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| 10/19/2010 12:00:00 AM

''Adaptarse al cambio climático cuesta el presupuesto nacional''

El abogado ambientalista Gustavo Wilches-Chaux habló para Semana.com sobre cómo Colombia se prepara para afrontar el cambio climático, las pérdidas económicas que dejan los trancones en Bogotá y sobre la política minera.

El 10 de octubre se celebró el Día Mundial de Acción Global Contra el Cambio Climático. En más de 19 ciudades la organización activista Greenpeace encabezó manifestaciones para exigir a los 190 países comprometidos con los Objetivos del Milenio negociar un protocolo ambiental más fuerte.

En Colombia, la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional, la Estrategia JUNTOS, y Colombia Líder,  junto con el abogado ambientalista Gustavo Wilches-Chaux, presentaron una Guía para gobernadores y alcaldes: Un reto para las autoridades departamentales y municipales: Gestión territorial y adaptación al cambio climático, una revisión sobre cómo los gobernantes locales han abordado este tema
 
Semana.com conoció las conclusiones de la investigación y entrevistó al docente Gustavo Wilches-Chaux, uno de los pioneros en educación ambiental en Colombia, y quien en 1983 y durante 13 años, ocupó la dirección del Sena Cauca, año en que Popayán fue sacudida por un terremoto. Wilches-Chaux ha dedicado más de 30 años de su vida a la labor de la prevención de desastres.

SEMANA.COM: Se celebró la Acción Global contra el Cambio Climático, ¿cómo evalúa la Acción Nacional promovida por las autoridades departamentales y locales?

GUSTAVO WILCHES: En Colombia se perdió la capacidad de adaptación frente a la variabilidad climática. Los sistemas de gestión ambientales no dependen de que el alcalde o el gobernador conozcan el tema. Es una obligación legal y constitucional crearlos y mantenerlos.

SEMANA.COM: Esa variabilidad climática se representa, por ejemplo, en el fenómeno de ‘La Niña’. Entonces, ¿los gobiernos locales no están haciendo lo que deberían hacer para evitar las inundaciones, los deslizamientos y las emergencias viales?

G.W:
Se está planificando el desarrollo nacional sin tener en cuenta las dinámicas de la naturaleza. Así sucede en la Región Caribe y en Bogotá.

SEMANA.COM: Usted dice que en la Región Caribe está la explicación del porqué de muchas inundaciones en el país. ¿Sobre qué trata la denuncia de un grupo de campesinos en el Bajo Sinú?

G.W: Entre 1995 y 2005 se secaron 23 mil hectáreas de humedales, que son los dobladillos de los cuerpos de agua. Los ríos utilizan los humedales para expandirse cuando hay temporadas de lluvias fuertes. La denuncia se basa en que se ha construido sobre humedales, quitándole territorio a muchos ríos que atraviesan a la ciudad.

SEMANA.COM: ¿Eso mismo pasa entonces en Bogotá?

G.W: Claro. Bogotá es una zona de desastre. No hay muertos pero el desastre se mide por el traumatismo en la movilidad, por la pérdida de oportunidades y porque con una lluvia fuerte ya se inundan varios sectores. Aunque con el simulacro de evacuación por terremoto Bogotá es paradójicamente una ciudad que se está preparando para darle respuesta a los desastres. Lo que se está trabajando en la educación y prevención en colegios y empresas está faltando en la planificación del desarrollo de la ciudad, que es en sí, y vuelvo y le repito, un desastre.

SEMANA.COM: ¿Qué tan cierto es que las pérdidas económicas en Bogotá por causa de los trancones, están superando lo que costaron las pérdidas en cada desastre histórico como el de Armero, Tierradentro, o el del Eje Cafetero?

G.W:
Tan cierto que un estudio que hizo David Luna, el aspirante a ser candidato a la Alcaldía de Bogotá junto con la Universidad de los Andes, concluyó que en Bogotá se pierden 6 mil millones de pesos diarios por culpa de las movilizaciones, por todo el tiempo que pasa la gente en los trancones. Más de lo que han costado los desastres históricos de Armero, del terremoto en Popayán, de Tierradentro, y del Eje Cafetero. (Vea aquí la sustentación de esta conclusión). 

SEMANA.COM: Las comunidades indígenas tenían una actitud ambiental ejemplar con sus planes de vida, que son como los planes de desarrollo. ¿Qué pasó con ellas?

G.W: En las comunidades indígenas las inundaciones eran una bendición. Tenían agroecosistemas y seguían los criterios de la naturaleza. Había pobreza económica pero enorme riqueza cultural y ecológica. Pero su capacidad de adaptación también fue superada y en este momento es una zona de inundación. Todo por una serie de obras de infraestructura que alteró las dinámicas de la naturaleza.

SEMANA.COM: ¿El territorio colombiano pasó de ser un escenario físico a un actor natural?

G.W: Así es. El territorio no es sólo el escenario físico donde se desarrolla la vida, también es un ser vivo resultado de la interacción entre dinámicas naturales y humanas. Cada vez las montañas protestan porque se construyen carreteras sin tener en cuenta su necesidad de protección, los humedales protestan porque han sido taponados, las zonas costeras protestan porque han sido privadas de manglares. El territorio se ha convertido en alguien que tenemos que oír y está en capacidad de ofrecernos seguridad integral o convertirse en un factor tremendo de inseguridad.

SEMANA.COM: ¿Hay territorios seguros en Colombia?

G.W: No hay muchos. La inseguridad es un sistema complejo. Podemos tener un territorio donde los ecosistemas han sido conservados adecuadamente y ofrecen servicios ambientales, pero no tenemos unas leyes. O viceversa, como sucede en Colombia, donde se habla del derecho a la vida y al ambiente, y los ecosistemas están destruidos, ¿de cuáles derechos se habla?

