Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/02/02 15:00

“A los caleños se les ha subido la autoestima”

El alcalde de Cali dice que, con lo que está haciendo, la ciudad volverá a ser la de los Juegos Panamericanos.

“A los caleños se les ha subido la autoestima” Foto: Juan Bautista Díaz

MARÍA JIMENA DUZÁN: Tengo que confesarle que siento envidia de la buena: en Cali el MIO funciona mejor que el TrasMilenio de Bogotá, su secretario de Tránsito ha importado los mandamientos de la cultura ciudadana de Mockus la mayoría de los cuales se nos olvidaron a los bogotanos; hay obras por todas partes… 


RODRIGO GUERRERO: Yo creo que en Cali ha sucedido una cosa que los técnicos denominan la autoestima colectiva. Yo recuerdo hace años cuando uno iba a Bogotá y era el desastre y Cali era la maravilla. De repente comenzaron a tener buenas administraciones y la ciudad se vio de manera distinta.  Eso está pasando nuevamente con Cali. Tenemos el mejor sistema de transporte masivo y hemos logrado una cobertura de cerca del 90 por ciento; estamos haciendo obras y a los caleños se les ha subido su autoestima. En mi campaña dije que la Secretaría más importante en mi administración iba a ser la de Tránsito porque creo que es la forma más expedita para que la gente entienda que hay reglas que cumplir. Para manejarla escogí un personaje ideal que es Álvaro Hadad quien se ha enfrentado a los transportadores y ha conseguido en un año sacar de circulación 1.000 buses. Pero no solo ha hecho eso. Ha impuesto unas normas de tránsito que han bajado los índices de accidentalidad. Ha puesto unos relojes que alertan al conductor el tiempo que tiene antes de cambiar el semáforo y no perdona un carro mal parqueado porque lo multa. El otro día estábamos con él en el Club Colombia y con un grupo de empresarios. Cuando Hadad salió y vio los carros mal parqueados ordenó que se los llevaran. Así debe ser.


M.J.D.: Tengo información de que muchos caleños de estratos altos se negaron a pagar la valorización por concepto de las 21 megaobras con el argumento de que no les gustaba el alcalde Jorge Iván Ospina, hijo de un jefe del M-19 que fue abatido por las fuerzas del orden.  


R.G.: Yo tengo muchos años y todavía me alcanzo a acordar de lo que sucedió cuando se hizo una de las primeras obras de valorización en Cali que fue la calle Quinta, la que queda al lado del Inter, que era la de mostrar hasta hace poco. En esa ocasión, los ricos vecinos míos en señal de protesta se acostaron en la calle detrás de los bulldozers que dizque porque la nueva calle iba a sacar a las monjas carmelitas. ¡La disculpa eran las monjas! Esa cultura del no pago de impuestos ha cambiado muchísimo. La gente ha pagado la valorización sin ningún problema, pero todavía tenemos un hueco.


M.J.D.: ¿Está diciendo que el anterior alcalde Jorge Iván Ospina dejó sin financiación a su gran bandera de gobierno?

R.G.:
Mire, yo me hubiera podido poner a decir que esas obras las dejó sin financiar y a criticarlo por eso, pero yo creo que eso no es lo que necesita Cali. El reto de mi administración es conseguir esos recursos. Y por ello estamos incluyendo en el Contrato Plan que hicimos con la nación dos de esas megaobras por un valor de 250.000 millones. Son obras que la ciudad necesita y que las vamos a hacer. 


M.J.D.: ¿Y de qué tamaño es el hueco que dejó el alcalde Ospina?

R.G.:
Es un hueco grande. En total, sumando la valorización medio billón de pesos.  


M.J.D.: ¿Cuál es ese concepto de ciudad que usted va a plasmar en el nuevo POT que le toca hacer?

