Sábado, 20 de septiembre de 2014

| 2013/07/20 01:00

Adiós al maestro Mario Laserna

Murió en Bogotá un humanista colombiano cuyo legado intelectual trascenderá las generaciones.

Mario Laserna trataba y se relacionaba igual con todas las personas, sin importar que fuera el presidente de la república, un millonario, un genio o un vaquero de su hacienda.

Las innumerables semblanzas publicadas a lo largo de esta semana de Mario Laserna Pinzón, fallecido el martes en Ibagué a sus 89 años, no alcanzan a poner en el papel la extraordinaria y prolífica vida de uno de los grandes intelectuales y educadores del último siglo en Colombia.  

Todos coinciden en que Laserna fue, ante todo, un intelectual particular, brillante, excéntrico e introvertido.  Nunca se encasilló en una rama del conocimiento o en una actividad. Fue matemático, físico, filósofo, humanista, escritor; profesor universitario, periodista, diplomático, político, y hasta ganadero y aficionado a la tauromaquia. Más allá de ser colombiano, era un hombre cosmopolita para el que el mundo fue su salón de clase, porque se educó y fue profesor en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y por supuesto Colombia. 

Hijo de dos prósperas y tradicionales familias colombianas, Laserna nació en París el 21 de agosto de 1923. Cuando era niño regresó con sus padres y hermanos a Bogotá, donde estudió en el Instituto de La Salle. Luego, en 1934, viajó a Nueva York donde continuó sus estudios en una escuela pública. Regresó finalmente a Bogotá donde se graduó en 1940 de bachiller en el Gimnasio Moderno. 

Allí conoció a su gran mentor, el filósofo conservador Nicolás Gómez Dávila, quien lo encaminó por esa rama del conocimiento. Sin embargo, decidió estudiar Derecho en la Universidad del Rosario, pero en contra de la voluntad de su familia abandonó la carrera para irse a Estados Unidos a estudiar Matemáticas en la Universidad de Columbia, una carrera inusual dentro de las preferidas por la elite colombiana. Allí obtuvo su grado en 1948.

A su regreso emprendió su mayor proyecto: fundar la  Universidad de los Andes. En ese entonces Colombia atravesaba la Violencia y Laserna consideraba que  para salir del caos y encaminarse a la modernidad y el progreso, el país necesitaba, entre muchas otras cosas,  una universidad regida por parámetros anglosajones e independiente del Estado y la Iglesia. 

Fue así como en noviembre de 1948, con el apoyo de Alberto Lleras, Nicolás Gómez Dávila, Alfonso López Michelsen  y otros amigos, en especial de su padre, fundó la Universidad de los Andes en una sede curiosa para un hombre tan racional: un antiguo manicomio de unas religiosas tomado en alquiler. Logró, como reconoce Carlos Angulo, exrector de ese clautro, no solo aplicar en Colombia las mejores experiencias universitarias de Estados Unidos  sino traer a importantes profesores europeos.

Con el propósito de darle un prestigio a la universidad, el joven intelectual logró algo casi imposible: convencer a John von Neumann, Thornton Wilder y Albert Einstein para integrar el consejo asesor internacional de Los Andes. Había conocido al autor de la Teoría de la Relatividad  cuando se encontraba estudiando en la Universidad de Princeton. Esa amistad lo marcó de por vida, tanto que tenía enmarcada y exhibida en su casa la correspondencia que sostuvo con el físico alemán.

Al tiempo que dedicaba sus esfuerzos para fortalecer la universidad, Laserna se interesó  aún más por la Filosofía. Viajó a tomar unos cursos en la Universidad de Heidelberg, para posteriormente obtener en 1963 el doctorado en Filosofía en la Universidad Libre de Berlín. En esos años Laserna descubrió el pensamiento de Kant, el que acogió y difundió hasta convertirse en uno de los filósofos kantianos más importantes del siglo XX.

En estos mismos años Laserna incursionó en el periodismo al ser nombrado director de  la revista SEMANA, fundada por Alberto Lleras. Cuando en 1956 Gustavo Rojas Pinilla clausuró El Espectador, Laserna, en un acto de rebeldía contra la dictadura fundó el efímero periódico El Mercurio.

Su vida como funcionario público comenzó a finales de la década de los cincuenta cuando Lleras lo nombró rector de la Universidad Nacional. En 1968 incursionó en la política al ser elegido concejal de Bogotá por el Partido Conservador y en la década siguiente ocuparía la misma dignidad en Ibagué. Ya a sus casi 70 años, Laserna sorprendió a la clase política colombiana al lograr en 1991 un escaño en el Senado por la Alianza Democrática M-19.

Por paradójico que pareciera, este amante de la música clásica y de la ópera fue un intelectual profundamente conservador. Pero no fue dogmático o como él mismo lo decía un conservador “con reumatismo inmovilista”. De hecho, a pesar de ser profundamente católico, defendió los principios de un Estado laico y de la autonomía y la libre conciencia y atacó el dogmatismo. 

 Para él, el conservatismo, lejos de ser una agrupación de reaccionarios, era un sistema de prácticas e ideas “no para oponerse a las revoluciones, sino para hacerlas innecesarias; no para oponerse al cambio, sino para dirigirlo e integrarlo dentro de la unidad y la identidad nacionales”. Creía que un buen conservador era aquel que renunciaba al dogmatismo y salía a conocer científicamente la realidad.

Quizás este pensamiento hizo posible que Laserna lograra consolidar la Universidad de los Andes, en los años en que el dogmatismo hacía imposible que liberales y conservadores trabajaran juntos. A pesar de ser el fundador, nunca fue rector en propiedad, tuvo cargos directivos ni recibió recursos o beneficios. 

Incluso hoy esta universidad, que tiene un patrimonio superior a 1 billón de pesos, factura 400.000 millones de pesos al año, tiene más de 17.000 estudiantes y es sin duda una de las más importantes del país, no pertenece a nadie: es de una fundación en la que la familia Laserna ni siquiera hace parte. De hecho, Mario solo se sentó en tres cortos periodos de la rectoría para resolver algunas crisis.

Si bien hoy se cree que Los Andes es una universidad elitista, la realidad es que fue creada para formar a quienes tuvieran una gran capacidad intelectual, sin importar su capacidad económica. Desde su fundación miles de estudiantes y profesores sin recursos han recibido ayudas financieras para estudiar allí, y por supuesto, en el exterior. Incluso en los últimos años más de 800 alumnos de estratos 1 y 2 han hecho parte del programa Quiero Estudiar y más de 600 profesores han estudiado en el exterior gracias a la universidad, pues todos los recursos que produce son reinvertidos en el alma máter.

Con la muerte de Laserna, muere no solo uno de los grandes transformadores de la educación superior en Colombia, sino uno de los pensadores conservadores más importantes del siglo XX, que junto con el filósofo Rafael Gutiérrez Girardot; los escritores Pedro Gómez Valderrama, Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel, los poetas Eduardo Cote Lamus y Fernando Charry Lara, entre otros, transformaron  profundamente la cultura colombiana a mediados del siglo XX.  

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