08 diciembre 2012

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"A Dios gracias no tenemos poder político"

ENTREVISTAEl nuevo cardenal de Colombia y arzobispo de Bogotá, Rubén Salazar, habló de frente sobre la realidad actual, el proceso de paz, el aborto y el matrimonio gay, entre otros.

"A Dios gracias no tenemos poder político".

Foto: AP

SEMANA: ¿Qué significa para Colombia tener un nuevo cardenal?

CARDENAL RUBÉN SALAZAR:
La Iglesia Católica en Colombia ha sido un factor de cultura, de educación y de convivencia sumamente importante, y que uno de sus hijos sea elegido por el santo padre para ser cercano colab
orador en el gobierno de la Iglesia universal es de gran importancia porque la voz de la Iglesia colombiana va a pesar de manera especial en las decisiones que se tomen.

SEMANA: ¿Cuál es su misión como cardenal o tiene ya alguna tarea del papa?

C.R.S.:
No tengo una misión. Sin embargo, desde que llegué a Bogotá hace dos años estoy empeñado en la construcción de una sociedad justa, ecológica, solidaria, fraterna; ayudar a los pobres, a los más desamparados. Somos una luz muy clara que ilumina todas las circunstancias que se presentan en la vida del país.

SEMANA: ¿Precisamente qué le preocupa a la Iglesia de Colombia?

C.R.S.:
Estamos en un proceso de democratización y de modernización del Estado que en los últimos años se ha acelerado fuertemente. Durante mucho tiempo vivimos casi anacrónicamente instalados en un modo de vida que hacia que Colombia estuviera como al margen de todos los grandes movimientos internacionales. Últimamente el mundo nos ha empujado necesariamente en el interior de ese torbellino que es la globalización, y entonces Colombia está haciendo una cantidad de ajustes para responder a todos los retos de la modernidad, y esto no siempre es fácil. Por eso hay tensiones, incertidumbres, perplejidades.

SEMANA: Pero en especial, ¿qué le preocupa?

C.R.S.:
Hay muchos factores en los que el país tiene que lograr cambios muy profundos. Uno es el de la equidad social, el de la igualdad… mientras no logremos que cada colombiano al nacer tenga las mismas oportunidades, el país no podrá marchar como debe marchar. El otro cambio es el de la justicia social, entendida no solo como la distribución de la riqueza, sino como el desarrollo armonioso y equilibrado, en el que todas las posibilidades de las personas y todas las riquezas del país puedan integrarse para lograr una sociedad verdaderamente justa y equitativa.

SEMANA: Uno ve que muchos países tienen un rumbo claro, pero ¿Hacia dónde va Colombia?

C.R.S.:
Nosotros hemos tenido el gran problema de que nuestros partidos políticos se han debilitado, y por lo tanto no hay partidos que tengan ideología o propuestas claras de hacia dónde debe marchar el país. Al no haber partidos, hay una indefinición que hace que nademos un poquito en la incertidumbre, en la que nunca se sabe qué es lo que verdaderamente se necesita, lo que se quiere.

SEMANA: ¿Y cuál creen ustedes debe ser ese camino?

C.R.S.:
La Iglesia no tiene una propuesta política concreta, porque no es un partido político, y para hacerlas, tendría que convertirse en partido…

SEMANA: Pero hace 100 años, en esa silla en la que usted está, el arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera era quien escogía al presidente de la República.

C.R.S.:
A Dios gracias no tenemos ya el poder político, a Dios gracias no tenemos el poder económico, a Dios Gracias no tenemos ese tipo de poder. Nuestro poder está en el poder de la verdad, que no se deja intimidar, tergiversar y que por ser incómoda muchas veces entra en conflicto porque en la sociedad a veces la mentira es conveniente.

SEMANA: La Iglesia tiene voces y oídos en todos los rincones del país. ¿Cuál es el sentir de lo que el país debería luchar como sociedad?

C.R.S.:
Hay un núcleo de valores fundamentales que los partidos deben ver cómo se concretan y se llevan a la práctica. Ya hablamos de la equidad, de la igualdad, pero hay que hablar de otros, el valor de la convivencia, de trabajar juntos, de descubrir el bien común… Desafortunadamente para nosotros Colombia es una idea gaseosa, que no nos motiva, no nos mueve, no nos empuja. Tenemos poco sentido de pertenencia. Por eso no hay un deseo común de luchar para alcanzar una patria más libre, más democrática; en la que podamos vivir todo en paz. Por el contrario, cada uno trata de buscar sus propios intereses y esto hace que se desgarre el tejido social, que de por sí ya está roto por los grandes desplazamientos que se han producido en las ultimas décadas.