R.G.:
Queremos una ciudad para los peatones. Teniendo ya consolidado el transporte masivo podemos densificar la ciudad a lo largo de los corredores por donde pasa el MIO. De tal manera que la gente no tenga que utilizar carro ni moto para salir a trabajar sino que camina dos cuadras y se monta en el MIO. Tenemos planeado hacer un parque lineal de 17 kilómetros por la línea del ferrocarril en el mismo sitio en donde el alcalde anterior había propuesto hacer una autopista por peaje. Con esta ciudad, Cali va a volver a ser la de los juegos panamericanos. 


M.J.D.: ¿Y cómo explica usted que le vaya tan mal en las encuestas? En casi todas usted y Petro son los alcaldes con menos aprobación.


R.G.: Por varias razones. Una es que muchas de las cosas que estamos haciendo no son visibles. La obra más importante para Cali es la que se está  haciendo en el jarillón sobre el río Cauca que vale un billón trescientos mil millones de pesos y que va a proteger la ciudad de que no suceda una debacle. Tenemos ya los recursos. La otra razón es que este humilde servidor es muy arisco. Yo me eduqué con la idea de que el bien no hace ruido y el ruido no hace bien. Pero mi propósito es corregir eso porque entiendo que ese silencio puede ser aprovechado para atacar a mi administración. Le aseguro que este año vamos a cacarear por todo lado. 


M.J.D.: Cuando uno viene a Cali ve que hay una sociedad segregada y que cada orilla tiene sus representantes políticos. El alcalde anterior Jorge Iván Ospina era un hombre de izquierda y de extracción popular y usted proviene de la poderosa clase dirigente caleña. ¿Cómo está trabajando para cerrar esa brecha?

R.G.:
Le recuerdo algo: yo le gané a mis contendores en todas las comunas de Agua Blanca. De modo que yo no llegué aquí porque sí. He trabajado toda mi vida desarrollando políticas que ayuden a los débiles. Ellos son los que necesitan el apoyo en educación, en vías, en salud y allá es donde tenemos que invertir. Los de arriba se defienden solos y no tienen ningún problema. Por eso mi administración va a invertir en proyectos como el de la recuperación de dos lagunas que quedan al lado de una de las comunas más deprimidas y que sirvieron en los Panamericanos para hacer las competencias de remos, pero que hoy están invadidas. 


M.J.D.: Cali ha mantenido unos índices de violencia preocupantes que ni siquiera bajaron en la época de la seguridad democrática. La semana pasada asesinaron a un concejal de Buenaventura…


R.G.: Cali es un sitio en donde  confluyen los problemas del narcotráfico y el crimen organizado y han alquilado nuestra plaza para dirimir sus disputas. Eso se ve en las cifras: el número de homicidios que se suceden en Cali en su gran mayoría son alquilados. Todos los demás rubros, como el robo a celulares y hurtos a casas han ido bajando. La otra criminalidad es de la misma estirpe de la que hubo cuando yo fui alcalde la primera vez, cuando me tocó la pelea entre los carteles de Medellín y Cali. Esa criminalidad trasciende los límites de Cali y requiere Gaulas, grupos de inteligencia, y una Fiscalía fuerte que investigue y capture. Lo mismo le está pasando a Medellín, y yo que soy un enfermo de la estadística sé que allá tampoco ha habido una disminución de los homicidios.


M.J.D.: A usted le tocó ser alcalde en la peor época de Cali: la que se sentía atemorizada y cercada por el narcotráfico. ¿Cómo ha cambiado la ciudad desde entonces?

R.G.:
Esa Cali tenia índices de homicidios del 126 por 100.000 habitantes y hoy estamos en 60, que sigue siendo escandalosamente alto, pero es la mitad de lo que había. El cambio de la Policía ha sido dramático –me enteré después que en esa época hasta el jefe de los escoltas mío estaba en la nómina de los carteles–. Hoy es una Policía profesional que puede tener problemas, pero nunca como los que tenía en ese momento en que era casi normal que tuviera relaciones abiertas con el narcotráfico. Falta es Justicia. En Cali la Fiscalía no ha sido capaz  de terminar el edificio que volaron las Farc en tiempos de Uribe. Eso quiere decir que van a seguir distribuidos los fiscales en 20 sitios y que los expedientes viajarán en motos de un lado a otro y que muchos de ellos correrán el peligro de perderse. 


