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| 4/23/2001 12:00:00 AM

Actores en conflicto

Artistas de la TV se quejan de maltrato y denuncian vetos. Los productores dicen que es más drama que realidad.

Es tema de pasillos y charlas de cafetería. Los actores colombianos se quejan del maltrato que dicen recibir de programadoras, productoras y hasta del personal de producción de los canales privados. Pero a la hora de hacer denuncias pocos ponen la cara. Aseguran que temen al veto, que se les ha aplicado a algunos que han intentado organizarse. No sólo protestan por sus sueldos sino también porque algunas programadoras suspendieron la alimentación (en el mejor de los casos se la cobran) y no les ofrecen transporte así tengan que grabar a altas horas de la noche fuera de la ciudad.

Tan mal andan las cosas que puede ser que un actor gane más con tres horas de televentas que en un mes como protagonista de telenovela. Martha Liliana Ruiz, con 20 años en el medio y éxitos como Las ejecutivas o La mujer en el espejo, es un buen ejemplo. Por eso no lo dudó cuando le propusieron que prestara su imagen para vender productos por televisión. “Me pagaban bien y me trataban mejor, dice, y añade: “Con el nacimiento de los canales privados los actores con trayectoria salen muy costosos para las programadoras. A nosotros ya no nos llaman. Por eso nos hemos visto abocados a buscar otras fuentes como las televentas”.

Los artistas de televisión aseguran que su mala hora comenzó con el boom de la contratación de extranjeros que llegaron como superestrellas. Dicen que luego vinieron la crisis y el cierre de varias programadoras, lo que limitó sus opciones a los dos canales privados pues la televisión pública ya no emite una sola novela y los dramatizados los han vendido a los mismos canales privados. En estas condiciones estos pueden escoger, sin mucha competencia, con quién trabajar. Citan el caso de Francisco el matemático, una de las series más exitosas de RCN Televisión, protagonizada hasta hace poco por Luis Mesa. El pidió que ajustaran sus honorarios al nivel protagónico que tenía y al éxito del seriado. No hubo acuerdo y RCN lo reemplazó. No fue posible conseguir a un directivo de RCN para conocer su explicación. No obstante otros ejecutivos muestran la otra cara de la moneda: la crisis económica.



Vacas flacas

“El mercado se ha ido ajustando a la realidad de la inversión publicitaria y a la situación del país”, afirma Rocío Fernández, vicepresidenta de Canal Caracol, y añade: “Cuando el mercado dio, todos ganaron. Pero hoy tenemos una torta publicitaria que hace tres años no crece y en cambio sí creció la oferta de programas. Hoy las agencias y anunciantes no sólo tienen dos sino cuatro canales para invertir”.

La recesión económica ha obligado a apretarse el cinturón. “En el esfuerzo por salvar el negocio todo el mundo ha tenido que aportar lo suyo”, afirma Hugo León, gerente de producción de RTI. Esto, desde el punto de vista del actor, se traduce en que antes de la crisis cobraba en promedio unos 500.000 pesos por capítulo. Hoy le ofrecen 50.000, 80.000 y, si corre con suerte, hasta 150.000 pesos. “Hace poco me llamaron para hacer un seriado y los honorarios que me ofrecían eran tan malos que les propuse ser socio de la producción”, comenta Armando Gutiérrez, un actor famoso otrora que ya poco aparece en la pantalla chica.

Juana Uribe, gerente de la productora Teleset, complementa la idea de que la crisis es la responsable del mal momento de los actores. “Es cierto que los sueldos han bajado, y eso responde a la crisis del país. Los presupuestos son iguales o inferiores a los de hace cuatro o cinco años. No sólo los actores han tenido que bajar sus sueldos.”.



Caras lindas y baratas

Los artistas contraargumentan, sin embargo, que no todo es debido a la recesión. Aseveran que se discrimina a los profesionales y a los veteranos. Así, hay un crecimiento exagerado de la oferta de jóvenes, modelos y reinas que muchas veces se ‘regalan’ con tal de salir en televisión. Piensan que es la forma de comenzar y que pronto gozarán de fama y fortuna. Y la industria de la televisión aprovecha sus ambiciones: pueden conseguir un nuevo ‘talento’ por 15.000 pesos por un día de grabación. En estos casos la jornada puede comenzar a las 2 de la tarde y terminar a las 3 de la mañana. “No nos dan ni agua , pero nadie dice nada por temor a que no nos vuelven a llamar”, comenta Adriana, una joven que estudia actuación y acepta cualquier papel y cualquier condición con tal de meterse en el medio.

De ahí que muchos veteranos consideren que ellos se han convertido “en los desechables de la televisión”, como dice la actriz y asesora de la Comisión Nacional de Televisión, María Eugenia Penagos. “Ahora, cuando alguien se niega a trabajar por los dos pesos que le ofrecen, le dicen que agradezca porque hay muchos que quieren hacer este papel gratis”, afirma Luis Fernando Orozco, quien está a punto de dejar el país en busca de nuevos horizontes. Orozco considera, además, que en algunas producciones “se están contratando actores que sólo pueden interpretarse a sí mismos” y esto ha empobrecido la calidad actoral colombiana. No comparte esta opinión Rocío Fernández: “En toda producción buscamos un equilibrio entre los veteranos y los rostros nuevos que la gente quiere ver. Siguen apareciendo Raquel Ercole, Consuelo Luzardo, Frank Ramírez, el Culebro”. A lo que Hugo León, de RTI, añade: “Nosotros contratamos a los actores veteranos porque nos ayudan con su experiencia y agilizan la producción, porque saben hacer su oficio y porque los requiere un libreto”.

