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| 11/24/2012 12:00:00 AM

"A mí el sexo entre mujeres no me mortifica"

Roberto Gerlein, el senador más antiguo el Congreso, reitera sus opiniones sobre el matrimonio homosexual, rechaza la legalidad del aborto en cualquier circunstancia y sostiene que no se disculpará por sus controversiales conceptos.

MARÍA JIMENA DUZÁN: No le parece senador que se le fue la mano al decir que el sexo entre homosexuales es sucio y excremental?

ROBERTO GERLEIN: Mire María Jimena yo no entiendo la reacción que ha suscitado mi posición. Se la explico: a la Comisión Primera llegó un proyecto de ley para legalizar el matrimonio gay con el cual no estoy de acuerdo porque contradice las leyes de la naturaleza, de la familia, de la sociedad y no va a parte alguna. Así lo expresé en mi intervención. Después vino la frase que me han sacado en todas partes. Acabo de leer una declaración del secretario de la Conferencia Episcopal donde se expresa concorde con la esencia de mi intervención. Es la primera persona que lo expresa públicamente, pero me critica la manera como en alguna parte me excedí en los términos que utilicé. Es posible que eso haya pasado.

M.J.D.: ¿Cómo así que es posible?...No lo dude, senador, que se excedió. Doctor Gerlein, ¿usted es homofóbico?

R.G.:
No lo soy.  Por el contrario, mi mujer me critica por ser excesivamente amiguero.

M.J.D.: ¿Amiguero con los gays?

R.G.:
¡Por supuesto! Yo tengo mucho amigo gay que respeto y eso lo dije en la intervención. Porque además, casi siempre son sumamente inteligentes y es mucho lo que yo he podido aprender de ellos.

M.J.D.: Pero también dijo en su intervención que los homosexuales tenían el hipotálamo pequeño…

R.G.:
Y dije por qué lo decía. Hace unos años la revista Time sacó las conclusiones a las que había llegado un médico patólogo gay que estaba investigando a fondo las razones por las cuales un ser humano es gay. Él encontró que el hipotálamo de las personas gay es menor que el de los heterosexuales. Esa tesis, que yo comparto, establecía una situación genética en el comportamiento sexual de esas personas. Por eso yo dije en el debate que no podía responsabilizar a nadie por situaciones que no son su culpa. Más todavía: creo que hay mucho gay que preferiría no serlo pero que no tiene alternativa, así como también hay gays que no tienen problema en reconocerlo.

M.J.D.: Muy interesante toda esta disertación. Pero de ahí a decir que el sexo que ellos hacen es sucio y excremental, hay una gran diferencia.

R.G.:
Pero no es transparente. La naturaleza biológica del ser humano no está diseñada para el sexo entre personas de la misma condición. Y me explico: si tú colocas frente a un espejo a un hombre con otro hombre, verás que los cuerpos no están diseñados para acoplarse. Lo mismo si tú colocas a dos mujeres. Pero si tú colocas frente a ese espejo a un hombre y a una mujer verás con toda facilidad que la naturaleza diseñó los cuerpos para acoplarse. Yo no creo que traspasar las leyes de la naturaleza pueda merecer aplauso. Nosotros los conservadores pensamos que debemos respetar las leyes naturales. Cuando se desconocen, todo se trastoca y el comportamiento entre varones se convierte en otra cosa y digo varones porque a mí el homosexualismo entre mujeres me tiene absolutamente sin cuidado.

M.J.D.: ¿Y cuál es la diferencia?

R.G.:
Por lo menos en lo que a mí respecta el sexo entre ellas no me mortifica. El que me perturba es el sexo entre varones y por razones obvias… y el que no las quiera entender…¡ pues que no las entienda!

M.J.D.: ¿Esas “razones obvias” tienen que ver con lo del “sexo excremental”?

R.G.:
Te lo pongo de esta forma: cualquiera que se siente a imaginar cómo discurre el sexo de una pareja gay tiene que concluir que no es lo más estimulante que puede encontrarse.

