitar ordenó a alias “El Zarco”, uno de sus jefes militares, asesinar a todos los ocupantes del carro. Según el, lo ocupantes del vehículo eran unos secuestradores.

Nadie se explica cómo ni por qué el niño y el conductor lograron sobrevivir a esta masacre. En la audiencia se conoció que después de asesinar a sangre fría a la familia de Carlos Fernando, alias “El Zarco” entregó el niño al jefe político de las autodefensas del Meta y Vichada, Pablo Trigo Aya, alias “Pablito”, quien tan solo cinco días después del crimen preguntó a Baldomero Linares si debía asesinar al menor.

En esta versión, “Guillermo Torres” aseguró que ordenó a sus hombres entregar el niño al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF); no obstante, los hombres encargados no lo hicieron por temor a ser capturados.

Así fue como alias “Pablito” trasladó el niño a Bogotá, donde él hacía las veces de Pastor en una iglesia evangélica. Allí el paramilitar, sin ninguna explicación, dejó a Carlos Fernando con una familia cristiana perteneciente a su congregación que había perdido a uno de sus hijos hacía poco.

La familia elegida asegura que se negaron en varias ocasiones a recibir a Carlos Fernando, pero que ante la insistencia del supuesto Pastor lo aceptaron por el hecho de ser huérfano. El 12 de abril del 2000 lo registraron con el apellido de la familia a pesar de no tener claro el origen del menor.

La familia adoptiva desconocía el pasado del niño hasta que hace algunas semanas se enteraron a través de la Fiscalía de las circunstancias por las que terminó en sus manos. La familia decidió colaborar, y formalizó ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía y ante el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, su entrega, para que sea la justicia la que decida su futuro.

El padre adoptivo de Carlos Fernando comentó su desconcierto una vez se enteró de la noticia. “No tenía conocimiento del pasado delincuencial de Pablo Trigo, confiaba plenamente en su criterio como Pastor. Es muy lamentable que se haya presentado todo esto. Yo no puedo decir que el niño es mío y punto, porque hay otra familia que también está pendiente de él”, aseguró el padre adoptivo. “En todo caso lo queremos como un hijo”, dijo.

Mientras tanto, en Puerto López, Meta, la verdadera familia del menor espera la decisión del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Su abuelo paterno asegura estar dispuesto a acogerlo con el mismo cariño con el que aguardó noticias de su paradero por más de 8 años: “Nosotros estamos muy contentos, después de haberlo perdido, sabemos que está vivo” afirmó. “Lo que más queremos es tenerlo para que sepa que tiene familia, que tiene abuelos”.

El menor está en este momento bajo el cuidado del ICBF, quien debe determinar si Carlos Fernando regresa al lado de su familia real. Afortunademante para la familia Ducuara, la verdad sobre la desaparición y muerte de sus seres queridos comienza a esclarecerse.

*Nombre ficticio para proteger la identidad del menor

 

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