Sin embargo los veteranos sienten que el panorama se ha vuelto cada vez más adverso con la llegada de gente joven a las áreas de dirección y producción que desconoce su experiencia. “Yo me he sentido marginada —dice Penagos—. Hace unos tres años que comenzó el cuento de los casting, que antes no hacían porque se conocía el trabajo de cada actor y los directores sabían cuáles papeles podían representar. Yo tengo 36 años como actriz y esta selección, en mi caso, me parece ofensiva”.

Pero esa queja constante de los actores veteranos tiene también otra explicación. Uribe dice que hay dos factores que aclaran la situación: “Uno, es que ha habido un cambio generacional de escritores, que hoy están entre los 25 y 35 años, y sus referencias de vida y de personajes son gente joven. Esto no es culpa de nadie. Para los libretistas es muy difícil escribir sobre lo que no conocen. Entonces esos personajes veteranos difícilmente tienen un papel interesante. El otro factor puede ser que tampoco se han preocupado por renovarse, por mantenerse en forma”, afirma.



¿Hay vetos?

Otra práctica que denuncian los actores es la que llaman “el veto”, que consiste en que si alguien exige lo que considera justo no lo contratan más. Por eso muchos terminan aceptando el cobro del almuerzo dentro de la grabación o se resignan cuando el elenco queda abandonado fuera de la ciudad sin la posibilidad de conseguir transporte. Una fuente que pidió el anonimato dijo a SEMANA que “trabajar en televisión es como trabajar en una mafia. Si cuestionas algo le ponen una lápida a tu vida artística”.

Sin embargo los empresarios sostienen que se ha exagerado. “El veto no existe. Existe un interés por trabajar con buenos actores cuya imagen esté posicionada. Así mismo, buscamos que los ambientes de grabación sean lo más cómodos y que ellos se la gocen”,dice Fernández.

En cuanto a la queja por el tratamiento que en ocasiones reciben los artistas durante las largas jornadas de grabación Juana Uribe tiene un buen argumento: “Algunos actores se quejan porque tienen que esperar entre una escena y otra y no son conscientes de que están en un equipo en el que mucha gente gana menos que ellos y está en grabación mucho más tiempo. Muchos no han estudiado ni un día de universidad y se ganan cuatro o cinco millones de pesos y gritan que con eso no se puede vivir. Hay profesores universitarios que ganan menos de la mitad de eso por trabajar tiempo completo”.



Nada por exportar

Los protagonistas de novelas y seriados también sostienen que los contratos les son a veces muy desventajosos pues no incluyen regalías por ventas al exterior o por comercialización de mercadería asociada con sus personajes. Como dice Penagos, “Los contratos que hoy se firman son leoninos y obligan a los actores a ceder todos sus derechos por repetición de los seriados y por su venta al exterior”.

En efecto, muchos actores y actrices de novelas como Yo soy Betty, la fea, La baby sister o Café firmaron contratos que no reconocen ganancias adicionales. Tampoco les queda algo por la venta de álbumes, discos, muñecas, camisetas, sandalias y otras mercancías derivadas.

Los contratos con el respaldo de una asociación o sindicato de actores son cosa del pasado. El último acuerdo suscrito entre el Círculo Colombiano de Artistas (Cica), Asomedios y las programadoras, vigente desde 1987, garantizaba a los actores regalías por repeticiones y ventas al exterior y otros beneficios laborales. Sin embargo este convenio sólo se menciona en los contratos para exonerar a la productora de cualquier obligación de cumplirlo.

Por su parte, las programadoras afirman que estos derechos “están reconocidos en una cifra global que se acuerda con el actor”, sostiene Hugo León, de RTI. Además existe otra razón más allá de lo contractual. Según Juana Uribe, “las repeticiones de las series, en Colombia, sólo sirven para amortizar los costos de los horarios que están más deprimidos (las mañanas y las tardes) y casi en ningún caso son un éxito de rating. Es por esto que si se tuvieran que pagar las regalías a los actores simplemente no se podrían repetir”.

Es claro que el factor económico pesa bastante en el juego de la contratación de actrices y actores: no les pueden pagar los millones de otros tiempos y además los espacios en los que pueden trabajar son cada vez más reducidos, y por tanto cada vez son menos poderosos a la hora de imponer condiciones de contratación. De ahí que en estos tiempos el desafío de los actores —veteranos y nuevos— parece estar no sólo en la necesidad de que mejoren y renueven sus dotes actorales sino que además fortalezcan sus capacidades de negociación frente a las cada vez más concentradas empresas de la nueva televisión colombiana.
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