SEMANA.COM: Muchas personas creen que los aludes, como el que se presentó en la vía Medellín – Urabá a finales de septiembre, son deslizamientos eminentemente naturales. ¿Es cierto?

G.W: Hay deslizamientos naturales como los tres mil deslizamientos que produjo el terremoto de Tierradentro en 1994, que taponó igual número de quebradas y provocó avalanchas en el río Páez. Pero también hay deslizamientos socionaturales que se expresan en la naturaleza pero la causa es el manejo inadecuado de aguas como sucedió en Villatina en Medellín. En el caso que me pregunta, por qué una carretera no se construye preguntándole a la montaña ¿usted qué opina?

SEMANA.COM: ¿Es la arrogancia humana?

G.W: Puede ser. Estamos aprendiendo por las malas que la tecnología no es para dominar la naturaleza e imponerle nuestra voluntad sino que es para aprender a convivir armónicamente con la naturaleza.

SEMANA.COM: Se vive armónicamente con la naturaleza si se aplica un plan de desarrollo sostenible. ¿Los gobernantes y alcaldes de Colombia cumplen con esta condición?

G.W: Estamos llenos de experiencias de cómo crear un desarrollo sostenible pero la gran pregunta es por qué esas experiencias no logran convertirse en la línea central del desarrollo ¿por qué las llamadas locomotoras del desarrollo son contrarias a las experiencias de desarrollo sostenible?

SEMANA.COM: ¿La respuesta podría estar en el mal de la corrupción?

G.W: La corrupción es una de las principales amenazas. Es la vulnerabilidad, el riesgo y el desastre en sí misma. En México en 1985 se comprobó el poder de la corrupción cuando, con el sismo, muchos edificios se cayeron. Estaban mal construidos. En Colombia y en el mundo una de las causas más grandes de inseguridad es la corrupción.
 
SEMANA.COM: En la balanza de responsabilidades también participa la ciudadanía. ¿Qué piensa del papel del ciudadano frente al reto de adaptarse al cambio climático?

G.W: A la ciudadanía le falta reconocer que la gestión del riesgo y la adaptación al cambio climático son derechos.

SEMANA.COM: ¿Qué significa la gestión de riesgo?

G.W: Es la capacidad de reducir los desastres y responder adecuadamente a ellos. La gestión del riesgo no es un elemento adicional a la gestión cotidiana, no se trata de agregarla al plan de gobierno para que se vuelva sostenible o para que el municipio se pueda adaptar al cambio climático. Debe estar en la esencia de los programas de vivienda, educación, salud. Es absolutamente inaudito que haya un terremoto y se destruya una escuela. Los derechos de la infancia son derechos prioritarios.

SEMANA.COM: ¿Y la adaptación al cambio climático?

G.W: Decir adaptación genera en algunas personas ciertos resquemores. Se toma como resignación. La adaptación es el sentido de coevolución: los seres vivos transformamos el ambiente y el ambiente nos transforma.

SEMANA.COM: ¿Cuánto le cuesta a Colombia adaptarse al cambio climático?

G.W: ¿Cuánto vale el Presupuesto Nacional? Seguramente hay proyectos interesantes y vistosos pero el desarrollo se está planificando en dirección contraria y ese es el miedo…Miedo a esa orgía minera que se le avecina al país, miedo al avance de los monocultivos.

SEMANA.COM: ¿Ese miedo lo alivia la presentación que hizo el Ideam de la Segunda Comunicación Nacional de Colombia ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, donde muestra cuáles son las prioridades en el país para adaptarse a la variabilidad climática?

G.W: Pues en la misma semana en que se presentó ese informe la Agencia Nacional de Hidrocarburos abrió una subasta internacional de 48 millones de hectáreas para la explotación de hidrocarburos y minerías.

SEMANA.COM: ¿Cuál es su opinión del trabajo que realiza el Ideam?

G.W: La investigación científica del Ideam debe convertirse en una herramienta de la vida nacional. Me siento orgulloso como colombiano de que tengamos instituciones como el Ideam e Ingeominas, en su aspecto sismológico y vulcanológico. En sus aspectos mineros no me siento tan orgulloso.

SEMANA.COM: ¿Por qué?

G.W: Porque por una parte van las recomendaciones que hace el Estado a través del Ideam, y por otra la política minera y energética, que va en dirección totalmente contraria.
SEMANA.COM: Se aproxima la conmemoración de los 25 años de la tragedia que acabó con Armero y con cuyo desastre histórico se creó el Sistema Nacional para la Prevención y Atención a Desastres. ¿Cómo evalúa sus 22 años de gestión?

G.W: Ha avanzado más teóricamente y conceptualmente que en la práctica.
 
SEMANA.COM: ¿La educación para las nuevas generaciones, en especial, las que habitan en el campo, puede ser una esperanza para conservar la vida del territorio y de los colombianos?

G.W: Hable con cualquier campesino y le va decir que la educación que reciben los niños campesinos es una educación urbanizadora. ‘Ustedes son gente de segunda clase y para volverse de primera clase deben irse a vivir a las ciudades’…
 
SEMANA.COM: ¿Qué le parece la idea de crear un sistema nacional de adaptación al cambio climático?

G.W: Me preocupa. La adaptación debe estar en la esencia de todo el país. El problema no es falta de leyes o de recursos, más bien la falla es que los recursos que tenemos los invertimos en dirección contraria. La legislación colombiana es una de las más avanzadas del mundo con el Código Nacional de Recursos Naturales. Tiene que haber un plan de desarrollo que incorpore consideraciones de gestión de riesgo, adaptación al cambio climático, y seguridad humana y territorial.
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