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| 8/11/2015 7:00:00 PM

Una madre aún no puede llorar a su hijo muerto en accidente del Black Hawk

Este martes se cumplieron ocho días del siniestro del helicóptero de la Policía y a Nancy Arce, mamá del patrullero Camilo Ortiz, aún no le entregan el cuerpo de su hijo.

- Te amo mucho, mamá.

- Yo a ti. Que Dios te bendiga y te cuide.

- Amén, mamá. Mañana hablamos.

Sin embargo, nunca pudieron volver a hablar. Esa fue la última conversación que tuvo Nancy Arce con su hijo Camilo Ortiz Arce, un patrullero que murió el pasado martes 4 de agosto en el accidente de un helicóptero Black Hawk de la Policía, entre los municipios antioqueños de Carepa y Chigorodó.

En la aeronave siniestrada iban 18 uniformados decididos a capturar a ‘Inglaterra’, un cabecilla del Clan Úsuga que es buscado por las autoridades. Esa tarea era parte de la operación ‘Agamenón’, un gran despliegue de la Policía que todavía pretende dar con el capo de esa banda delincuencial, Dairo Antonio Úsuga David, más conocido como ‘Otoniel’.

Pese a la planeación, nada salió como esperaban. El clima de ese martes en la mañana no estuvo del lado de los uniformados y, según las versiones oficiales, la nubosidad ocasionó el trágico accidente. Murieron 16 hombres y dos quedaron gravemente heridos.

Mientras el cielo antioqueño se oscurecía con la estremecedora muerte de estos valientes, Nancy Arce, desde La Plata (Huila), llamaba insistentemente a su hijo. Algo pasaba y su corazón lo presentía.

Sólo a las 12:30 p. m. de ese martes, ella y su esposo, Félix María Ortiz, se dieron cuenta de que una terrible noticia se acercaba. “Accidente del Black Hawk de la Policía en Antioquía”, decían las noticias.

Su hijo Camilo le contó la noche anterior que tenía una importante operación, pero nunca le dio detalles de qué se trataba ni dónde sería. “Él era muy prudente con los temas de su trabajo, pero yo sabía que él hacía parte de esas operaciones especiales”, contó Nancy a Semana.com.

Pasaban las horas y la zozobra aumentaba. La Policía no les daba razón de su hijo. a la 7:00 p. m. Nancy y su esposo entraron a la página web de la Policía Nacional y se dieron cuenta de que la organización ya había publicado la lista de fallecidos. Tal como lo presentía: ahí estaba el nombre de Camilo.

Una vez más

Cerró sus ojos, como asimilando la noticia. En ese instante recordó viejos y tristes momentos. Un hermano suyo también era policía y, en el 2005, murió a sus 38 años en una emboscada de las FARC en Campoalegre (Huila).

Un primo, Antonio, era soldado del Ejército y murió el pasado 14 de abril en un ataque de la Columna Miller Perdomo de las FARC a tropas del Batallón de Combate Terrestre No. 110 en el corregimiento El Provenir, de Buenos Aires (Cauca).

En esa ofensiva murieron 11 militares y 20 salieron heridos. El hecho generó gran indignación en el país, sobre todo porque en ese momento las FARC estaban en una supuesta tregua del cese del fuego unilateral. Nancy recordaba y su dolor crecía.

A las 10:00 p. m. de ese martes recibió la llamada de la Policía y le confirmaron la muerte de su hijo. “Nos llamó el general Palomino a decirnos que él estaba a disposición nuestra para lo que necesitáramos. Y dijo que iba enviar una comisión para que nos acompañaran en este momento”, contó Nancy.

Y tal como le dijo el director general de la Policía, así fue. Una comisión conformada por una psicóloga y dos policías estuvo hasta este lunes con la familia Ortiz Arce. Sin embargo, superar ese dolor no es cosa fácil y menos aun cuando Nancy, su esposo y sus otros hijos –Harold, Mayerli y Neftalí- no han podido llorar a Camilo.

Han pasado ocho días y esta familia no ha recibido el cuerpo. El accidente fue tan trágico que, según las autoridades, no ha sido fácil identificar a cada uno de los uniformados.

“El pasado viernes nos tomaron unas muestras de sangre que para poder identificar a mi hijo. Pero ya han pasado varios días y nada que me lo devuelven”, expresó.

El hombre de la soga

Camilo Ortiz llevaba nueve años como patrullero de la Policía Antinarcóticos. Su esfuerzo y su dedicación lo convirtieron en un uniformado ejemplo dentro de la institución. Tanto así que logró hacer parte de las fuerzas especiales, era enfermero de combate y se especializó como maestro de soga.

“Hace menos de dos meses mi hijo llegó de Estados Unidos. Los dos viajes que hizo se los dieron en la Policía para que se fuera a preparar. Mi hijo era un experto en lo que hacía, él no era ningún novato, por eso es que yo no creo que eso haya sido un accidente. Eso fue que derribaron el avión”, dijo Nancy.

Esta mujer está adolorida, pero también indignada por la forma como el presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, han manejado la situación.

“A mí me duele que no quieran reconocer que mi hijo murió luchando. Él murió enfrentándose a delincuentes y narcotraficantes. Él murió defendiendo este país. En lugar de defenderlos, hacen creer que por un error de la aeronave y de ellos mismos fue que ocurrió el accidente. ¡Eso no fue así!”, manifestó exacerbada.

En medio del luto Nancy tiene algo claro: “En vez de ir para adelante, estamos yendo para atrás en este país. Le juro que Dios es el único que hace justicia y algún día sacará a la luz lo que realmente sucedió”.

Tal vez pasarán años para que Nancy deje de extrañar los besos de buenas noches que le daba su hijo siempre que iba a visitarlos a La Plata.

“¿Usted quiere saber qué me va hacer falta? Camilo nunca se acostaba sin darnos un beso. Extrañaré ese beso en la frente que él me daba cuando venía”.

Nancy lo único que pide al Gobierno es el cuerpo de su hijo. Por ahora, su único anhelo es verlo por última vez y darle su beso de despedida. Así como él lo hacía.
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