Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1995/03/13 00:00

A-PLACADOS

Gana terreno la fórmula de limitar el tráfico en Bogotá con base en las placas. Pero la medida puede estar condenada al fracaso si se establece de manera permanente.

A-PLACADOS

EN MOMENTOS EN QUE EL caos en el tránsito de la capital del país alcanza niveles explosivos, todo parece indicar que le ha llegado el turno a las soluciones heroicas. Así cree haberlo entendido la secretaria de Tránsito, María Piedad Mosquera, la única alta funcionaria distrital de la administración de Jaime Castro que fue confirmada por Antanas Mockus. Al comenzar la semana pasada lanzó al ruedo una serie de propuestas que podrían determinar severas limitaciones al uso de automóviles particulares. Aún no se sabe cuál de las fórmulas de restricción será establecida, pero lo que parece seguro es que las autoridades adoptarán, antes de un mes, una de ellas.
Las principales y más controvertidas propuestas consisten en restringir el tránsito de vehículos particulares con base en su color o en el número de sus placas, o la de prohibir que circulen estos carros si llevan menos de tres personas a bordo. Dos encuestas realizadas a mediados de la semana por los medios de comunicación revelaron que, de las tres opciones, los bogotanos prefieren la de las placas. Un 64.7 por ciento de los capitalinos respaldó esta idea, contra un 35.3 por ciento que la rechazó.
Las otras dos alternativas recibieron mucho menos apoyo. Y es explicable: la restricción por colores no parece viable, debido a que los colores de los automóviles de hoy ya no son los tradicionales rojo, azul, verde, blanco, negro y amarillo, sino que hay variedades como tornado sílice, azul laguna, magenta, grafito o crema perla. Y en cuanto a la restricción en virtud del número de pasajeros por carro, sería físicamente incontrolable.
La modalidad de las placas operaría de manera que cada uno de los cinco días hábiles de la semana estaría prohibida la circulación de los vehículos cuyas placas terminen en dos de los 10 dígitos que van de 0 a 9. Por ejemplo, los lunes no circularían los carros cuyas placas terminen en 0 y 9, los martes aquellas que terminen en 1 y 8, los miércoles en 2 y 7, los jueves en 3 y 6 y los viernes en 4 y 5. Esto implicaría una reducción del 20 por ciento de los vehículos particulares. Si la decisión de la administración fuera aún más dura, podría significar una restricción mayor, de manera que un día sólo circularían los automóviles con placas terminadas en un número par y al siguiente sólo lo podrían hacer los que tengan placas terminadas en un número impar. Esta medida haría que la reducción de vehículos particulares fuera del 50 por ciento.
La fórmula de las placas ha sido ya ensayada en Santiago de Chile, donde se restringe el tránsito alternando las placas por números, pero dependiendo de lo que se denomina allí inversión térmica: si la ciudad amanece menos contaminada la medida se hace menos drástica, y viceversa. Ciudad de México implantó el sistema 'Hoy no circula', que consiste en limitar el tránsito de los carros particulares de acuerdo con la placa y el color de la calcomanía de circulación, en especial en la temporada invernal de diciembre y enero, cuando la contaminación se agrava por razones climáticas.
En ambos casos hay componentes de gradualidad y temporalidad que flexibilizan el sistema y hacen que la gente lo tolere. Esto no se daría en Bogotá, donde el problema no es tanto ambiental como de falta de calles. Y ese es justamente el punto más débil de la idea: que la medida no sería temporal sino permanente, como sucedió en Caracas hace algunos años. Allí el sistema fracasó porque al poco tiempo de impuesta la medida, y ante la evidencia de que iba a durar para siempre, buena parte de los conductores consiguió por la vía de la corrupción o de la falsificación un segundo juego de placas para su vehículo, algo que sin duda se daría en Bogotá.
Así lo entiende la secretaria de Tránsito, quien tiene en mente ensayos graduales de las diferentes opciones y limitar su aplicación a las zonas especialmente congestionadas, como el norte de la ciudad. La otra opción es imponer las medidas del modo más drástico mientras se terminan las obras del plan vial, que deberían, una vez inauguradas, mejorar la situación. Habría, eso sí, que ir pensando en otras obras para aligerar el tráfico, pues si el ritmo de 12.000 nuevos vehículos matriculados cada mes se mantiene, cualquier restricción que se adopte ahora será rebasada en pocos meses por los nuevos carros.-

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