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| 6/15/2003 12:00:00 AM

"A mí me casan las peleas, yo no las caso"

Sin pelos en la lengua, Rudolf Hommes se defiende de la críticas de su doble papel de asesor presidencial y columnista, y contraataca.

SEMANA: ¿Hay incompatibilidad entre asesorar el gobierno en privado y criticarlo en público?

Rudolf Hommes: Lo cuestionable no es que un asesor del gobierno haga gala de su independencia criticándolo públicamente sino que escribiera babosadas a favor del gobierno. Los medios estarían bastante preocupados porque le estarían dando cabida a una opinión que no es independiente. Pero resulta que lo que les preocupa es que sea independiente. ¡Eso sí que me sorprende!

SEMANA: ¿Qué tanto tiempo le dedica a asesorar al gobierno y qué tanto a sus otros asuntos?

R.H.: Yo no estoy metido allá todo el tiempo. Cuando yo veo que debo asesorar en algo al Presidente llamo, pido una cita y voy y lo discuto con él. Y eso no puede ser tan frecuente por su agenda tan apretada. Lo que pasa es que a los ministros les incomodan los asesores y por eso le dan más importancia a mi papel de lo que realmente tiene.

SEMANA: Otra crítica que le hacen es que es asesor económico oficial y al tiempo consejero de inversionistas privados con intereses en el gobierno.

R.H.: Lo que uno tiene que cuidarse es de que no haya incompatibilidades. Por ejemplo, yo estaba en un consejo asesor de inversiones de tesorería del Grupo Sarmiento y me salí, porque pensé que de pronto ahí sí había incompatibilidad. Y rompí ese nexo con un costo para mí pues valoro mi relación con Luis Carlos Sarmiento.

SEMANA: ¿Usted cree entonces que las incompatibilidades entre lo público y lo privado dependen sólo del criterio de cada quien?

R.H.: Es que aquí en Colombia la gente prejuzga sin saber. Así como el hecho de que existan los sofás no quiere decir que haya adulterio comprobado, si uno ejerce actividades privadas no quiere decir que por definición sean incompatibles con un cargo de consejero presidencial.

SEMANA: ¿Cuánto gana como asesor del gobierno?

R.H.: Dos millones de pesos mensuales. Estaba incluso negociando una reducción porque me parece demasiado. La idea es que yo iba a prestar estas asesorías a título voluntario y después resolvieron que eso era ilegal. Es un porcentaje no tan grande de mis ingresos.

SEMANA: Se dice que usted y Londoño al casar tanta pelea se volvieron un dolor de cabeza para el presidente Uribe.

R.H.: No es cierto que yo case tanta pelea. Es a mí a quien le casan peleas. Yo escribo artículos sobre temas y no sobre personas. La vez pasada escribí un artículo sobre la interferencia del Estado en asuntos privados y me resultó una insultada de Abdón Espinosa. Yo ni había pensado en el señor cuando escribí el artículo, pero él se dio por aludido. Si eso molesta a la gente, me da pena pero ese es el ejercicio libre de la ciudadanía. Además yo no busco molestar al Presidente sino ayudarle.

SEMANA: ¿Nada parecido a Londoño?

R.H.: Es un caso diferente. Yo no tengo inversiones que me estén afectando ni estoy peleando con la gente. Eso de que yo escribo artículos y expreso opiniones que le hacen daño al Presidente me parece un poco traído de los cabellos.

SEMANA: ¿ Y la columna contra el ministro Cano?

R.H.: Esa columna no fue contra el Ministro. Es mi versión de un trabajo muy serio que se publicó. Ya había salido un resumen en Dinero y Armando Montenegro había hecho otro, pero nadie le paró bolas hasta que yo lo dije, y ahí sí resultó que era contra el Ministro. Es él quien está azuzando todo porque le debió caer gordo el artículo. El artículo no es contra él, es contra una política. Es bueno que aprendamos en Colombia a que las cosas no son personales.

SEMANA: ¿No le tiene bronca a Carlos Gustavo Cano?

R.H.: No, me cae bien. No es personal. Tuve una relación cordial pero ahora tenemos diferencias de políticas.