M.J.D.: ¿Y cómo enfrentar esas pandillas que andan por todo Cali amedrentando a la gente?

R.G.
: Hay que hacer una intervención social para que esos muchachos tengan mejores opciones de vida. Ellos sienten que ni a la administración ni a los alcaldes les importa su suerte. Y eso hay que cambiarlo. Hay que hacerles saber que sí nos importan. Por eso tengo destinado el 70 por ciento de mi presupuesto a la solución de problemas sociales que reduzcan esta distancia. Vamos a dedicar todo el presupuesto de regalías – 40.000 millones de pesos–, a invertirlo en la educación para hacer un cambio pedagógico y conseguir que los estudiantes de colegios públicos puedan utilizar el internet. 


M.J.D.: Y sin embargo muchos lo critican por lo contrario: por haber llenado a la Alcaldía de yuppies insensibles, provenientes de los estratos más  altos que no conocen la ciudad y que nunca han vivido en ella. 


R.G.: No es cierto que haya traído a yuppies ni que todos sean de estratos altos. He traído a la gente más calificada del país.  En Cali estamos jugando con los mejores y en eso Esteban Piedrahita ha sido nuestro gran reclutador. Y no son yuppies. Muchos de los que he reclutado conocen más a Cali que muchos de los enteleridos que nos critican. Ahora sí es gente muy preparada y eso establece una distancia con la clase política que está más acostumbrada a otro tipo de personajes. 


M.J.D.: ¿Y cómo ha hecho para lidiar con la clase política del Valle que tiene a varios de sus líderes en las cárceles acusados de corrupción?

R.G.:
Dígame en dónde no hay políticos así. Dígame una ciudad en que no haya ese problema. Pero le respondo su pregunta. El otro día me llamaron a decirme que yo tenía a una persona del PIN como secretario de Educación. Le dije que sí lo tenía y que lo había nombrado porque era un excelente administrador. También tengo funcionarios del Polo, del Partido Conservador, de La U. Yo tengo ceguera de color y fui un candidato que llegué a la Alcaldía por firmas. Si la gente es buena y si quiere trabajar honradamente no me importa del partido que sea. 


M.J.D.: ¿Y sus relaciones con el Concejo?

R.G.:
Son buenas, pero cada pájaro en su nido y cada perro en su rodete. Ellos tienen su función y nosotros la nuestra. 


M.J.D.: Hay la impresión de que en cierto momento la dirigencia caleña abandonó el interés por la ciudad y se preocupó más por sus bolsillos mientras Cali entraba en una crisis de la cual hasta ahora parece estar saliendo. 


R.G.: Eso es verdad. Y ese fue mi diagnóstico cuando yo me iba a lanzar a la Alcaldía. A la gente que me decía que me metiera, yo le respondía: muy bien, me meto, pero yo solo no arreglo el problema. Aquí dicen que hemos sido muy de malas con los alcaldes, pero en realidad es que nos hemos desentendido de la clase política. Cuando vieron que el narcotráfico estaba influyendo mucho en la política le dejaron el espacio. La recuperación de Cali les compete a todos, desde el empresario hasta el líder social. 


M.J.D.: ¿No le han dicho que a su edad debería estar descansando y no montado en este potro? 

R.G.:
La política es la actividad fundamental de la vida. Sin política no hay nada. Y si hay gente que me dice; “ve, usted debería estar jubilado y tranquilo haciendo lo que le gusta”. Y yo les respondo: “Pues  no. Yo estoy más tranquilo aquí tratando de ayudarle a Cali”.

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