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| 11/7/2015 12:00:00 AM

El matrimonio igualitario también será imparable

Luego de la decisión sobre la adopción para parejas del mismo sexo, es casi seguro que en poco tiempo los gais se podrán casar.

La frase de que la guerra se gana luchando en cada batalla ha tenido sobre todo sentido para la comunidad LGBTI en Colombia. Lo que alcanzaron la noche del miércoles en la Corte Constitucional es la culminación de un camino de muchos esfuerzos y lleno de obstáculos.  

Paradójicamente, las parejas gais lograron obtener por la vía judicial la posibilidad de adoptar niños antes de poder casarse, que ya es una realidad latente en muchos más países del mundo. Eso, que parecería extraño en cualquier otro lugar, demuestra los bemoles de un país que muchas veces resuelve su futuro a punta de tutelas en las altas cortes.

La decisión de la Corte Constitucional tomó por sorpresa a la opinión pública, pero la verdad es que el histórico fallo estaba cerca de hacerse realidad desde hace meses. Como se recordará, en marzo pasado la misma corte había otorgado el derecho a adoptar al hijo biológico de uno de los miembros de la pareja.

El alto tribunal analizó en esa oportunidad una demanda que argumentaba que la prohibición de adoptar impuesta a parejas del mismo sexo violaba el principio de igualdad consagrado en la Carta. En ese momento la votación quedó 4-4 y el tema tuvo que ser definido por un conjuez, el expresidente de la Corte Suprema José Roberto Herrera.

La demanda resuelta esta semana tenía otro argumento. Afirmaba que la imposibilidad de que parejas del mismo sexo adoptaran afectaba el interés de miles de niños que podrían así tener una familia.

En esa nueva discusión había un cambio de fondo, pero también de circunstancias. Por un lado, porque que no existe como tal un derecho a adoptar, ni siquiera para las parejas heterosexuales. Jurídicamente la adopción es una medida para proteger a los niños que busca garantizar su felicidad, no la de sus eventuales padres. Ahí, el argumento del interés superior del menor tenía más peso.

Por otro lado, la corte también cambió por dentro. Cuando votó la primera demanda, el organismo estaba claramente dividido en dos bloques. Cuatro magistrados votaron a favor: María Victoria Calle, Gloria Ortiz, Luis Ernesto Vargas y Jorge Iván Palacio. Y cuatro en contra: Luis Guillermo Guerrero, Gabriel Mendoza, Martha Sáchica y Jorge Pretelt.

La decisión de la semana pasada quedó 6-2 pues la corte no es la misma que hace unos meses. Martha Sáchica estaba en reemplazo del magistrado Alberto Rojas que había sido retirado de su cargo por el Consejo de Estado por cuenta de un asunto procesal de su elección. Rojas volvió a la corte y ya con él, que es liberal, se inclinaba la balanza en favor de la comunidad LGBTI. El sexto voto se logró porque Mauricio González, un magistrado de derecha que estaba impedido, terminó su periodo. Lo reemplazaba Myriam Ávila, una magistrada auxiliar que votó a favor de la ponencia. Así, la decisión estaba desde hace un par de semanas a prueba de derrotas.

La corte sustentó su fallo en cuatro argumentos. 1) Estudios científicos acreditan que los niños que viven con parejas del mismo sexo no se afectan en absoluto por esa circunstancia y que es inaceptable considerar la homosexualidad como “una patología”. 2) La orientación sexual de una persona, o su sexo, no son indicadores de falta de idoneidad moral, física o mental para adoptar. Por eso impedirle a un niño tener una familia con base en ese argumento es “una restricción inaceptable de sus derechos”. 3) En términos de la protección de los niños, “la ley debe entenderse como neutra al sexo de las parejas y a la orientación sexual de quienes las conforman”. 4) Limitar la posibilidad de un niño de tener una familia “afecta injustificada, irrazonable y desproporcionadamente su interés superior”.

Así, la Corte Constitucional puso a Colombia en un pequeño grupo de países, la mayoría del Primer Mundo, que permiten a las parejas del mismo sexo adoptar hijos sin ninguna restricción. Allí están Holanda, Suecia, España, Sudáfrica, Islandia, Finlandia, Noruega, Canadá, Dinamarca, Nueva Zelanda, Francia, México, Uruguay y Brasil. En Estados Unidos, a pesar de que la Corte Suprema tumbó la prohibición del matrimonio igualitario en julio pasado, todavía más de la mitad de los estados no permiten la adopción.

