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| 4/2/2017 11:25:00 PM

Así se levantó el primer albergue en Mocoa

La diócesis de Mocoa-Sibundoy advirtió sobre los abusos de personas que se presentan como afectados de la tragedia sin serlo. Solicitó ayuda de todos los habitantes para nutrir el albergue en el que se acogen a los damnificados de la tragedia.

Como a muchos habitantes de Mocoa, a Cristian Ruiz lo sorprendió la avalancha que en la noche del viernes arrasó con 17 barrios de la ciudad y se llevó gran parte del vecindario en el que habitaba, conocido como La Independencia.

Después de unos instantes de desconcierto, Cristian se acercó a la policía para saber dónde refugiarse junto con su niño de 2 años. Los agentes lo dirigieron hacia el albergue levantado por la diócesis Mocoa-Sibundoy, en las instalaciones del Instituto Tecnológico del Putumayo.

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Ubicado en lo alto de una loma, este se convirtió en un comedor comunitario y refugio para los damnificados del evento en el que además de los parroquianos, convergen la Cruz Roja y el Instituto de Bienestar Familiar, para proveer apoyo a personas como Cristian que lo perdieron todo cuando el alud de tierra y agua se llevó sus hogares.

"En un primer momento, nosotros tratamos de dar un paliativo a una necesidad urgente, con la creación de ollas comunitarias, de comida y de orientación para los desplazados", indicó el Ecónomo Ómar Parra, uno de los primeros religiosos en organizar a la comunidad después de la tragedia.

Sin embargo, asegura, varias personas que no pertenecen a los barrios afectados por la tragedia han buscado aprovecharse de la ayuda entregada. "Yo fui párroco de los tres barrios que sucumbieron ante la avalancha y he visto llegar a varias personas que si bien pueden ser gente desplazada, no son de esta catástrofe. Hay personas que se hacen pasar por damnificados y nos preocupa que haya gente que verdaderamente lo necesita y que no tenga acceso a la información", añadió.

Frente a la demora de la ayuda del Estado, ha tenido que crearse un camino a pulso a través de las carreteras y puentes afectados por el desastre, el albergue tuvo que ingeniárselas para trabajar con el apoyo proveniente de comunidades vecinas del Putumayo. Gracias a estas recolecciones, han podido levantar hasta ahora 5 ollas comunitarias destinadas a nutrir 700 personas y proveer algunos insumos primarios para los más necesitados.

Al interior de la ciudad, el miedo que impera entre los habitantes de que los ríos se vuelvan a desbordar ha generado olas de pánico, en ocasiones inducidas por personas que quieren aprovecharlo para saquear a las viviendas abandonadas, señaló el eclesiástico.

A pesar de la información entregada por el gobierno sobre la poca probabilidad de que se vuelva a repetir el fenómeno en las próximas horas, la amplitud del evento y la falta de comunicaciones en la zona dificulta el arribo de este mensaje a los vecinos de los barrios concernidos.

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Para Cristian Ruiz, quien ahora solo posee lo que trae puesto, las condiciones de hospedaje no han sido tan favorables como quisiera, ya que hacen falta colchonetas y alimentos, así como un apoyo del Estado que le permita levantarse después de la tragedia para poder volver a estudiar e iniciar una nueva vida con su familia. En tanto que Ómar Parra, por su parte, solicitó ayuda para la colecta de víveres, agua en botella, ropa, elementos de aseo, leche en polvo, complementos nutricionales para niños y carpas que está recibiendo el padre Fernando Gálvez en la catedral de Mocoa, en coordinación con la Presidencia de la República.

A través de comunicados públicos, la Presidencia, justamente, así como la Cruz Roja han reiterado sus advertencias sobre el hecho de que hasta el momento no se recibían donaciones en especies, pero que sí se podían hacer aportes económicos a través de la cuenta Davivienda, N° 021666888, para evitar que se produzcan malos usos o desvíos de los recursos entregados, como ocurrió en la tragedia de Armero, sin dejar de apoyar a los ciudadanos realmente necesitados.

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