M.J.D.: No será estimulante para usted senador que es heterosexual, pero para los homosexuales sí lo es…

R.G.:
¡Pero es que yo estoy hablando desde mi ángulo heterosexual y desde mi posición política como senador conservador!.  Ahora en mi comisión hay un grupo de congresistas que se han autodenominado ‘progresistas’ y que se creen voceros del crecimiento intelectual de la política colombiana cuando en realidad son los abanderados de la muerte. Podrían hacer política en las goteras de los cementerios porque son amigos del aborto que siempre termina con un muerto y el muerto siempre es el más débil,  el que no puede defender su vida; son amigos de la eutanasia que siempre  termina con un muerto y del suicidio inducido que siempre termina con un muerto. Ahora son amigos del matrimonio gay que es estéril. No entiendo por qué quienes son voceros de la muerte son calificados de progresistas y a nosotros que creemos que la muerte no debe ser un fin de la sociedad nos califican de retardatarios y jurásicos.

M.J.D.: O sea que tampoco está de acuerdo con reconocerle a la mujer el derecho a manejar su cuerpo para decidir lo que ella considere.

R.G.:
Yo considero que las mujeres tienen derechos y muchos. Yo llevo 43 años de matrimonio y sé cuáles son los derechos de la mujer. Lo que pienso es que la criatura tiene una vida propia distinta de la del cuerpo de la mujer.

M.J.D.: ¿Ni siquiera considera que la mujer puede abortar cuando sea violada, peligre la vida de la madre o haya una malformación del feto como lo ordena la sentencia del fallo de la Corte Constitucional?

R.G.:
Lo ideal es que la vida de la madre no esté en peligro. Según el presidente de la Sociedad Americana de Medicina la ciencia contemporánea ha avanzado tanto que los casos en que la madre puede morir en un parto son extrañísimos.   

M.J.D.: O sea que usted preferiría que la mujer muriera …

R.G.:
Preferiría que se salvaran ambos, si fuera el padre.  Los casos en que la mujer puede perder la vida ahora son extrañísimos.

M.J.D.: Y cuando la mujer es violada, ¿también son casos extrañísimos?

R.G.:
La violación es un desastre. Es un hecho incalificable y repudiable desde todo punto de vista. Pero para subsanar eso que es repudiable la solución no puede ser darle muerte al feto que es otro hecho repudiable desde todo punto de vista.

M.J.D.: Pero la mujer ultrajada, además de víctima, ¿no puede desistir de un embarazo que ella no ha buscado?

R.G.:
Mira, yo estoy vinculado a algunas organizaciones que se preocupan por la suerte de las mujeres muy jóvenes que han sido violadas. Y la solución que allí se da es que se entreguen en adopción. Y si es que la mujer no quiere entenderse más nunca con su hijo, pues ahí está el Icbf, para que la madre siga su vida tan tranquila. ¡Más drama es matarlo!

M.J.D.: ¿También está en contra del aborto cuando haya malformación del feto?

R.G.:
Eso sí que ha sido derrotado por la vida y por la profesión médica. Me voy a referir a un caso personal. Fui testigo del decir de un par de médicos que le sugirieron a un hermano mío que dejara morir a su hija porque había tenido muchas lesiones por falta de oxígeno al nacer. Mi hermano no quiso. Y hoy tiene una hija, que no es que sea una mujer en pleno uso de sus facultades, pero es una muchacha que goza la existencia. Entonces, ¿cuáles son las malformaciones que autorizan a suprimir la vida de un embrión?

M.J.D.: ¿O sea que no está de acuerdo con la sentencia de la Corte y por ende no le reconoce a la mujer derechos sexuales ni reproductivos.

R.G.:
Pero si yo creo que la mujer puede tener todos los derechos que quiera…¡por Dios! Lo que tú me estás preguntando es por los presuntos derechos de la mujer frente al aborto.

M.J.D.: Senador, ¿usted es un hombre muy católico?

R.G.:
Soy católico, ojalá fuera muy.

