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| 9/16/2002 12:00:00 AM

Adiós, muchachos

Horacio Serpa se retira de la dirección del Partido Liberal y no sería raro encontrarlo muy pronto en la oposición.

Es una decision tomada". Así anunció el ex candidato presidencial Horacio Serpa su renuncia como director de la línea oficialista del liberalismo. En una reunión con senadores y representantes a la Cámara el pasado miércoles Serpa afirmó que con su salida buscaba producir un mayor entendimiento entre las distintas facciones del partido.

Desde el 26 de mayo pasado, día de la primera vuelta presidencial, Horacio Serpa había anunciado que se retiraría de la vida política. Sin embargo en estos meses estuvo cerca de la bancada oficialista del Congreso, tratando de darle cuerpo a la doctrina de "cooperación constructiva con independencia crítica" para manejar las relaciones con el gobierno uribista.

No obstante, este modelo fracasó sin siquiera despegar. Inicialmente el presidente Uribe le había manifestado que, dada su condición de jefe del Partido Liberal, sería el interlocutor natural entre el gobierno y esa colectividad. Pero la avalancha de reformas llegó y en la práctica los funcionarios del gobierno, especialmente el ministro del Interior, Fernando Londoño, comenzaron a tratar con los congresistas liberales oficialistas como Andrés González, Juan Fernando Cristo o José Renán Trujillo, de manera individual y no mediante el 'conducto regular' del jefe del partido. Allegados a Serpa aseguran que éste siente que no se le ha reconocido su jerarquía.

Además, Serpa nunca se ha sentido cómodo con el presidente Uribe y considera que el sentimiento es recíproco. El ex candidato presidencial ha manifestado cada vez más duras críticas a las decisiones del gobierno actual. En resumidas cuentas, está en la otra orilla ideológica del Presidente. Ni las medidas sobre la política de seguridad, ni la ortodoxia en el manejo fiscal ni el enfoque en la declaratoria de la conmoción interior le han gustado. Menos aún cuando la bancada oficialista ha estado llegando a acuerdos importantes con el ministro Londoño en temas tan espinosos como el proyecto de referendo. Por esto ha considerado que lo más coherente y elegante es hacerse a un lado.

Muchos interpretan su retiro de la jefatura del liberalismo no como su renuncia a la actividad política sino como un tránsito a la oposición. Sin las ataduras del partido, Serpa tendría más libertad de emitir sus duros desacuerdos con el gobierno que ahora que se ve obligado a mediar con los congresistas de su bancada.

Esta actitud expresada en sus últimas declaraciones hace pensar que su juramento de que nunca volverá a ser candidato fue más producto de una emoción posderrota electoral que de una decisión madurada. Una tercera candidatura presidencial puede sonar descabellada a estas alturas pero, al fin y al cabo, Belisario Betancur ganó en el cuarto intento. Claro está que una cosa es la intención y otra, muy diferente, la realidad de unas elecciones a las que les falta que pase mucha agua bajo el puente.
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