SEMANA: Es curioso que usted no vea la violencia como el principal problema del país.

C.R.S.:
La violencia es una consecuencia de una serie de factores, que se convierte también a su vez en causa de nuevos problemas, pero hay problemas más hondos. Por ejemplo, no hemos sido capaces de construir un tejido social válido, de tener un Estado lo suficientemente fuerte que garantice a todos los ciudadanos sus derechos fundamentales.

SEMANA: Pero dentro de esos cambios y dentro de la inserción a la globalización está el matrimonio gay, el aborto, la eutanasia…

C.R.S.:
A partir del evangelio tenemos una compresión clara de lo que es el ser humano. Defendemos aquello que pensamos es lo que facilita la plena dignidad y el pleno desarrollo de la persona humana. Se nos acusa que trabajamos a partir de principios religiosos. Es lógico, somos una religión, somos una fe, pero eso no significa que por el hecho de ser una fe nuestros puntos de vista tengan que ser descalificados.

SEMANA: ¿Y qué tiene de malo que en una sociedad los homosexuales puedan casarse y adoptar hijos?

C.R.S.:
Que desvirtúa totalmente el tejido social, que nace precisamente de la unión del varón y la mujer, que es la unión natural, fecunda, que permite la complementariedad profunda entre los dos y que puede aportar a la sociedad. No tengo nada contra las uniones de ellos, pero que no pretendan constituirse como célula fundamental de la sociedad con la misma validez e importancia que tiene un matrimonio heterosexual. Desde que el hombre existe sobre la tierra ha habido la unión entre varón y mujer.

SEMANA: Pero también homosexuales o prostitutas.

C.R.S.:
Lógico, pero no son el núcleo fundamental a través de la cual se constituye la sociedad.

SEMANA: ¿Y el tema del aborto?

C.R.S.:
La Iglesia siempre va a mantener su posición de respeto a la vida. Partimos del principio de que toda vida hay que respetarla, en especial en sus etapas más vulnerables, que son cuando empieza el embrión a formarse y en sus momento más difíciles, como las enfermedades terminales, de los últimos minutos de existencia.

SEMANA: Usted, que es un experto en el conflicto, así mantenga un bajo perfil, ¿qué piensa de los diálogos de paz de La Habana?

C.R.S.:
En este momento se está dando algo nuevo que no hemos vivido en otros momentos de encuentro entre el gobierno y la guerrilla, y es la claridad. En La Habana se trata de lograr el fin del conflicto y no la construcción de una sociedad nueva. Ese es un punto fundamental. En eso el señor presidente ha sido absolutamente claro. Otra cosa es construir una sociedad más justa, equitativa, que respete los derechos de cada uno, y para eso está el juego democrático. Por eso nuestra invitación a los grupos armados es que dejen de tratar de imponerse por las armas y entren al juego democrático para que entre todos construyamos una democracia válida, que a decir verdad hasta ahora ha sido muy frágil por muchos motivos.

SEMANA: ¿Usted cree que las Farc y el gobierno están en serio en la negociación?

C.R.S.:
Creo que el gobierno es sincero. Y pienso que las Farc están llegando a tomar conciencia de que tienen que cambiar y empezar a jugar de una manera diferente.

SEMANA: ¿Y ustedes cómo quisieran jugar?

C.R.S.:
No estamos llamados a jugar en la negociación misma. Allí hay gente más experta. Nosotros tenemos un trabajo inmenso que podemos hacer después, y es lograr un cambio de la mentalidad del país hacia la convivencia, la reconciliación, hacia una mentalidad del perdón.

SEMANA: La Iglesia tiene muchos hospitales. ¿cuál es su mirada de lo que está pasando en la salud?

C.R.S.:
Ustedes lo saben mejor, pero el problema número uno que se plantea es que no llega a todos con la misma eficiencia con la que tiene que llegar. Pero también la misma estructura de cómo funciona la salud impide que se preste un buen servicio. La Ley 100 tuvo grandes ventajas, pero hoy tiene que ser revisada a fondo.

SEMANA: ¿Cuál quisiera que fuera su legado, su huella como cardenal?

C.R.S.:
Diría que por lo que he luchado toda mi vida, y es que seamos capaces de trabajar juntos por la verdad, la justicia, por la paz. Lograr aunar voluntades, encontrar caminos juntos.
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