M.J.D.: A mí me parece muy…

R.G.:
No. Soy un católico que además es mariano.

M.J.D.: ¿Como el procurador Ordóñez?

R.G.:
Sí, como. Y si lo que quieres que te diga es que mis creencias responden a mi condición cristiana, lo acepto. Pero de ahí a decir que soy un orate como lo dijo la exfiscal Viviane Morales hay un paso grande. No soy ningún orate. Tengo mis sentidos bien puestos y trato de comportarme de tal manera para que no sea motivo de escándalo ni familiar ni social.

M.J.D.: Pero no le va muy bien en eso. Hace unos años, un grupo de mujeres congresistas se aliaron para exigir más presencia política y usted las calificó como “la rebelión de las vaginas”. Frase bastante sexista.

R.G.:
¡Fíjese!...me tocó pedir excusas porque se me vino una andanada de los medios.  Hasta mi mujer me criticó. Eso fue una improvisación que se me ocurrió en mala hora. Miré la cúpula del Salón Elíptico y se me ocurrió la frasecita. Pero repito, yo no tengo prejuicios. Pedí disculpas, pero no entendí la andanada de la gente contra mí, como  no la entiendo ahora. 

M.J.D.:¿Qué es lo que no entiende?

R.G.:
Me parece que hay un concierto de los medios para hacerme un ambiente ostensiblemente peligroso.  La seguridad del Senado ya me lo ha notificado y personas allegadas a mí, me llamaron a decirme que tuviera cuidado por donde caminaba.  

M.J.D.: ¿Está diciendo que los gays lo están amenazando?

R.G.:
Se ha despertado un deseo de crearme un ambiente en la comunidad LGBTI que me hace entender que hay poderes oscuros que mueven la sociedad y a veces al Estado.

M.J.D.: ¿Y no será al contrario? ¿Que es usted el que tiene que pedirles perdón por la agresión de que fueron objeto?

R.G.:
¿Y por qué se van a sentir agredidos porque yo no comparta su posición? Mira, el progresismo piensa que la comunidad LGBTI es tan grande que pueden darles un gran apoyo electoral. Esa visión se ha reforzado con el triunfo de Obama porque lo eligieron minorías, entre ellas la de los LGBTI y la población afrodescendiente. Por cierto que ya no se les puede decir “negros” porque le abren  a uno un juicio por discriminación como el que me quiere abrir la alta consejera para la Equidad, Cristina Plazas, quien me amenazó con una denuncia penal, lo cual me pareció un desplante.

M.J.D.: ¿Y usted lo que quería era que la doctora Plazas lo felicitara por sus declaraciones?

R.G.:
Pero es que la señora no me puede amenazar a mí desde la Casa de Nariño por lo que yo dije en el Congreso.  Dijo que era una oportunidad perfecta para que la Fiscalía y el poder judicial muestren que en Colombia sí tenemos una Ley Antidiscriminación. Es decir, me amenaza con la cárcel y con la destitución. Si esa conducta se generaliza y desde la Casa de Nariño comienzan a amenazar con la cárcel, pues es mejor que cierren el Congreso. Si para poder decir las cosas hay que consultar primero con la doctora Plazas, pues entonces la condición de vocero popular desaparece por completo. Y sabe qué es lo más paradójico, que yo participé activamente en la aprobación de la Ley Antidiscriminación, como ayudé a Piedad Córdoba en la Ley de protección a las minorías afrodescendientes; soy el autor de la ley que reconoció la existencia de la compañera permanente y el autor de la que permitió la pensión sustituta para las mujeres. Si hay alguien a quien las mujeres de Colombia deberían agradecerle algo debería ser a mí. Pero además, no tengo prejuicios contra nadie porque me la he pasado la vida entera entre minorías: Los caribeños somos minorías, los conservadores somos minorías.

M.J.D.: O sea que no va a excusarse con la comunidad LGTBI por lo que le dijo…

R.G.: ¿Excusarme? ¡No! Reconozco que me excedí, pero es que no tengo a quién pedirle perdón.
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