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| 6/10/1991 12:00:00 AM

... POCOS LOS ESCOGIDOS

Meter a un niño en un coleglo privado se ha convertido en un viacrucis, aun para los que pueden pagar.

... POCOS LOS ESCOGIDOS ... POCOS LOS ESCOGIDOS
PARODIANDO LA SENTENCIA bíblica, es más fácil que un camello pase por el ojo de aguja que un niño en un colegio privado. La idea de que los mayores problemas se dan en el sector oficial -huelgas de maestros, escasez de recursos y de cupos, tráfico de influencias, etc.está mandada a recoger Ahora, estudiar en un plantel privado también se ha convertido en un verdadero viacrucis para las familias colombianas.
Conseguir cupo se ha convertido en una verdadera hazaña, pues los colegios están estrechando cada vez más su puertas de entrada. Son tantos los requisitos y tan sofisticado el proceso de se lección, que ingresar en un colegio se ha convertido en una carrera de obstáculos. Ni el dinero cuenta como pudiera pensarse, y tampoco el apellido o el prestigio, aunque se sabe que las palan casi siguen funcionando. Porque la educación, que en el mundo desarrollado es uno de los mas elementales derechos, en el mundo en desarrollo sigue siendo un privilegio hasta para los mas favorecidos por la fortuna. Por una razón que suena sencilla pero poco lógica: falta de cupos. La oferta no ha crecido en la misma proporción que la demanda, por la menos en lo que se refiere a colegios de alto nivel académico, y esto ha creado enormes dificultades para los padres de familia, que no siempre pueden matricular a sus hijos en el colegio que quieren.
Desde antes de poder probar que no da la talla o que no puede adaptarse un pequeño de cinco años se ve sometido a tantas pruebas o mas que un aspirante a ingresar en la universidad.
Con esta verdad en la mano o en muchos casos con este pretexto, los colegios han establecido una red infinita insufrible de filtros a lo largo de un proceso de escogencia que se inicia seis meses antes de las clases.
Este drama terminó hace apenas un mes en los planteles de calendario B , y dentro de pocas semanas comenzará en los de calendario A. Los padres de familia reclaman, los directores de los colegios explican y el Ministerio de Educación asiste a la controversia como convidado de piedra.
Después de consultar en más de 20 colegios privados de Bogotá, SEMANA pudo establecer cuáles son las estaciones del viacrucis escolar de las familias colombianas.
Edad exacta. Si el niño tiene un mes más o un mes menos de la edad establecida por los colegios para ingresar, no puede aspirar al cupo.
Conseguir el formulario de inscripción. Este paso no es difícil, pero crea falsas expectativas. Cada colegio vende -cosa que es ilegal más o menos 300 formularios por un valor que oscila entre cinco y 10 mil pesos para un número de cupos que, por lo general, no sobrepasa los 60. Y algo que complica aún más las cosas es que las prioridades de admisión no siempre se dan por las aptitudes, sino por los parentescos. Tienen prelación las solicitudes de hijos o hermanos de ex alumnos.
Exámenes y pruebas. Entregada la solicitud, cada niño tiene que presentar una serie de exámenes para medir su aptitud científica, de lenguaje y su desarrollo sicomotor.
Entrevista. Superada la etapa de los exámenes, viene la de la entrevista con el director, un profesor o una sicóloga del plantel. En ella se mira con lupa el comportamiento del niño, se analiza su presentación personal, su pronunciación, su audición, en fin, según afirma una de las sicológas, se estudia si el niño es apto para vivir en sociedad. Y cualquier error puede descalificarlo.
En una carta dirigida al Ministerio de Educación por varios padres de familia se cita el caso de un niño que fue rechazado porque no pudo improvisar un cuento durante cinco minutos y de otro que corrió la misma suerte porque no pudo mantenerse en un solo pie durante un período determinado.
Si los padres -siguiendo la tendencia actual están interesados en conseguir cupo en un colegio bilingue, los obstaculos se duplican. El niño, recién salido del preescolar, tiene que presentar un examen de conocimientos sobre un segundo idioma. Colegios como el Nueva Granada y el Helvetia exigen este requisito.
Pero si los niños tienen que someterse mansamente a todo tipo de exámenes, los padres tampoco se salvan de los interrogatorios. Haciendo de tripas corazón tienen que enfrentarse a los directores de los colegios, interesados en saber pormenores familiares y hasta intimidades de la pareja. Y no son pocos los colegios que cuando saben que los padres son separados o la madre es soltera, rechazan la solicitud.
A pesar de lo arbitrarios, los métodos de selección que aplican los centros educativos no estan sujetos a ningún tipo de control. Según el presidente de la Asociación de Colegios Privados de Bogotá, Oscar Montoya, cada plantel tiene plena libertad para elegir a sus alumnos. Y no se les puede obligar que reciban, por más de 10 años, a un niño que no les agrada.
Para analizar las solicitudes, los colegios se toman dos largos meses. Y en muchos colegios, los pocos que son aceptados tienen que pasar una prueba más: la del pago de bonos o cuotas que tienen que cubrirse para poder entrar a formar parte de la selecta lista de alumnos. En varios planteles, como el Abraham Lincoln, el Andino y el Gimnasio Los Cerros, este aporte supera ya el medio millón de pesos por alumno. Los bonos, aunque prohibidos por el Ministerio, son recaudados por las Juntas de Padres de Familia, asociaciones con personería jurídica que les da derecho a recaudar fondos sin que el Estado pueda intervenir.
Pero el drama más grave es para el alto porcentaje de niños no admitidos.
Desde el momento en que reciben la respuesta negativa, los padres comienzan a poner en duda las capacidades y aptitudes de sus hijos. Todo este dilema se podría evitar si las directivas de los colegios fueran más sinceras y dijeran que el único inconveniente es que no alcanzan los cupos y no que el nino ha cometido algún error, señala Patricia Pavía, directora de un jardín infantil, y quien ha llevado esta queja hasta el despacho del propio Ministro de Educación.
El tema es muy controvertido, pero muchos afirman que su solución se esta desviando. Señalan que tras el pretexto de la calidad, que es como justifican los colegios las exigencias para recibir a un alumno, lo que se esconde es una pura y simple falta de cupos. El ministro de Educación, Alfonso Valdivieso, así lo reconoce cuando afirma que los métodos de escogencia son antipedagógicos, pues someten a los niños y a las familias a una serie de pruebas que, en últimas, no son las que definen el ingreso de los muchachos. Los exámenes son una farsa, porque lo que existe es un problema de mercado. Pero frente a los métodos de seleccion de los colegios privados, el Ministerio no puede hacer nada , señala Valdivieso.
Pero si para el Ministerio el problema de ingreso se debe a la cobertura limitada y a la falta de cupos, para la Asociación de Colegios de Bogotá se debe a otra causa: la competencia. Esta se ha hecho cada día más fuerte, como resultado de una lista de los 100 mejores colegios elaborada por el Ministerio de Educación.
A causa de esta competencia, lograr el cupo no es el único objetivo. El problema mayor es mantenerse dentro. Este control de calidad crea el drama de los repitentes Si para un niño de cinco años conseguir un cupo es una proeza, para un muchacho con una hoja académica en la que figuren las palabras

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