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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Adiós al dial

Tras 55 años de abrir camino, la 'Hjck' deja un vacío imposible de llenar. Homenaje a la emisora de la inmensa minoría, que traslada su programación a Internet.

Una inmensa minoría de bogotanos amaneció consternada el pasado 23 de octubre cuando se anunció que la emisora Hjck saldrá del aire a partir del próximo 15 de noviembre. No era para menos. Desde hace 55 años los bogotanos interesados en música clásica, jazz y espacios dedicados a la literatura y el periodismo cultural en general se habían acostumbrado a la cortinilla de la emisora (el cuarto movimiento de la sonata No.1 para violín de Bach) y a la voz del poeta Álvaro Mutis que identifica la emisora. Una inmensa minoría que se había acostumbrado a acompañar sus horas de estudio y de trabajo con los conciertos de la mañana y de la tarde, así como la de aquellos que se deleitaron con los espacios de literatura y las voces de grandes poetas y escritores de Colombia y el mundo. Casi inmediatamente comenzaron a circular por Internet diversas cartas abiertas de protesta, entre ellas una escrita por Andrés Hoyos, director de la revista El malpensante. En el texto, además de deplorar la situación, les piden a las directivas de Caracol Radio que reconsideren su decisión y que en vez de utilizar esa frecuencia para pasar vallenatos o baladas pop, utilicen todo el músculo de su equipo de mercadeo para financiar y fortalecer la propuesta cultural de la Hjck. Pero, más allá de la indignación, las protestas y la tristeza, todo se reduce a una muy simple razón: las cuentas no cuadran. De hecho, hace un año y ocho meses la Hjck había sufrido un revolcón en su programación para ampliar el espectro de oyentes. Por esa razón, aparecieron espacios dedicados a géneros musicales más masivos con una finalidad adicional: atraer nuevos anunciantes. Sin embargo, el experimento, que ha sido un éxito total desde el punto de vista de la programación, no funcionó desde el lado comercial. Los programas de música clásica, al igual que los espacios culturales dedicados a la literatura, siguen sin patrocinio. De seguir así las cosas, la emisora poco a poco perdería su identidad para darles gusto a los anunciantes. Como señala Pilar Castaño, una de las impulsoras del revolcón que se le dio a la emisora, "los grandes anunciantes se han ido yendo, nos han abandonado". Además, agrega ella, no puede ser posible que doña Gloria Valencia de Castaño siga en el trote de rogarle a la empresa privada para que le patrocine un concierto. Pilar recuerda que la Hjck le propuso a la Universidad de los Andes que se aliaran "y hasta ahora no nos han contestado la propuesta". Por ese motivo, la Hjck aceptó la oferta de Caracol de arrendarle su frecuencia y, además, recibir el apoyo logístico para montar la nueva Hjck, 'Bogotá en el mundo' (su nuevo lema) por Internet. Ser los pioneros en la red sin duda es un experimento arriesgado. Sin embargo, tiene ventajas que los más jóvenes, habituados a este tipo de formatos, conocen de sobra. Entre otras cosas, podrán poner al alcance del público material sonoro que por falta de pauta nunca sale al aire y está durmiendo el sueño de los justos en un archivo. La emisora seguirá intacta, pero ahí no para el proyecto. Piensan convertir los locales del primer piso de la actual sede de la carrera 14 con calle 85 en salones de audición para que el público pueda acceder al material de archivo. Otra ventaja de esta nueva etapa es que el alcance de la emisora no será Bogotá y sus alrededores, sino el mundo entero. "Pero lo más importante no es que nos oigan en París o Nueva York o México, sino que nos puedan oír en toda Colombia", señala Pilar Castaño. Para lograrlo, van a comenzar en Barichara, Santander, un programa piloto que consiste en donar unos computadores para que los habitantes del pueblo puedan acceder a la emisora. La idea es replicar este modelo en el mayor número posible de municipios de Colombia. Y para sostener todo este proyecto ya se planea la creación de una Fundación de Amigos de la Hjck. En un mundo ideal, la Hjck seguiría al aire y se reforzaría con la emisora en Internet. Pero, como están las cosas, o es la opción de Internet o un proyecto al aire sin futuro porque, parafraseando la voz de Mutis, los patrocinadores de la Hjck cada vez apoyan menos la cultura. Pero, independientemente del futuro que le espere a la emisora en su nueva etapa, es innegable que su ejemplo dio frutos. La Hjck, junto con la Radiodifusora Nacional de Colombia, desarrolló y perfeccionó una manera de hacer radio que se ha multiplicado no sólo en Bogotá, sino en muchas otras ciudades, donde la oferta de radio cultural, casi siempre a cargo de emisoras universitarias, es envidiable. Y más si se tiene en cuenta que en megápolis como París, Nueva York o Sao Paulo a lo sumo una emisora transmite música clásica y programación cultural. Una inmensa minoría de bogotanos ha podido escoger, además de la Hjck y la Radiodifusora Nacional, entre Javeriana Stereo, U.N. Radio, Hjut (de la Universidad Jorge Tadeo Lozano) y la emisora de la Universidad Distrital, por no hablar de Musicar, frecuencia de Caracol y Carvajal que salió del aire hace algunos años. En Medellín la lista es similar. Cali tiene tres y una más que emite por Internet. Bucaramanga tiene dos emisoras culturales en FM y una más en AM. Ibagué tiene su emisora, lo mismo Barranquilla... así que el legado de estos Quijotes de la radio cultural es disfrutado desde hace varios años por las inmensas minorías de casi todas las ciudades importantes de Colombia.
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