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| 9/20/1982 12:00:00 AM

ADIOS A LA MAQUINARIA

Con el nombramiento de gobernadores se ha producido un distanciamiento entre el gobierno y el sector liberal oficialista que puede ser contraproducente para Belisario Betancur.

En su segunda semana de gobierno, el presidente de la República pasó en cierta forma a segundo plano. El primero lo ocuparían el alcalde de Bogotá y los gobernadores. En un ambiente "belisarista" con muchos vivas y pancartas que dieron la impresión de una manifestación espontánea, se posesionó, el martes 17 de agosto, Augusto Ramírez Ocampo. El Presidente Betancur, en un gesto sin precedentes, para mostrar la preocupación del gobierno central por la capital, solicitó que la posesión tuviera lugar en presencia de todo el gabinete, así como de los altos mandos militares. Estuvieron también presentes los expresidentes Lleras y Pastrana, así como Alvaro Gómez Hurtado y Virgilio Barco. Ramírez pronunció un sobrio discurso evocando las palabras de BB el siete de agosto sobre "disciplina social, responsabilidad ciudadana y solidaridad". Dio la impresión de que las prioridades durante su gobierno serían la lucha contra la inseguridad y contra la corrupción administrativa. Observadores más sutiles registraron la terminología un poco evasiva con que se refirió al Metro de Bogotá. Su nómina de colaboradores resultó más "nacional" que bipartidista. Quedaron incluidos representantes de todos los grupos políticos, incluyendo el anapismo. Como Secretario de Gobierno fue nombrado el abogado lopista Germán Sarmiento.
SE QUEJAN
Si bien la aparición de representantes del país nacional en el gabinete distrital fue bien recibida, no sucedió lo mismo con el nombramiento de gobernadores. En términos generales, el Presidente aplicó en las gobernaciones el mismo criterio político que había aplicado en el nombramiento de ministros y gerentes de institutos descentralizados. A saber: paridad, en la medida de lo posible (12 conservadores, 11 liberales). Mayor representatividad política en el partido conservador que en el liberal. Mayor cuota al pastranismo que al alvarismo en el partido conservador. Donde se notaron variaciones, sin embargo, fue en el partido liberal en donde el oficialismo fue puesto en notoria minoría frente a otras tendencias: tres gobernadores turbo-lopistas, cuatro liberales galanistas, un liberal belisarista, un liberal independiente, un liberal llerista y otro barquista.
Además de las esperadas controversias, tres fueron objeto de agitadas polémicas, dos en público y una a nivel de los corrillos políticos. La primera fue una tempestad en un vaso de agua alrededor de un aparente "veto" del arzobispo de Manizales, monseñor José de Jesús Pimiento, a la nueva gobernadora Beatriz Londoño de Castaño (Ver páginas 24 y 25). El otro caso fue el del joven gobernador (27 años) de Nariño, Carlos Albornoz Guerrero, quien generó una manifestación en contra, organizada por los propios belisaristas que lo acusan de haber cometido irregularidades de tipo administrativo, tanto al frente de la alcaldía de Pasto como en la presidencia de la Asamblea de Nariño. Menos público, pero no menos controvertido fue el nombramiento de Humberto Rodríguez, liberal belisarista, como gobernador de Bolívar, por sus vinculaciones en negocios de construcción en el pasado con Betancur.
GRANDES RIESGOS
Más grave que estos tres casos es el hecho de que el descontento político del oficialismo liberal amenaza con rebasar los límites considerados aceptables en el pasado. El inmenso respaldo popular de que goza Betancur en la actualídad, lo está llevando, según algunos observadores políticos, a un exceso de confianza que comienza a tomar visos de desafío frente al país político, particularmente el liberal.
Muchos nombramientos contradicen toda lógica política. La representación del llerismo, el galanismo, el liberalismo belisarista y el liberalismo independiente en las gobernaciones excede en proporción de dos a uno la cuota oficialista, no obstante poseer los "legitimistas", mayorías considerables en casi todos los departamentos.
Por ejemplo en Sucre, donde la votación sumada de Dager y Guerra Tulena se aproximó a los 80 mil votos contra dos mil quinientos galanistas, fue nombrado un gobernador galanista. En Caquetá, donde el conjunto de la votación oficialista llegó a los 50 mil votos, mientras que los galanistas tuvieron tres mil, tambien acabó siendo galanista el gobernador. En el Tolima no le tembló la mano a BB para nombrar gobernador a Alfonso Reyes Echandía, el magistrado que prácticamente puso en la cárcel a Santofimio. Uno de los comentarios más suaves sobre la situación del oficialismo liberal se le oyó al vicepresidente de la cámara, Emilio Lébolo, quien afirmó: "El partido liberal apenas ahora se da cuenta de que perdió el poder".
Este distanciamiento entre el gobierno y la maquinaria liberal puede constituir un acto de imprudencia política por parte de Belisario Betancur. No tanto por obstáculos de mecánica política en las corporaciones públicas, como por el hecho de que el rechazo al clientelismo, que anima muchas de las decisiones del presidente, es un sentimiento circunscrito fundamentalmente a las grandes ciudades y casi ajeno a la provincia.
Imponer criterios urbanos en estas regiones, en donde es aceptado que la estructura del poder y la distribución de beneficios se canalizan a través de los jefes políticos, puede crear trastornos institucionales innecesarios.
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