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| 2/7/2000 12:00:00 AM

Adiós a la tregua

Las Farc rechazaron la posibilidad de prorrogar la tregua. El proceso de paz arranca de nuevo sin cese del fuego, lo que lo hace muy vulnerable.

El lunes 10, a las 12 de la noche, y si no hay cambios en el anuncio inicial de las Farc, termina la tregua decretada por esa organización guerrillera el pasado 20 de diciembre. Muy probablemente el fin de la tregua se conocerá a través de los noticieros de televisión la noche del martes o el miércoles, al anunciar un nuevo ataque de las Farc a una población, con sus pipetas de gas y el respectivo asedio durante horas a un indefenso cuartel de policía al cual —con toda seguridad— no le llegarán a tiempo los refuerzos del caso. En ese momento muchos colombianos echarán de menos estos 20 días sin enfrentamientos entre las Fuerzas Militares y las Farc. El balance de la tregua es lánguido. Evidentemente no hubo ataques por parte de la guerrilla ni enfrentamientos importantes entre el Ejército y las Farc (se produjo uno relativamente menor en el Huila), pero lo cierto es que se trató más de la oficialización pública de algo que ocurre casi sin excepción en Navidad todos los años que de una señal clara de paz. No obstante lo anterior, resulta significativo el que la opinión haya sentido un alivio real durante esos días, independientemente de eventuales actividades delictivas de los grupos guerrilleros o de enfrentamientos de poca monta. Aprovechando la existencia de la tregua el presidente Pastrana se jugó la carta de solicitar una prórroga indefinida de ésta. “Iniciamos un nuevo milenio con una tregua en el conflicto armado. Que este tiempo sea un símbolo y una oportunidad de reflexión que abra la posibilidad de negociar ya no en medio de la guerra sino en medio de la paz”, expresó el Presidente. Sin embargo la guerra verbal alrededor de la tregua recordó los tiempos del gobierno de Belisario Betancur cuando guerrilla y Ejército se enfrentaban verbalmente, achacándose mutuamente responsabilidades sobre eventuales rompimientos del cese del fuego y cobrando los beneficios políticos del cumplimiento. “Todo el año pasado no escuchamos sino de ataques, secuestros y tomas guerrilleras, y faltando 10 días para acabar el año nos vienen con el cuento de la tregua”, dijo el comandante del Ejército, general Jorge Enrique Mora Rangel. Y agregó: “Pero lo cierto es que en los últimos días las Farc han seguido asesinando soldados y extorsionando a los colombianos”. Resulta imposible aventurar una teoría sobre una posible prórroga de la tregua de no haberse dado declaraciones de ese estilo. Muy probablemente no se habría dado en cualquier caso, pero las declaraciones del alto mando fueron señaladas por algunos como motivo por el cual las Farc la rechazaron. A la solicitud de prórroga respondieron las Farc con una nota de prensa en tono violento. “Olvida el Presidente, dijeron las Farc, que la tregua no se discutió, no fue acuerdo ni muchísimo menos una decisión bilateral”. Despues de la calma... La reanudación de las conversaciones de paz entre los negociadores de las Farc y el gobierno ocurrirá en medio de la guerra. Es indudable que el Presidente ha logrado llevar el proceso más allá de lo esperado por muchos analistas y que temas como el despeje y la propia negociación en medio de las balas no son hoy motivo de controversia permanente como hace un año. Pero la obsesión presidencial por buscar una negociación en medio de un cese del fuego y no bajo las balas refleja una preocupación realista. Pastrana sabe bien que la opinión pública es volátil y que su respaldo a las negociaciones de paz se ve erosionado cada vez que hay un ataque. A medida que avanza su gobierno y que el proceso se hace más complejo el diálogo con las Farc será más vulnerable. Pastrana sabe también que la continuación del conflicto —a pesar de la negociación— contribuye además a que los sectores más radicales, tanto de la guerrilla como del establecimiento, encuentren pretextos para minar a los menos radicales. Un proceso semejante supone retos enormes. Es evidente que en la medida en que los ataques de la guerrilla sean exitosos su fortaleza en la mesa de negociación aumentará. Pero también será más intensa la presión de los sectores más ‘duros’ del gobierno y la sociedad civil en contra del diálogo y la zona de despeje. A su vez, el éxito de los ataques del Ejército, la puesta en marcha del Batallón Antinarcóticos y la eventual llegada de la ayuda militar de Estados Unidos le darán mayor fortaleza negociadora al gobierno. Pero también contribuirán a que aumente la presión de la línea militarista de las Farc por romper los diálogos. Quizá si existiera un tercero a quién hacerle concesiones la prórroga de la tregua habría sido posible. Es por asuntos críticos como ese que los procesos de negociación de los conflictos cuentan con mediaciones internacionales. De existir un mediador o facilitador la solicitud del gobierno a las Farc y una consecuente presión internacional habrían podido llevar a las Farc a considerar una prórroga y a que una concesión de esa naturaleza se hiciera a un tercero. Es probable que esta semana sean intensos los combates entre las Farc y el Ejército. Todo para que, al sentarse a la mesa el 13 de enero, cada una de las partes pueda sentir que ha llegado al 2000 un poco más fortalecida.
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