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| 11/25/2006 12:00:00 AM

Adiós a Lenin

El Polo Democrático se está preparando para pelear por el poder en 2010. Los vientos y los escándalos del uribismo soplan a su favor. Y en su interior gana espacio la unidad y desaparecen los fantasmas de una izquierda radical.

Algo está pasando con el Polo Democrático Alternativo (PDA). No son tiempos de Marx, Lenin o Mao, hace años se les dijo adiós, adiós. No son tiempos de revoluciones lejanas que hablan en ruso o mandarín. Menos aun es tiempo para la anarquía, ni para el comunismo, y cada vez es más claro que los tiempos de la combinación de las formas de lucha se terminaron. Lo que se vive en Colombia con el fortalecimiento de la izquierda se parece más al tiempo de la democracia.

Que 555.000 personas de este país hayan convertido en plan de domingo ir hasta una mesa de votación, previa inscripción como militante, para escoger un delegado para el congreso interno de un partido político, no es un hecho del que se tengan muchos registros anteriores. Es cierto que el Partido Liberal, en sus elecciones internas de 2005, sumó 570.000 votos. Y también lo es que el Partido Conservador llegó al millón de votos en una consulta para definir si apoyaba o no al presidente Uribe. Pero las diferencias de estas internas con la más reciente del Polo, son muy claras.

La votación de los liberales refleja una tradición partidista, disciplinada en décadas. La conservadora corresponde a una coyuntura especial de cogobierno, y ese partido optó por una no muy clara votación abierta en la que cualquiera, conservador o no, podía votar.

Pero lo del Polo Democrático Alternativo el pasado 19 de noviembre es un fenómeno político que tiene como característica esencial el entusiasmo de participar en la actividad política, lo cual le cae bien a un país apático de los asuntos públicos. Los números hablan solos. En 2005, el entonces PDI, que aún no contaba con el apoyo de la izquierda más tradicional de Alternativa Democrática, recogió 50.000 votos para los delegados que fueron a elegir los candidatos a la Presidencia. En un año se multiplicó en un mil por ciento, pero no sólo en votos, sino en lo que es más llamativo: en afiliados. Nadie podía votar sin afiliarse al partido, obtener un registro de miembro o un carné. Esto demuestra que el votante, además de entusiasta, está dispuesto a seguir un protocolo de disciplina.
Que las elecciones se hayan realizado justo en medio del escándalo de la parapolítica no resulta un hecho aislado a la hora de analizar los resultados, y se convierte en otro síntoma de optimismo para los polistas. Imprimirle contenido y debate a la coyuntura es el mejor escenario para un partido en proceso de construcción, pues demuestra que tiene una postura ideológica clara que se percibe como exitosa. El Polo desde la oposición es el origen de muchas de las denuncias que hoy ocupan a la Corte en su proceso contra políticos. Esta situación lo fortalece en su propósito de ir por el poder en las elecciones de 2010. Objetivo nada descabellado si se mira de nuevo la respuesta que se refleja en los números, pero sobre todo, la fuerza que puede tomar la idea de que el país debe virar y ver la otra cara de la moneda en materias de paz, guerra y política social.

Lo que hoy pasa con el Polo es que poco a poco va siendo más fácil ser de izquierda en Colombia y pertenecer a un partido con esta tendencia política. Asunto que no es de poca monta y que rompe con esa tradición macartizada que no ha separado la izquierda de los grupos guerrilleros. La conformación del PDA es el avance que quizá muchos esperaban para poder estar en una colectividad política sobre la que no hubiera dudas de su distancia con las cada vez más rechazadas prácticas de la guerrilla. De hecho, hoy el esfuerzo de subrayar el carácter democrático de la izquierda se debe a ese temor. Eso hace que el Polo aspire más a parecerse a un partido como el socialista español, que a uno de corte leninista, como los viejos partidos de la izquierda en los 60. No es gratuito que para el PDA hoy sea el mayor símbolo de orgullo haber logrado integrar esos partidos de distintos orígenes que desaparecieron para volverse uno solo.

Todos los líderes políticos del Polo lo gritan en una sola voz. "No hubo ganador, todos ganamos". Eso que suena tan bien no parece posible, pero al ver con cuidado los resultados en Bogotá y en el nivel nacional, parece ser cierto.

En Bogotá hubo 95.000 votos. Ello demuestra que el Polo sigue teniendo en la capital una fuerza representativa. Mantener esta plaza será la pelea más dura que dará el Polo con las demás fuerzas políticas que tienen ya agotada la resignación de perder una vez tras otra el segundo cargo más importante del país. Y el Polo está en ello. Ya Samuel Moreno se perfila como el más serio candidato a la Alcaldía, a pesar de la falta de claridad sobre qué tanto lo apoyaría el alcalde Lucho Garzón, que coquetea con unos y otros de diferentes tendencias políticas mientras muestra poco compromiso con su partido. Aun así, Lucho se metió en las elecciones y sus listas ganaron en Bogotá, pero quedó claro que no está solo y que los pasos de los otros jefes políticos del Polo ya le huelen el cuello en la capital (ver recuadro)

El personaje más nacional del Polo, a excepción de Carlos Gaviria, es definitivamente Gustavo Petro. El senador que lleva sobre sí la fama de ser del ala radical de la izquierda ha capitalizado la seriedad de sus legislaturas y en una franca lid ganó el título del líder con mayor proyección. Para estas elecciones del Polo, Petro tuvo la estrategia de la diáspora. Se fue en busca de alianzas regionales y en conjunto con líderes de cada una, fue mayoría. Ganó en Valle, Antioquia, Norte de Santander, Huila, Tolima, Sucre y La Guajira (ver recuadro) En total puso 12 listas en juego que armó luego de realizar asambleas populares con sus bases.

Pero el triunfo de Petro no le alcanza para alejarse del lote. Todos las fuerzas dentro del Polo quedaron balanceadas. Es fácil observar cómo la llamada 'izquierda' dentro del Polo, es decir, el Partido Comunista y el Moir, quedan cada vez más ajustados a sus justas proporciones y crece la mayoría moderada que apunta a un socialismo moderno.

El Congreso que empieza el 30 de noviembre será un escenario de pujas y decisiones. Hasta ahora se intuye que Carlos Gaviria será reelegido como presidente y que Antonio Navarro, que se echó al hombro la organización de este evento y ha ganado muchos apoyos, será reemplazado para que él aspire a la Gobernación de Nariño. El reemplazo de Navarro puede estar en la cabeza de Germán Bula Escobar, que busca avales a pesar de que Lucho Garzón ya se lo negó.

Unión, una palabra que en política suena a propaganda rayada, se convierte en realidad para la izquierda democrática en Colombia, que parece haber entrado definitivamente en una fase ajustada a los nuevos tiempos.

Good Bye Lenin, bienvenido el Polo.
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