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| 12/16/2006 12:00:00 AM

2006: el año del destape

El que termina, 2006, fue el año del destape.

Las indagatorias de funcionarios y políticos vinculados a grupos paramilitares destaparon una valiosa fuente de información que en los próximos meses convertirá en verdad oficial lo que hasta ahora eran versiones secretas y confusas. La aplicación de la Ley de Justicia y Paz a su vez aportará elementos sobre los métodos utilizados por el paramilitarismo para someter al poder local durante los últimos años. Ambos procesos pusieron en manos de la justicia un desafío de dimensiones históricas que también se convierte en una gran oportunidad: si actúa con eficacia, se conocerían revelaciones que ayudarían a frenar las funestas intenciones de infiltración de los paras en el Estado. Si 2006 fue el año del destape, 2007 será el de la verdad.

El escándalo de la para-política marcó el inicio del segundo mandato del presidente Álvaro Uribe, quien logró una reelección también histórica por su contundencia y escasos antecedentes en varias décadas. De la manera como el gobierno enfrente la situación y resulte -o no- salpicado por las revelaciones, dependerá la suerte de un cuatrienio en el que Uribe tiene la esperanza de desbloquear soluciones para graves problemas acumulados. Lo cual equivale a derrotar el mito que condena a las segundas partes, y demostrar que la reforma constitucional para permitir la reelección del mandatario en ejercicio no tiene las nefastas repercusiones institucionales que tuvo en otros países. La reelección presidencial introdujo otras nuevas realidades políticas que se van a sentir en el futuro. Como, por ejemplo, una oposición fortalecida y articulada. Una tendencia que, si se logra profundizar, sería un aporte para la construcción de una política más moderna, equilibrada y pluralista.

No es un año, 2006, de esos que se desearía enterrar a las carreras. Aunque traumático, el destape del matrimonio de políticos y paras es positivo, sobre todo si al final sirve para disolverlo. Además, los colombianos se beneficiaron del crecimiento económico más alto en muchos años. Empujado por buenos vientos continentales, el dinamismo en la actividad productiva se reflejó en un descenso, aún insuficiente pero significativo, del desempleo y de la pobreza.

El año que termina cambió totalmente el entorno internacional de Colombia. La serie de elecciones en América Latina favoreció a una izquierda que ahora tiene que demostrar su capacidad de mantener desde el gobierno la ilusión de los electores. En Estados Unidos un triunfo contundente de la oposición obligará a cambiar el rumbo del gobierno de George W. Bush. Todas estas modificaciones obligarán a Colombia a ampliar su política exterior de alianza exclusiva y excluyente con Washington.

Un año, en fin, lleno de acontecimientos. Para SEMANA fueron 12 meses de trabajo arduo, realizado con mística y con la convicción de que el ejercicio independiente y riguroso del periodismo, así obligue a pisar los callos de los grandes poderes, es el mejor aporte que se le puede hacer a la democracia. Como se ha convertido en una tradición desde hace seis años, en esta edición hacemos una pausa para mirar los últimos 365 días con una perspectiva analítica. Esperamos que los lectores puedan comprender mejor qué pasó en este año de destape y que a partir de sus conclusiones puedan contemplar con optimismo el futuro. A todos les deseamos una feliz Navidad y un exitoso 2007.
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