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| 10/17/2009 12:00:00 AM

Adiós a Sudáfrica

La eliminación de la Selección Colombia del Mundial de Fútbol de 2010 dejó claro que si no se hace un revolcón en la estructura de este deporte, la historia se repetirá.

Ni la tercera fue la vencida. Al igual que hace cuatro y ocho años, la selección de fútbol de mayores de Colombia quedó eliminada del Mundial. Ni siquiera el triunfo simbólico frente a Paraguay, el miércoles pasado en Asunción, sirvió para calmar el trago amargo que tuvo que tomarse de nuevo la hinchada, que tendrá que conformarse con ver el evento sin su equipo tricolor.

Tal y como ocurrió al final de las eliminatorias para Alemania 2006 y Corea y Japón 2002, la lluvia de críticas, análisis y disculpas inundó las páginas y los espacios deportivos para tratar de explicar lo ocurrido. Pero a pesar de todo lo que se dice, nada pasa y el país siempre termina haciendo lo que mejor sabe: olvidar su pasado para volver a cometer los mismos errores. Estas son las cinco razones por las que Colombia está condenada a no ir en el corto plazo a un Mundial.

Un problema de estructura: Si algo quedó claro es que la crisis del fútbol es de estructura. La Federación tiene como pilares los clubes profesionales y las ligas. Los primeros atraviesan graves problemas financieros y tienen un nivel técnico y deportivo pobrísimo. Atrás quedaron los años maravillosos en los que en las canchas nacionales se podía ver a los mejores jugadores del continente, dirigidos a la vez por entrenadores de la talla de Oswaldo Juan Zubeldía, Carlos Bilardo, Ricardo de León y Vladimir Popovic, entre otros; que forjaron una escuela que rindió frutos bajo las batutas de Francisco Maturana y Hernán Darío, el ‘Bolillo’ Gómez. Hoy ni técnicos ni jugadores tienen a quién emular, ni de quién aprender. A su vez las ligas no cumplen con su papel de difusión y fomento de este deporte.

La dirigencia: Después de perder el partido con Chile, un periodista le preguntó al presidente de la Federación, Luis Bedoya, si sobre la mesa estaban las renuncias de los miembros del comité ejecutivo. Pero éste dijo que esa era una decisión de la asamblea de la Federación, que reúne a 36 clubes profesionales y 34 ligas departamentales. No obstante, si algo está claro es que las decisiones sobre la Selección las toman los siete miembros de ese comité. El problema es que sus determinaciones están ligadas a los intereses particulares de los dueños de los equipos. Es necesario que la dirigencia de este deporte se escoja, como ocurre en España, entre todos los actores: Estado, equipos de fútbol, jugadores y técnicos.

No hay clubes profesionales: A la mayoría de clubes le falta transparencia. No se sabe de quién son ni cómo manejan los recursos. Son sociedades que incumplen con el pago de sus obligaciones de salarios, seguridad social, aportes parafiscales e impuestos. Su patrimonio son los derechos deportivos de sus jugadores y la posibilidad de transferirlos. Desde los años 80, cuando llegaron al fútbol capitales de dudosa procedencia, los funcionarios de turno anuncian con bombos y platillos que los organismos de control van a realizar exhaustivas investigaciones para detener este flagelo. Pero éstas siguen sin llegar.

Falta un director de orquesta: Se debe escoger un técnico independiente, y preferiblemente extranjero, que le devuelva la identidad al fútbol nacional, a través de un proyecto estratégico de largo plazo, que incluya todas las divisiones que componen la Selección. Este debe ser un técnico con bagaje, que haya disputado Mundiales y diferentes torneos internacionales, por eso, nombres como los que ya se oyen, Luiz Felipe Scolari y Carlos Alberto Parreira, están en el camino correcto.

Déjenlos jugar: Como bien lo dijo hace poco Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez: “al jugador colombiano no lo están dejando crecer”. Se refiere a la voracidad de los empresarios de fútbol por vender jugadores jóvenes que ni siquiera se han destacado en el torneo colombiano. En consecuencia, las ambiciones del futbolista colombiano de ahora son más económicas que deportivas. La Selección se ha convertido en una vitrina para que los clubes pongan jugadores con poca experiencia, con el único propósito de cotizarlos y venderlos al mejor postor en el exterior.
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