| 2016/09/17 00:00

La educación tras la firma de los acuerdos

Las universidades también son actores del posconflicto, pues les apuestan a programas académicos enfocados en la paz.

La educación tras la firma de los acuerdos

A las puertas del plebiscito para decidir si se harán o no efectivos los acuerdos con las Farc, y en un contexto marcado por más de 50 años de guerra, Colombia se prepara para transitar hacia la paz. Esto no solo va de la mano con nuevas políticas públicas y del perdón colectivo, sino también con la educación. Por eso, las instituciones educativas le están apostando a nuevos proyectos para aterrizar el posconflicto en la academia.

Como cuenta el Ministerio de Educación en el Resumen de Indicadores de Educación Superior de 2011, Colombia tenía más de 80 universidades y 1,8 millones de jóvenes en algún programa de educación superior. Esta cifra no solo indica que hay una oferta de plazas educativas, sino también un considerable número de jóvenes en busca de alcanzar un título profesional. A la par, la realidad del país se transformó y, con ella, la mirada sobre el conflicto. Hoy en día ninguna institución superior es ajena al contexto político, y por eso hay cada vez más especializaciones, conversatorios, pregrados y grupos de investigación enfocados en lo que va a pasar tras la firma de los acuerdos.

Uno de los ejemplos es la Universidad del Norte en Barranquilla, que desde 2015 abrió UN Caribe, un grupo de investigación que se ha dedicado a indagar en el conflicto colombiano, especialmente el de la costa norte. Silvia Gloria de Vivo, su decana de Derecho, afirma que “la universidad quiere contarle a la gente lo que está pasando y explicarle por qué esta es una oportunidad histórica para repensarnos, independientemente que queramos el Sí o el No”.

Este grupo de investigación cuenta con más de 25 profesores asociados, que a su vez tienen grupos de estudiantes en diferentes programas de la universidad. Los principales temas para tratar son la fortaleza de las instituciones, la violencia histórica en la región, la influencia paramilitar y guerrillera y el análisis de los puntos acordados en La Habana.

Otro de los ejemplos es la Escuela de Posgrados de la Policía Miguel Antonio Lleras Pizarro, que desde 2009 empezó un proceso de consolidación de programas para entender la seguridad como una manifestación social. Sumado a ello, desde el último año han iniciado programas y grupos para promover los programas enfocados en la paz.

El coronel Luis Ernesto García, uno de los directivos de la escuela, asegura que“en el último año en el tema de la paz venimos preparándonos para fortalecer la educación. Ahí nos hemos apalancado básicamente de procesos de investigación sobre seguridad ciudadana”. De ellos, uno de los más importantes está orientado a comprender la seguridad en lo local.

“Para eso hemos hecho un trabajo sobre fronteras imaginarias”, agrega García, “es decir, entender cómo un territorio no solamente es tierra, sino también unas dinámicas políticas y sociales. Hemos encontrado uno de los mayores aportes allí porque sin estudios de fondo en esta materia es imposible formar líderes en seguridad, convivencia y paz”.

Aunque la Universidad del Norte y la Escuela de Posgrados están invirtiendo fuertemente en la paz desde la academia, no son las únicas. En todos los rincones del país hay una fuerte intención de abordar y estudiar el fenómeno de la violencia, pero sobre todo el del posconflicto que se está gestando. Definitivamente Colombia está a las puertas de un cambio crucial, pero esto es posible –en gran parte– a la educación de ahora y la de las futuras generaciones.

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