El gobierno, a través de sus ministros de Justicia y del Interior, aplaudió el fallo y Bienestar Familiar anunció que acatará inmediatamente el fallo. El alcalde Gustavo Petro aseguró que la discriminación a las personas “en sus derechos a ser feliz, a criar sus hijos y a tener una familia por razones exclusivamente sexuales era un atentado contra la igualdad”. El fiscal Eduardo Montealegre también celebró. La congresista Angélica Lozano trinó: “Todos los hijos adoptados son deseados. ¡Que viva el amor consciente!”.

Las críticas también fueron feroces. Sobre todo sorprendió Álvaro Uribe, quien lanzó un trino fuerte: “El mal ejemplo al niño puede crear como normal una tendencia anormal de promiscuidad”. Horas después el expresidente aclaró que “la promiscuidad puede surgir de ver que da lo mismo lo uno que lo otro, incluso de combinarlo, no es necesariamente homosexual o heterosexual” y le pidió a Bienestar Familiar asumir la “enorme responsabilidad de garantizar en cada decisión de adopción el buen ejemplo al niño”.

El procurador, Alejandro Ordóñez, quien defiende el modelo de familia tradicional, anunció que radicará una acción de nulidad contra el fallo. “Estamos ante un drama de carácter moral sin antecedentes, hoy todo vale contra la familia, hoy todo vale contra el matrimonio, hoy todo vale contra la vida”, dijo.

La Iglesia se sumó al coro de protestas. El sacerdote Luis Augusto Castro aseguró que a la corte “se le olvidó que los niños tienen derecho a tener un papá y una mamá”. La senadora Viviane Morales también cuestionó el fallo e insistió con su referendo para tumbarlo.

Esa controversia no necesariamente es negativa. Como dijo la propia corte “las dudas y temores acerca de si la sociedad está preparada para asumir esta decisión no se disipan negando una inocultable realidad sino enfrentando sus desafíos”.

Pocos colombianos podrían creer hoy que hasta 1988 ser homosexual era delito, ni que hasta hace diez años lo era abortar, aun cuando la vida de la madre estaba en riesgo. Hasta el siglo pasado en muchos países del mundo las mujeres no tenían derechos patrimoniales ni podían votar, las parejas no podían divorciarse ni tampoco casarse si no era por la Iglesia. Los negros no podían subir en el mismo bus con los blancos y los judíos eran aniquilados simplemente por su religión.

La comunidad LGBTI ha tenido que trasegar un camino similar. Solo hasta la Constitución de 1991 comenzaron a ganar gradualmente derechos. En 1993 por cuenta de una tutela pudieron cambiarse el nombre en una notaría. En 1998 se les reconoció por primera vez que la orientación sexual diferente no les impedía poder ser profesores. En 2001 ganaron la posibilidad de afiliar a sus parejas al sistema de seguridad social. En 2003 obtuvieron la posibilidad de tener visitas íntimas en las cárceles. Y solo este año pudieron cambiar de sexo sin necesidad de aceptar una enfermedad mental en un dictamen psiquiátrico.

La primera demanda sobre adopción fue interpuesta en 1995, pero solo desde 2011 las parejas del mismo sexo fueron consideradas ‘familia’. La corte le permitió a un homosexual adoptar por primera vez en 2012 y no a un colombiano, sino al periodista del diario The New York Times Chandler Burr, a quien el ICBF le reversó los trámites para adoptar dos niños por revelar su orientación sexual. Y en 2014 dos mujeres de Medellín que habían tenido sus hijos biológicos con inseminación artificial obtuvieron el derecho de ser legalmente mamás de sus hijos.

Todo parece indicar que solo le falta tiempo a la sentencia que permitiría el matrimonio de parejas del mismo sexo. Con la llegada de Alejandro Linares a la Corte Constitucional (ver artículo en la página 38) se da por descontado que esa causa tendrá un apoyo más. Así, este podría ser el año de la igualdad en Colombia.
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