SEMANA: Pero políticas opuestas a estas se aplicaron en el gobierno Gaviria, en el que usted participó y perjudicaron el agro.

R.H.: Fue una lección costosa. Como todo cambio estructural, trajo costos que de pronto se hubieran podido morigerar, pero no tengo ninguna duda de que el resultado fue positivo. Los problemas del campo son producto de la guerrilla y de la droga y no de la apertura. El desempleo rural sucedió porque la productividad aumentó. Tenemos mayor producción con mucho menos gente. Lo que estoy criticándole a Cano es que después de pagar el costo de la apertura en el agro, ahora estemos echando para atrás.

SEMANA: ¿Entonces la quiebra del campo no fue a sus espaldas?

R.H.: Yo no fui el artífice pero sí apoyé a los tres ministros de Agricultura.

SEMANA: ¿Con la llegada de Carrasquilla su visión de cómo se debe manejar la economía ganó espacio?

R.H.: Yo estuve alineado con Junguito durante todo el tiempo de su gestión. Creo que tenemos que agradecerle mucho. No hay que olvidar que a este gobierno le entregaron un desastre macroeconómico y que Junguito logró poner eso en orden y cambiar la actitud de la banca internacional. Con Carrasquilla hay continuidad.

SEMANA: Junguito se quejaba de que había demasiados ministros de Hacienda.

R.H.: Yo me cuidé demasiado de no ser uno de esos. Cuando lo nombraron a él yo hice un esfuerzo para no meterme porque había que darle espacio para que él hiciera su trabajo, y lo hizo muy bien. Es más, no tenía buenas relaciones con Roberto pero en su ministerio se volvieron buenas.

SEMANA: Como el país lo conoce a usted como un hombre sin pelos en la lengua, ¿con qué otras políticas está en desacuerdo?

R.H.: La gran desavenencia ha sido con Agricultura, pero no por la persona sino por la manera de pensar. Ha habido interferencias de Agricultura en política internacional y ha invadido ámbitos de otros ministerios con perjuicio para la política económica. Eso es claro y no quiero echarle más leña al fuego.

SEMANA: ¿Usted cree que la recuperación de la economía es sostenible?

R.H.: Yo estoy muy esperanzado. Sí parece que hay un resurgimiento de la economía después de cinco o seis años de crisis. Son magníficas noticias. En Colombia hay condiciones para crecer más aceleradamente.

SEMANA: ¿El gobierno está haciendo lo que toca en materia de política social?

R.H.: Lastimosamente la situación fiscal oscurece el panorama. Primero había que limpiar la casa y eso se hizo. No nos podíamos poner a hacer barbaridades con semejante situación económica. Pero hemos carecido, en este y en los anteriores gobiernos, de una política social deliberada, como la de Lula en Brasil, que se propuso erradicar el hambre en seis años. Aquí hablan mucho, pero nadie pone metas precisas. Yo quisiera que le pusieran atención al tema de la nutrición, por ejemplo, pero cada vez que lo menciono se ponen pálidos y me miran con ojos de marciano.

SEMANA: ¿Ha cambiado su opinión del Presidente?

R.H.: Cuando me fui a trabajar en la campaña su concepto del Estado y de la seguridad me atrajo. Eso no ha cambiado, se ha ratificado. Como Presidente ha demostrado cualidades adicionales: es un trabajador incansable y tiene mucho carisma. Hoy me despierta más admiración que antes.

SEMANA: ¿El mayor acierto de Uribe?

R.H.: Muchos. Es una persona bastante clara y termina teniendo la razón. El mayor acierto ha sido el enfoque, que el Estado recupere la soberanía.

SEMANA: ¿El mayor desacierto?

R.H.: Hay que esperar que pasen los cuatro años. No tengo críticas.

SEMANA: ¿En qué quedó la pelea suya con el Grupo Santo Domingo por los impuestos de las cervezas hace 10 años?

R.H.: Pues yo creo que la conclusión es que lo mejor de las peleas es la reconciliación. A eso se le puso final feliz. Estamos en buenos términos. Estoy en la junta de Bavaria, lo cual es una distinción.
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